Esta semana hubo eclipse total y la Luna se quedó en el lado de la sombra. Todos los seres vivos compiten en algún momento de su vida por bienes como el alimento o la pareja. Así, por ejemplo, el pollo más débil de la paloma es desplazado por el corpulento hermanastro, hijo del cuco… O el cochinillo que no encuentra su sitio, su teta para mamar… se debilita, languidece y muere.
Todos competimos y el macho de pavo real se adorna de exóticas plumas para asegurarse noviazgo y descendencia, que en el fondo es de lo que va la cosa. Son nuestros genes los que egoístamente mandan. Cualquiera de los profesores que escriben en Más que Ciencia podrían daros (os han dado ya) magistrales pistas de por dónde va la evolución.
Pero algunos seres, como las hormigas y las personas, también conocen el significado de cooperar. De ceder parte para tener un todo colectivo. De saber en cierto modo perder. Nosotros los humanos, tan avanzados tecnológicamente pero tan retrasados en lo intelectual y filosófico, aun debemos recurrir a mentes brillantes y míticas como la de Lao Tse para encontrar explicaciones.
Dice Lao Tse que si cedes vencerás, que solo el agua se infiltra entre la roca y que si amas la vida demasiado la perderás. O sea, que eso de no aceptar una derrota ni al parchís es erróneo, conduce a la fatiga y acaba por generar malos quereres. Por el contrario, siendo más suave en las formas y firme en los contenidos, aceptando derrotas parciales y dando algo a cambio también, no solo esperando recibir, se podrá llegar a una verdadera meta. Solo tiene que importar de verdad. Si es así se insiste, y se acaba consiguiendo el objetivo.
La salud de la Humanidad podría mejorar de un modo tangible, directo, definitivo, si las nuevas generaciones twitterizadas asumieran que la competición no es la vía. El camino es la cooperación. Cedes y recibes. Esperas y vences. Esa es la clave de una felicidad personal (que redunda en la salud) y de una felicidad social (que permite la vida). Si me preguntaran por mi personal interpretación del movimiento 15-M, yo diría que, en síntesis, los miles de jóvenes acampados en Sol pedían un cambio de paradigma: desde la competición a la cooperación. Una utopía necesaria.
Un modelo social basado en la cooperación no permitiría la sobremortalidad de los homeless o, simplemente, el paro. No permitiría que enfermedades prevenibles con vacunas que cuestan menos de un euro matasen a miles de niños.
Esta semana hubo eclipse lunar, solo le llegó la luz cinérea, esa luz mortecina que procede de la propia Tierra e ilumina el rostro lunar, con desgana y desacierto, dejándole color de galleta María. Sin duda volverá el Sol a las rocas y los riscos de una especie de planeta solitario que, sin querer, se quedó atrapado en una órbita baja, describiendo círculos perfectos. Solo hay que esperar.
Juan Martínez





