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El eclipse

Foto de Carmen Romero

Esta semana hubo eclipse total y la Luna se quedó en el lado de la sombra. Todos los seres vivos compiten en algún momento de su vida por bienes como el alimento o la pareja. Así, por ejemplo, el pollo más débil de la paloma es desplazado por el corpulento hermanastro, hijo del cuco… O el cochinillo que no encuentra su sitio, su teta para mamar… se debilita, languidece y muere.

Todos competimos y el macho de pavo real se adorna de exóticas plumas para asegurarse noviazgo y descendencia, que en el fondo es de lo que va la cosa. Son nuestros genes los que egoístamente mandan. Cualquiera de los profesores que escriben en Más que Ciencia podrían daros (os han dado ya) magistrales pistas de por dónde va la evolución.

Pero algunos seres, como las hormigas y las personas, también conocen el significado de cooperar. De ceder parte para tener un todo colectivo. De saber en cierto modo perder. Nosotros los humanos, tan avanzados tecnológicamente pero tan retrasados en lo intelectual y filosófico, aun debemos recurrir a mentes brillantes y míticas como la de Lao Tse para encontrar explicaciones.

 

Dice Lao Tse que si cedes vencerás, que solo el agua se infiltra entre la roca y que si amas la vida demasiado la perderás. O sea, que eso de no aceptar una derrota ni al parchís es erróneo, conduce a la fatiga y acaba por generar malos quereres. Por el contrario, siendo más suave en las formas y firme en los contenidos, aceptando derrotas parciales y dando algo a cambio también, no solo esperando recibir, se podrá llegar a una verdadera meta. Solo tiene que importar de verdad. Si es así se insiste, y se acaba consiguiendo el objetivo.

La salud de la Humanidad podría mejorar de un modo tangible, directo, definitivo, si las nuevas generaciones twitterizadas asumieran que la competición no es la vía. El camino es la cooperación. Cedes y recibes. Esperas y vences. Esa es la clave de una felicidad personal (que redunda en la salud) y de una felicidad social (que permite la vida). Si me preguntaran por mi personal interpretación del movimiento 15-M, yo diría que, en síntesis, los miles de jóvenes acampados en Sol pedían un cambio de paradigma: desde la competición a la cooperación. Una utopía necesaria.

Un modelo social basado en la cooperación no permitiría la sobremortalidad de los homeless o, simplemente, el paro. No permitiría que enfermedades prevenibles con vacunas que cuestan menos de un euro matasen a miles de niños.

Esta semana hubo eclipse lunar, solo le llegó la luz cinérea, esa luz mortecina que procede de la propia Tierra e ilumina el rostro lunar, con desgana y desacierto, dejándole color de galleta María. Sin duda volverá el Sol a las rocas y los riscos de una especie de planeta solitario que, sin querer, se quedó atrapado en una órbita baja, describiendo círculos perfectos. Solo hay que esperar.

Juan Martínez

La estatua viviente del faro de Maspalomas estornuda y su tiesa compostura deviene en cómico artefacto. Un viento oceánico termina por descomponer al artista urbano, aunque a los pocos segundos no queda ni rastro del incidente.

Minutos antes, un paquistaní, tras un doloroso regateo para sus expectativas, pronuncia:

“¿Es usted médico?”

El médico, haciéndose el sueco en la tierra prometida de los alemanes, dice: “¿Por qué lo sabe?”

“Porque han venido muchos médicos del congreso de aquí al lado…. Los médicos deben ganar mucho”…

“No en España”.

“Pues la vacuna de la alergia me ha costado ponerla 260 euros”…  Ver artículo completo »

La lucha contra las enfermedades infecciosas comenzó probablemente en la antigua Grecia, y posteriormente en Roma, civilizaciones que mantuvieron siempre preocupación por el aporte de agua potable, la canalización y eliminación de aguas residuales y la oferta de baños públicos para los ciudadanos. Es decir, desde hace 2.500 años, la higiene es el principal aliado en esta lucha.

Aun hoy, la insuficiente extensión de la higiene y el saneamiento ambiental es la causa subyacente a la violenta epidemia de cólera de Haití, por poner un ejemplo.

En segundo lugar está la nutrición, necesaria para elevar las defensas del individuo contra los agentes infecciosos. Son innumerables las infecciones que sufrimos en la vida y una adecuada nutrición conlleva siempre un mejor pronóstico.

Por último están los antibióticos y las vacunas. De los primeros hay que decir que se inspiran en el principio clásico contraria contraris curantur (lo contrario cura a lo contrario), por lo tanto, pretenden eliminar o inhibir a los virus y bacterias u hongos causantes de la enfermedad infecciosa. Aunque han salvado cientos de miles de vidas, no han conseguido erradicar ninguna enfermedad.

Por el contrario, las vacunas, inspiradas en el principio similia similibus curantur (lo semejante cura a lo semejante), simulan una enfermedad inaparente en nuestro organismo, estimulando a la inmunidad humoral (generando anticuerpos producidos por los linfocitos B), a la inmunidad celular (produciendo citoquinas a partir de los linfocitos T) o a ambas, proporcionando a veces memoria inmunológica.

Las vacunas, efectivamente, han conseguido erradicar una enfermedad (la viruela) y podrían hacerlo con otras como la poliomielitis o el sarampión.  Ver artículo completo »