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Sarampión

La OMS acaba de indicar en una nota que el problema del sarampión repunta y se extiende por todo el planeta, incluyendo países de Europa y Latinoamérica en los que el problema parecía controlado.

En general, los problemas son más graves cuanto más tiempo tardamos en comprenderlos y todavía más si nos esforzamos por ignorarlos, como es bien notorio en otros ámbitos. Dejamos que la cosa corra a su aire y la bola de nieve crece y crece sin control… Ver artículo completo »

La vida está llena de encuentros y despedidas. En general, las personas recordamos selectivamente los buenos encuentros y somos incapaces de olvidar las despedidas indeseadas. Esto último es solo por el deseo consciente o inconsciente de que se cierre de nuevo el bucle y se repita el añorado encuentro.

En salud pública, las cosas son diametralmente opuestas. Recordamos con orgullo la desaparición de una enfermedad y su reemergencia es un desastre, hasta el punto de que practicamos toda clase de intentos de eludir enfrentar el problema con determinación, inventando incluso neologismos para no decir su verdadero nombre… Tal es el temor que despiertan.

En la crisis sanitaria por E. coli en Alemania, sus autoridades se empeñaban en no pronunciar la palabra epidemia y se inventaron un nombre como “aumento de incidencia” y cosas así, ante la mayor epidemia de disentería por E. coli de la que haya noticia.  Ver artículo completo »

En 1998, un supuesto científico llamado Andrew Wakefield publicó un artículo en The Lancet, en el cual se aportaban evidencias a favor de la asociación entre la vacunación contra el sarampión y la aparición de autismo. El único problema al respecto es que mintió.

Wakefield ocultó la verdadera procedencia de los casos de autismo en un claro intento de dirigir los resultados de la investigación hacia una convicción personal. Convicción personal convenientemente abonada con fondos procedentes de las asociaciones de padres de niños autistas.

The Lancet suprimió el artículo de sus ediciones on line y exigió a todos y cada uno de los coautores una retractación escrita, así como una rueda de prensa al propio autor principal en la que explicase cómo mintió y por qué sus resultados no podían ser tenidos en cuenta. El British Medical Journal ha detallado los pormenores recientemente.  Ver artículo completo »