Tag Archive: sexo


eve

En cuestiones de sexo, y nos referimos a su aparición y diferenciación de las especies en géneros y no a su práctica, siempre surge el dilema de ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Es decir, nos preguntamos qué apareció antes, si los genes femeninos o bien los masculinos. Porque por mucho que monte tanto, alguno tuvo que aparecer primero, ¿no?

Hasta ahora, las investigaciones científicas aseguraban que, a pesar de la frase bíblica “y Dios creó al hombre”, los primeros genes que aparecieron fueron los de Eva. Así lo databan los estudios, donde se afirmaba que los genes que hicieron posible la evolución de los humanos partieron de ellas y no de ellos y ni más ni menos que 84.000 años antes, según lo atestiguaba el ADN mitocondrial.

Ahora, en cambio, esa teoría ha sido rebatida y los científicos de la Universidad de Stanford (EE UU) concluyen que los sexos modernos aparecieron prácticamente al mismo tiempo, hace unos 143.000 millones de años.  Sigue leyendo

male and female

Cuando hablamos de sexo y de sexualidad, no hay que tratar de confundir las cosas. Una cosa es la sexualidad y otra bien distinta es la parte reproductiva del asunto.

La sexualidad es algo que está muy bien, es muy agradable pero solamente es posible en determinados organismos, como los seres humanos. Sin embargo, el sexo desde la perspectiva reproductiva es algo necesario desde el punto de vista biológico. En este orden de cosas, todos sabemos que es necesario que existan claramente diferenciados dos géneros: el macho y la hembra.

¿Por qué es necesario tener dos sexos? ¿Por qué es necesario establecer diferencias entre individuos dentro de la misma especie?  Sigue leyendo

donde habita el amor

Como el título de una película sentimental y dejándome llevar en estos cálidos días de asueto por cierto romanticismo, me sorprendo con un nuevo hallazgo que por fin revela que las lecturas folletinescas que enardecieron mi adolescencia tienen base científica. Una investigación internacional ha localizado ahora, nada más y nada menos, el lugar exacto donde nace el amor.

Los análisis del cerebro ya habían demostrado que las emociones humanas tienen su germen en el sistema límbico, cuya estructura comprende, entre otras, el hipocampo y la amígdala. Esta zona gobierna el funcionamiento de las emociones, los estados anímicos, las sensaciones y adicciones. Sin embargo, poco se conocía, debido a su complejidad, de una de las emociones humanas más valiosas, el enamoramiento. Sigue leyendo

Gallos sin pene

gallo

Ya saben que cuando se junta un grupo de machos, el sexo se convierte en una de las conversaciones preferidas… Y dentro del abanico de campos a abordar, el tamaño de los genitales resulta uno de los asuntos que cobra enteros. Así que, con el ánimo y la intención de aportar nuevos elementos para el debate y argumentos para la conversación —que por nosotros no quede—, allá va un sugerente tema: algunas aves han perdido su pene y se reproducen por fecundación interna. Ya ven, caprichos de la evolución, que de cuando en cuando nos sorprende con cada cosa…

Y la cosa tiene su miga. Pero comencemos por lo que ocurre. Durante el crecimiento del embrión, los pollos parece que van a culminar su desarrollo luciendo un espléndido pene —se comienza a desarrollar— pero en un determinado momento este crecimiento se detiene y se activa un proceso de muerte celular que concluye con su atrofiamiento. El órgano sexual comienza a detraerse hasta su desaparición total. Hecho que sucede antes de que el pollo rompa el huevo y salga del cascarón. ¿Y quién activa ese interruptor? Pues un, malvado gen, el Bmp4, que actúa a modo de castrador natural. Sigue leyendo

elegir pareja

Que cuando se sale a ligar eligen ellas es algo que a estas alturas de la película no ofrece discusión. Lo que sí forma parte del debate —en la comunidad científica por lo menos— es si la elección de pareja depende de aspectos genéticos; vamos, si lo llevamos escrito antes de nacer o si se trata de un factor epigenético: todos los factores no genéticos que intervienen en el desarrollo de un organismo; es decir, que es fruto de las interacciones de nuestros genes y el ambiente por lo que surge el asunto en cuestión.

Y la cuestión no es baladí, porque lo estrictamente genético es heredable, mientras que lo demás no necesariamente. De hecho, este tipo de debates resultan útiles porque echa por tierra ideas o corrientes de pensamiento cerrados. Los defensores a ultranza de la genética se muestran reacios a admitir que a lo largo de nuestra vida —como organismos— se producen pequeñas modificaciones en su química que son capaces de alterar o regular de determinado modo los genes.

Pues parece que en cuestiones de pareja, la elección de compañer@ depende lo segundo; de factores epigenéticos. Así se ha probado en un estudio que ha utilizado como colaboradores necesarios a unos ratoncillos de campo. Para no perdernos en demasiados vericuetos químicos, lo resumiremos en que la conclusión es que estos roedores, monógamos por cierto, desarrollan un vínculo con su compañera después de varios episodios de apareamiento y que sus preferencias se decantan tras producirse cambios en la estructura de sus genes.  Sigue leyendo

sorpresa 

Los biólogos saben desde hace años que las pautas de reproducción de los animales se guían por un principio: las hembras seleccionan a los mejores especímenes machos para que la línea de sucesión no se vea afectada negativamente. Una selección natural que pasa por multitud de pistas: el más fuerte, el más capaz, el mejor dotado…

Sí, lo han leído perfectamente, el mejor dotado. Y esa norma animal es universal, o sea que vale para todas las especies, incluida la humana. Y es que una cosa es que con cualquier tamaño uno sea capaz de procrear y otra, y muy diferente, es cuál es el tamaño que ellas prefieren… Y lo prefieren grande.

Y no se trata de una afirmación de macho fanfarrón que se invente una teoría para poder presumir en una reunión con amigos, es el resultado de un sesudo estudio científico que afirma que las mujeres heterosexuales se sienten más atraídas (sexualmente) por hombres con penes grandes.  Sigue leyendo

space sex 

El futuro de la humanidad, si atendemos a las corrientes en boga o a la ciencia ficción, se dibuja en gravedad cero. Bien sea bajo el agua o por encima de la Tierra, ingenieros, científicos y demás estudiosos diseñan megápolis o construcciones para que los humanos vivamos en las profundidades del océano o en las inmensidades del cosmos.

Más o menos, tenemos controlados los efectos que puede provocar en el organismo esa ausencia de gravedad. Y saber qué ocurre no necesariamente significa tener una solución para el problema. Ahora bien, para cumplir esa vieja —y divertida— máxima de creced y multiplicaos, poco o nada se ha avanzado en saber cómo afecta al comportamiento sexual esa falta de gravedad. Hasta ahora, cosmonautas o buceadores cobayas salieron a ese ignoto mundo provistos de cantidad de controles sobre sus constantes vitales, pero ninguno se sometió a pruebas para comprobar esa variable. Sigue leyendo

dolor de cabeza 

De los males comunes que nos aquejan, sin duda los dolores de cabeza o migrañas son de los más molestos o inhabilitantes. Mucho se ha investigado sobre sus causas y más allá de remedios puntuales para paliar sus efectos, la ciencia —o la medicina, si lo prefieren— ha logrado desarrollar pocos tratamientos para evitar que se reproduzcan.

Aquellos que los padecen deben de conformarse con acudir al uso de analgésicos, más o menos potentes en función del dolor, y ralentizar sus actividades hasta que nuestro riego cerebral vuelva a la normalidad. Los últimos estudios apuntan que, para determinado tipo de migrañas, los analgésicos naturales —es decir, los que produce nuestro propio organismo— son un buen remedio. Estos neurotransmisores no son otros que las endorfinas. Y nada tan liberador de endorfinas como practicar sexo. Sigue leyendo

El miembro viril

 pene

Aunque la Ciencia determinó que pocos centímetros son suficientes para cumplir con nuestro papel reproductor de macho (la virginidad, el principal obstáculo, está situada en la entrada de la vagina y los espermatozoides cuentan con la suficiente movilidad para realizar sin problemas su camino buscando el óvulo), si algo obsesiona al elemento masculino de los seres humanos es el tamaño de su miembro viril. Y, aunque “en rigor no es mejor por ser mayor o menor…” resultaría fatigoso relatar la cantidad de páginas que contienen anuncios sobre milagrosos alargamientos utilizando determinados adminículos o pontigues.

Y que quede muy claro, el tejido cavernoso que forma esta parte de la anatomía masculina solo crece cuando la estimulación lo inunda de sangre, y que su tamaño está determinado genéticamente. Vamos, que solo aumenta de tamaño de manera natural y que no se puede estirar cual goma de mascar a voluntad de los susodichos. Crece de este modo —pasa de la posición de descanso a la de calado de bayoneta— y son apenas dos o tres centímetros los que se puede hacer crecer en un quirófano mediante una técnica que consiste literalmente en sacar a la luz esta porción que queda oculta tras los tejidos del pubis. Sigue leyendo

sexo por placer

El ser humano se encuentra ubicado, dentro de la escala evolutiva, en el peldaño más alto. Eso nos da una posición de observatorio hasta cierto punto privilegiada, pero por otra parte prepotente. En este sentido, se ha venido pensando en muchos casos que en el mundo animal el concepto de “sexo” se relaciona exclusivamente con la necesidad de perpetuar la especie.

Evidentemente, el ser humano como especie animal no se diferencia del resto de los animales en el tema del sexo y la reproducción, pero tenemos un valor añadido, que es la capacidad de disfrutar del sexo por el mero placer de disfrutar, sin la necesidad de garantizar nuestra descendencia.

Son cada vez mayores las evidencias etológicas que sugieren que los mamíferos superiores podrían tener también deseos de tener sexo por puro placer. En este sentido, es bien conocido que algunos monos se masturban o pueden llegar a usar objetos como elementos para su excitación sexual. En estos casos, queda plenamente claro que el objetivo no es la procreación sino, probablemente, su satisfacción personal. Redundando en este tema de sexo no reproductivo, solo me gustaría comentar que se han reportado unas 1.500 especies con comportamiento homosexual, de las cuales en 500 está demostrada la homosexualidadSigue leyendo

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