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Dice el dicho popular que en el amor y en la guerra todo vale y para muestra el curioso romanticismo femenino que esgrime una especie de hembra de mono capuchino: lanzamiento de pedruscos, al mono entre los monos, al objeto de su deseo.

Los capuchinos son unos primates de pequeño tamaño, miden unos 60 cm. y pesan algo más de 3 kilos. Portan un pelaje denso y oscuro en la cabeza, cual capucha, que les otorga el nombre (Cebus capuchinos). Habitantes de Sudamérica, son distinguidos desde hace años en el entorno científico por ser los primeros primates no homínidos que utilizan herramientas. Chimpancés y gorilas, próximos al hombre en la cadena evolutiva, poseen esta  habilidad instrumentista, pero los monos-clavo son parientes lejanos de un tronco que se bifurcó hace más de 30 millones de años. Sigue leyendo

Si hay un órgano del cuerpo humano que ha sido glosado con profusión en poemas y letras de canciones de amor sin duda es el ojo. Parece que ante la mirada de unos ojos grandes y almendrados –ya sean negros, azules o verdes— no podemos resistirnos. Pero también reflejan inocencia, picardía o malicia. Sea como fuere, actúan como un auténtico imán para nuestros sentimientos.

Los test psicológicos reflejan que los ojos grandes, de formas redondeados y coronados con unas grandes pupilas denotan ideas de emoción o excitación sexual, es decir, son portadores de un mayor atractivo (algo que por cierto ha sido explotado hasta la saciedad por los creativos publicitarios. Una mirada que exprese calidez o emoción se traslada al producto que hay que vender).

Y si esa mirada es acompañada por una sonrisa… a derretirse. Porque no hay nada que desarme más que una sonrisa. ¿Patrones culturales adquiridos por los humanos o respuestas biológicas comunes a todas las especies? Sigue leyendo

En la Historia es posible identificar un número importante de conquistadores y conquistadoras que han demostrado que la seducción no es algo que tenga unos fines meramente personales. Una buena seducción puede ser incluso cuestión de Estado, tal y como demostraron Cleopatra y Marco Antonio o Zenobia y Aureliano.

Si pensamos en ello como algo íntimo, probablemente los que hayan llevado este concepto a su máxima expresión hayan sido Casanova o el novelesco Don Juan, quienes han aportado numerosas estrategias sobre cómo hacerse con los favores de numerosas mujeres.

Aunque desde siempre se haya tratado de hacer un manual de cómo conquistar —lo intentaron Ovidio y, más recientemente, Kierkegaard o Erich Fromm—, no parece que exista una fórmula mágica que permita garantizar el éxito en este asunto. Esta carencia obliga a algunos, que quieren hacer de ella un leif motiv, a dedicarse a la búsqueda de atajos: una copita más, un afrodisiaco (si es que valen para algo), esa musiquita suave…  Sigue leyendo

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