La mitología postindustrial ha relegado a los japoneses como los grandes imitadores del planeta. Un pueblo al que le negamos la capacidad inventiva, pero por el contrario les aplicamos una gran capacidad para perfeccionar y adaptar lo que otros inventan. Como cliché no está mal, aunque dista mucho de la realidad.
Pero no se trata ahora de hacer una disquisición sobre la capacidad de los japos para crear. Más bien al contrario, se trata de llamar la atención sobre que muchas de las soluciones tecnológicas que pretendemos descubrir llevan millones de años funcionando de manera natural y sencilla en la naturaleza. En un mundo que estamos llenando de basura (los humanos, porque el resto de los animales está lleno de grandes recicladores) la solución pasa por la biotecnología: respuestas sencillas y naturales que determinados organismos vivos —sean vegetales o animales— aplican como mecanismos de adaptación a sus respectivos hábitats. Sin ir más lejos, la cinta velcro forma parte de esas respuestas que ofrecen determinado tipo de plantas. Ver artículo completo »












