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taza

¿Seguro que usted no es de los que come por los ojos? No hace mucho, seguro que ha tenido la ocasión de comprobar cómo las mesas se han engalando y, si lo piensa, es posible que caiga en la cuenta que las viandas adornadas… como que saben mejor.

Más allá de que el maridaje —palabra muy común entre los gourmets— entre los aromas y sabores del vino y los alimentos, unas combinaciones que potencian el sabor de los mismos y que estimulan nuestro paladar, también es conocido que la forma, volumen o color donde se sirven también contribuye a potenciar esos efectos.

Y aunque no existe una regla fija tras la que se pueda afirmar que un sabor o aroma se realza con un color en particular, ya que va a depender mucho del alimento del que se trate, la última prueba realizada en un laboratorio apunta a que el chocolate caliente, si lo tomamos en una taza de color naranja o de color crema, nos sabrá mejor.  Ver artículo completo »

dulce

¡¡¡A quien no le guste el dulce que levante la mano!!! A mí me encanta y la verdad es que últimamente, con eso de las operaciones bikinis, las Navidades y demás, mucha gente ha dejado por completo de tomar azúcar del de toda la vida (sacarosa) para tomar unos sustitutivos, que en principio son menos calóricos que el endulzante tradicional.

El otro día, una amiga me preguntó cuál era la diferencia entre la sacarina y el aspartamo, porque había visto en el hipermercado en la parte de edulcorantes los dos botes y no se decidía por ninguno.

En realidad, existe una gran variedad de sustitutivos del azúcar: la sacarina, el aspartamo y algunos otros no tan conocidos ni comerciales, como el neotame. Ver artículo completo »

¿Le damos otra vuelta de tuerca al asunto de los sentidos y en particular al olfato?  Seguro que en algún momento de su vida, su madre o padre le tapó la nariz con los dedos para que tomara un jarabe. El objetivo era que abriéramos la boca y meternos la cuchara con el brebaje horroroso. Sin embargo, recuerde, con la nariz tapada el jarabe no sabía tan mal.

Parece que esto nos está indicando que entre el sentido del gusto y el del olfato hay mucho diálogo. Formalmente hablando, el sentido del gusto solamente puede detectar cuatro sabores: dulce, salado, amargo, agrio y el sabor a glutamato, que se llama umami. Por mucho que le demos vueltas y combinemos las acciones de nuestras papilas frente a un alimento, la riqueza de lo que percibimos no sería ni la mitad de lo que es sin nuestro olfato. Eso lo saben bien los grandes chefs. Una demostración de lo que digo consiste en recordar lo insípida y desabrida que está la comida cuando tenemos un catarro.

Y si no, recuerdan, hagan este sencillo experimento: prueben a tomar un caramelo tapándose la nariz. Con suerte percibiremos el dulzor, pero poco más. Solo cuando destapamos la nariz percibiremos si es de fresa, limón o menta. Entonces, ¿para apreciar el sabor de las cosas necesitamos además del gusto el olfato? La respuesta es sí.  Ver artículo completo »

“Estos tomates no saben como los de antes”. Seguro que esta frase, aplicada a cualquier otro producto alimenticio, le resulta común. Un inicio de conversación, además, al que suele suceder otro tipo de comentario achacando al uso de pesticidas, los piensos compuestos en el caso de los productos animales y, más recientemente, a la modificación genética o uso de transgénicos esa falta de sabor.

Y siempre hay alguien que sentencia para rematar que en aras de aumentar la productividad o el márketing —que luzcan más bonitos en el supermercado— se han sacrificado los sabores de los productos.

En algunos casos razón no les falta, pero también se olvidan otro tipo de observaciones como, por ejemplo, que gracias a la producción de pollos en cadena los humanos accedieron al consumo de proteínas baratas, tan necesarias para nuestro organismo, aunque para ello se haya sacrificado el sabor del pollo. A lo largo de siglos la única fuente de proteínas, por no decir grasas, de los humanos procedían del consumo de carne de cerdo. Lo de la ternera, el cordero o el pollo estaba reservado solo para los bolsillos más pudientes.  Ver artículo completo »

Cuando nos vamos de vacaciones, una de las cosas que preguntamos al llegar a nuestro destino es si se puede beber el agua del grifo. En el extranjero, casi siempre la respuesta es no y la mayoría de las veces, aunque no lo sea, por precaución solemos beber agua mineral.

Cuando nos encontramos en España, la cosa cambia porque, al menos, el agua que sale por los grifos de las casas se puede beber. Sin embargo, hay zonas en las que a la gente no le gusta el sabor de la que sale de sus grifos y prefiere beber agua mineral.

Si lo pensamos un poco, esto no tiene mucho sentido en cuanto nos acordamos de lo que nos decían en el colegio sobre las propiedades del agua, que se supone es inodora, incolora e insípida.  Ver artículo completo »

A Fernando Hiraldo

El vino es un complemento indispensable en las comidas festivas (y en las diarias), en las reuniones de negocios, en las celebraciones… Incluso ha sido moneda de cambio durante generaciones. El mundo del vino es inmenso: hay innumerables cursos y estudios, e incluso ramas de la ingeniería, la química y la biología dedicadas a su estudio y mejora. ¡Millones de personas dedicadas a que disfrutemos con la extraordinaria variedad de sabores y olores que hacen tan memorables algunas cenas!

Pero ¿hay alguna razón por la cual unos disfrutan del vino más que otros? ¿Estamos genéticamente predispuestos a que nos guste el vino? ¿Hay incluso algo en nuestra biología que nos predetermine a ser de vino tinto o de vino blanco, de Rioja, de Ribera del Duero o Albariño?

Hay evidencias arqueológicas de que la vid (Vitis vinifera) es una de las primeras plantas que cultivó el hombre (probablemente desde hace más de 6.000 años y con el fin de elaborar vino). Y entró en un complejo proceso de co-evolución donde los humanos solo cultivaban las variedades que más les gustaban.  Ver artículo completo »

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En estas fiestas en las que se sucede una comida tras otra, no paramos de preguntarnos cómo puede cabernos tanto alimento en el estómago. Mientras disfrutamos de un abanico de sabores y texturas, algunos frikis nos preguntamos cómo se crean estas texturas o de dónde salen estos sabores que tanto nos gustan.

Es sorprendente cómo hay algunos agentes químicos que pueden servir para hacer los platos de cocina más novedosos o congelar una fuga de agua en una estructura de un puente para que se pueda reparar.

Un ejemplo de estas maravillosas sustancias es el nitrógeno líquido. Y en primer lugar tenemos que preguntarnos algunas cosas como, ¿hay otro tipo de nitrógeno que no sea líquido? La respuesta es sí, por supuesto que sí. Como con casi todas las sustancias, hay nitrógeno en varios estados de agregación. El más común es el gas. Constituye, junto con el oxígeno, el aire que respiramos.  Ver artículo completo »