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Mono Lake, hogar de la bacteria de arsénico. Foto de Gary Hayes

La que tiene todos los visos en convertirse, cuando menos, en la noticia de la década, la bacteria GFAJ-1 que utiliza arsénico en vez de fósforo, obliga a la comunidad científica a reflexionar sobre la capacidad que tienen las especies para evolucionar en condiciones extremas, casi imposibles.

Sabemos la capacidad que tienen los organismos a adaptarse al entorno, pero éramos conscientes que estos cambios (evolución) se hacían en un proceso gradual largo en el tiempo. Los Hiparion
—unos animalillos del tamaño de un perro pequeño—  son el origen de nuestros caballos; unos herbívoros (algo semejante a unas vacas) que pastaban algas en la orilla se trasformaron en ballenas al adaptarse progresivamente al ambiente marino; o las actuales aves —descendientes de los dinosaurios— confirman que el tiempo profundo es la manera de conseguir cambios evolutivos extraordinarios.

Sin embargo, el estudio de los seres más diminutos, los microbios, está cambiando estas ideas, ya que algunos de ellos consiguen sobrevivir en los ambientes más extremos —lo que no es raro— y, sorprendentemente,  lo hacen muy rápido.  Ver artículo completo »

Imagen del río Tinto, en la provincia de Huelva

La resistencia de las microalgas, evidenciada en los estudios de campo que se llevan a cabo en el río Tinto y que nos dan pistas sobre la vida en condiciones extremas, como por ejemplo en Marte, también se ha hecho patente en su manera de sobrevivir a las extinciones en masa del planeta en diferentes épocas.

La del Cretácico-Terciario es la más célebre porque acabó con el reinado de los dinosaurios, aunque, ni de lejos, ha sido la más catastrófica. Durante la era Neoproterozoica (entre 740 y 580 millones de años atrás) se produjo un gran cambio climático cuyo resultado final fue la mayor era glacial que conoció el planeta: la Bola de Nieve Terráquea (Snowball Earth).

Se congelaron los océanos y el hielo alcanzó más de 100 metros de espesor, incluso en las latitudes tropicales. Aunque en esa época ni los grandes animales ni las plantas superiores poblaban la tierra firme, existía una rica y diversa vida en el mar y en los ambientes acuáticos en la que estaban representadas, entre otros muchos organismos, la gran mayoría de las divisiones (phylum) de algas que existen hoy en día. Ver artículo completo »

Río Tinto, Huelva

Marte está en la provincia de Huelva. El río Tinto, llamado río de Fuego por los fenicios, alberga en su interior las claves que podrían desvelar el secreto de la vida en el Planeta Rojo y sus aguas nos dan las suficientes pistas de cómo se puede actuar para colonizar cualquier planeta. Gracias a las microalgas y su capacidad de adaptación a condiciones de vida extremas.

La vida en la Tierra fue posible gracias a la acumulación del oxígeno en la atmósfera que produjeron a lo largo de millones de años estos microorganismos que, a su vez, hizo posible la aparición de los grandes animales.

Sus aguas representan un gran reto para la vida. De un color rojo intenso, son extremadamente ácidas (pH<2, lo normal es pH=8) y contienen enormes cantidades (>20g l-1, lo tolerable son apenas unos pocos microgramos) de metales tóxicos en disolución (hierro, cobre, zinc y arsénico).

Es decir, unas condiciones donde los científicos creían que sólo podían proliferar unas cuantas especies extremófilas (aquellas que viven en hábitats realmente hostiles, muy ácidas o alcalinas, con grandes cantidades de sustancias tóxicas, mucha sal o con temperaturas muy altas o muy bajas). Ver artículo completo »