La trayectoria vital y profesional de Ada Yonath es una historia de superación ante problemas que harían rendirse a muchos. Su constancia a la hora de estudiar cuando el entorno no era favorable y de mantener durante décadas una investigación en la que pocos dentro de la comunidad científica creían la ha llevado a estar más cerca que nadie de la esencia de la vida y a recibir el Premio Nobel.
Cuando nació en 1939 en Jerusalén, hija de una familia de escasos recursos económicos y sin estudios, pocos podrían haber sospechado que Ada Yonath acabaría siendo una eminencia del campo de la Química. Los precedentes familiares, según ella misma ha revelado, no daban el perfil de quien se dedica a la ciencia: padre rabino, que solo había estudiado sobre religión judía, y madre ama de casa entrenada para ello desde pequeña. Ambos, con lo justo para vivir. Pero Ada, desde pequeña, tenía curiosidad por el conocimiento.
A pesar de las carencias económicas, los padres de Ada siempre apoyaron su decisión de estudiar. El padre, de salud precaria y asiduo de los hospitales, falleció cuando ella solo tenía 11 años, lo que debilitó aun más las finanzas domésticas. La niña tuvo que ponerse a trabajar para ayudar a la madre, limpiando casas o cuidando niños, pero no por ello desistió en su empeño de estudiar. Ver artículo completo »



