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Interior de la Cathedral of Learning. Imagen de mrshruby

Repasando la historia encontramos curiosas lecciones de futuro. Aunque a tenor de las recetas en boga para salir de la crisis, parece que nuestros gobernantes no tienen ni un segundo de su tiempo para releer pasajes del pasado que nos podrían poner en la senda de un porvenir más halagüeño.

Nos situamos en el tiempo, la década de los treinta, cuando el mundo moderno se enfrentaba a la crisis económica más grave jamás vivida: la Gran Depresión. Una crisis que se prolongó durante cerca de 15 años y cuyos efectos en cifras resultan demoledores. Originada en Estados Unidos, la renta nacional (el PIB) se desplomó a la mitad, el comercio alcanzó descensos que superaron el 60% y el paro afectaba a uno de cada cuatro norteamericanos.

Una radiografía de caos y desesperación que requería medidas a corto plazo para salvar los muebles del presente y a largo para poner los cimientos de otro futuro. Pittsburg era por entonces una pequeña ciudad del estado de Pensilvania, cuya principal fuente de riqueza procedía de la minería de carbón y la industria auxiliar del acero. Dos sectores que quedaron prácticamente destruidos por el crash del 29.

Contaba con una pequeña universidad privada, creada a mediados del XVIII, una de las más antiguas pero, desde luego, no de las más prestigiosas del país. Dirigentes locales y académicos decidieron entonces, inmersos en el más negro porvenir, apostar por la creación de un edificio emblemático en los recintos del campus que albergara a los mejores cerebros locales dispersos por todo el país. Pomposamente, se denominó la Cathedral of Learning (Catedral del Aprendizaje).

Apelando a otro tipo de nacionalismo (ese que va más allá de ideas de expolio o sentimientos vacíos de contenidos reales) y a otro tipo de gobernanza, en medio de la miseria, las autoridades locales y académicas lanzaron una curiosa emisión de bonos a diez centavos por unidad: “Compra un ladrillo para la catedral”. En apenas un mes recaudaron 100.000 dólares. Paralelamente, se dirigieron a sus mejores cerebros, reclamándoles una porción de su tiempo para involucrarlos en ese nuevo espacio de la Ciencia.

Todos los ciudadanos de Pensilvania se implicaron en la construcción de su futuro. Hoy, la universidad y su catedral son un bastión que resiste cualquier crisis, está en el ránking de las siete principales universidades de investigación pública en EE UU y entre las 25 del mundo. Su presupuesto para la investigación supera los 650 millones de dólares al año. Sus investigaciones en células madre, regeneración de tejidos o bioterrorismo son referencia en todo el planeta.

En Pensilvania, en los años treinta, no se entretuvieron con las tijeras de recortar ni practicaron un falso chauvinismo. Seguramente, sus dirigentes, sin saberlo, consideraron la Educación y la Ciencia como un Bien Giffen y apostaron por su desarrollo. Hoy disfrutan con prosperidad y riqueza por su elección.

Enrique Leite (periodista) y Eduardo Costas (catedrático de Genética)

No cabe duda de que la actual política de recortes generalizados está desmochando muchas de las actividades más prometedoras de este país. Estas actividades contribuían a dar a España un prestigio internacional. Desafortunadamente, la ciencia está entre las más perjudicadas por los recortes (en torno al 40% y tendiendo a aumentar).

Como es lógico, la ciencia española se resiente ya a corto plazo. Y se resentirá mucho más cuando las consecuencias del recorte se noten de verdad en la falta de recursos, la obsolescencia de las infraestructuras científicas y la falta de relevo generacional.

Son muy conocidos los indicadores que permiten estimar la calidad y la repercusión de la ciencia y la tecnología de un país (basados en el número y la calidad de los artículos publicados, las patentes y los modelos de utilidad, la cooperación internacional, etc). Pero, asimismo, hay indicadores de mayor interés económico: los estimadores que calculan cuánto aporta la ciencia al prestigio de un país. Sin duda, no son más que una aproximación. Pero permiten ver tendencias.  Ver artículo completo »

El ritornello conservador de la eficacia de lo privado frente a la mala gestión de lo público, que ha calado ya en sectores como la Salud, la Educación o la televisión, y que ha sido una constante en el discurso del Gobierno desde que presentó los Presupuestos Generales para este año, se da de bruces con la realidad de lo que ocurre en España en relación con la inversión en I+D+i (uno de los pilares para salir de la recesión con garantías de futuro).

El discurso neocon se asienta en la paulatina desaparición de la gestión del Estado (en todas sus formas: central, autonómica o local) en todos los sectores de la actividad productiva y en una continua transferencia de fondos confiando en las bondades de la iniciativa privada. Pero, curiosamente, cuando llega el momento de los recortes, el tijeretazo del 26% realizado en este capítulo resta 475 millones a subvencionar proyectos y 916 a la partida de créditos para empresas. Es decir, que no deben de confíar tanto en la gestión privada como predican en su discurso.

Los números son tozudos y no resulta cierto, como reza el dogma liberal, que la iniciativa privada esté sustituyendo al Estado. La balanza de inversiones ha demostrado que el gasto privado en Investigación y Desarrollo apenas llega al 0,7% del PIB, según los datos relativos a 2010 publicados por el Strategic Research Center de la EAE Business School, frente a la media de 1,2% del resto de nuestros socios comunitarios. Alemania, Francia y Reino Unido invierten el 2,8, el 2,3 y el 1,9%, respectivamente, e igualmente inalcanzable resultará el objetivo de la Agenda de Lisboa de llegar al 3%.  Ver artículo completo »

Excelentísimo Sr. Presidente de Gobierno D. Mariano Rajoy:

Nos dirigimos a usted para hacerle llegar la Carta Abierta por la Ciencia en España que ha sido consensuada por la Confederación de Sociedades Científicas de España, la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, la plataforma Investigación Digna, la Federación de Jóvenes Investigadores, CCOO y UGT.  (….)

El motivo de la Carta no es otro que nuestra preocupación por España y el convencimiento de que sólo a través de la I+D+i, haciendo de la Investigación, el Desarrollo y la Innovación uno de los motores de nuestra economía, podremos salir con perspectivas de futuro y fortalecidos de la presente crisis económica.

Estamos seguros, por sus declaraciones, de que el Gobierno comparte esta idea con nosotros y le pedimos que actúe en consecuencia. Nuestra petición es simple: que no se penalice la inversión pública en I+D en los Presupuestos Generales del Estado, algo que en los últimos años se ha hecho con un descenso mayor en la PG46 que la media habida en la Administración, y que salvo que Vds lo remedien, puede volver a ocurrir este año. De ser así estaremos en un escenario de práctica inviabilidad para muchas de las investigaciones científicas actuales tanto en centros de investigación como en Universidades. Todo ello está profusamente explicado en la Carta Abierta por la Ciencia en España que le remitimos a continuación.

No se trata de proteger a un colectivo en particular sino de salvaguardar la oportunidad que tiene el país de cambiar su modelo productivo a uno basado en el conocimiento que no nos haga vulnerables a crisis como la actual. Desde el Gobierno se les ha adelantado que los recortes que va a haber no van a ser más pequeños de los ya anunciados y cifrados en 740 millones de euros. Esto supondría una pérdida de un 30% en los últimos 3 años….

Si quiere leer el documento completo y firmar y solidarizarte con esta petición siga este enlace

http://www.investigaciondigna.es/wordpress/firma

Entre corte y recorte, una vez más, Ciencia e Innovación se van a llevar una buena parte de la tajada… perdón, del tajo que el Gobierno tiene en mente. Y la verdad es que con la herida aun caliente, uno empieza a hartarse de ese mantra que repiten los políticos -ya sean vestidos por Vogue o por Milano- de que el progreso pasa por conseguir la excelencia, por el I+D.

Que tengamos que ajustarnos el cinturón no es nada nuevo, con la anterior ministra de Ciencia e Innovación la inversión estatal en este capítulo ha ido recortándose cada vez más y más. Y ahora don Mariano nos quiere obsequiar con una quita de unos 600 millones de euros adicionales que van a repercutir sobre todo en el esquema nacional de investigación.

Menos dinero para un capítulo que jamás ha llegado a alcanzar a nuestros colegas comunitarios. En la Unión Europea el porcentaje de inversión es del 2% del PIB como media, mientras que en nuestro país es del 1,37%. Los investigadores somos solidarios con el resto del país y arrimamos el hombro como el que más.  Ver artículo completo »