En el siglo XIX, la era de la colonización británica del Continente Negro, la mayor atracción zoológica de un circo de Londres era una mujer Koi-San (bosquimana). La barraca, ubicada en la plaza de Picadilly, era propiedad de unos africaners (colonos de Sudáfrica). El objeto de curiosidad de los flemáticos victorianos era conocido por el sobrenombre de la Venus de Hotentote.
Raptada de su tribu, la desichada bosquimana aprendió a comunicarse en el idoma de sus captores (el africans) y también en el inglés de sus admiradores. A pesar de haber dado muestras de inteligencia -el aprendizaje de idiomas y la capacidad de hablar es atributo de los humanos-, cuando falleció acabó en la mesa de disección del mayor experto mundial (en ese momento claro) en anatomía animal comparada de vertebrados.
Los civilizados británicos le dieron, incluso una vez muerta, el trato y el destino de las bestias salvajes. Ver artículo completo »




