Tag Archive: proteínas


Mala leche

Periódicamente, el ser humano se dedica a revisar sus hábitos alimenticios y los pone boca arriba: lo que antes era bueno ya no lo es tanto y surgen con fuerza nuevos productos que sustituyen a los anteriores. ¿Descubrimientos científicos, intereses comerciales o sencillamente marketing? De un tiempo a esta parte, la leche (y alguno de sus derivados) parece estar en el foco de mira.

El primer argumento de sus detractores es irrefutable: somos la única especie que consume este producto en edad adulta, y además, procedente de otras (de vaca fundamentalmente o de cabra). Es decir, que somos raritos si nos comparamos con el resto de los animales, que solo la ingieren de peques. Resulta obvio explicar lo rica en nutrientes que es la leche maternal, pero solo para quienes están en edad de crecer. Sigue leyendo

Buenos días

Que me haya levantado esta mañana con un sueño tremendo no es ninguna novedad. Ni para mí ni para otras muchas personas. Así que no debo sentirme ni raro ni enfermo por ello. Dormir es necesario para realizar en nuestro cuerpo una serie de tareas de mantenimiento necesarias para que al día siguiente podamos funcionar en condiciones.

Es algo parecido a lo que sucede en muchos negocios, en los que al cerrar sus puertas se aprovecha para reponer el genero y organizar las cosas. Nuestro cuerpo hace un montón de reparaciones y, sobre todo, durante el sueño se hace la síntesis de proteínas para reponer las estructuras dañadas de nuestro organismo.

Dormir más o dormir menos puede ser una cuestión de cansancio. Si hemos corrido la maratón es normal que al día siguiente necesitemos más descanso del habitual, pero en condiciones normales no se necesitan muchas horas para poder reponerse de los gastos rutinarios. Entonces, ¿por qué hay gente que necesita dormir más que otra?  Sigue leyendo

Foto de Dennis Wong

De entre los cinco sentidos, es probable que el olfato esté considerado por la mayoría de la gente como secundario. Le prestamos atención en momentos concretos: cuando algo huele muy bien o, por el contrario, de forma desagradable. Pero la mayoría del tiempo no estamos pendientes de él. No ocurre como con la vista, el oído e incluso el tacto, de los que somos plenamente conscientes todo el tiempo. Y si uno falla, enseguida nos alarmamos. Con el olfato no sucede lo mismo.

Es posible que por este motivo, se haya tardado tanto tiempo en conocer el funcionamiento del olfato. Cómo está estructurado el proceso que lleva al cerebro a interpretar un determinado olor. La descubridora de este mapa del proceso olfativo fue Linda Buck, cuyo trabajo de investigación que llevó a la identificación de los receptores olfativos sirvió para que ganase el Premio Nobel de Medicina en 2004. Buck había desentrañado los secretos de este sentido tan solo 13 años antes, en 1991.  Sigue leyendo

Nunca está de más seguir explorando las causas de la incidencia y número de muertes causadas por el cáncer. Hoy supone la segunda causa de muerte en el mundo, con el 12% de todas las defunciones. Nadie duda de la influencia de la ingesta energética y los macronutrientes (proteínas, hidratos de carbono y grasas) sobre el riesgo de padecer cáncer. Existe y nadie la cuestiona. El quid del asunto es estudiar qué alimentos, cantidades, tipos de cocinado, entre otros asuntos, son los que más riesgo suponen para nuestra salud.

Una flora intestinal sana y equilibrada genera compuestos con tremendo poder anticancerígeno, como el butirato, el folato o la biotina, que ejercen efectos de control antiproliferativo en las células del colon. Esta relación fue descrita de manera simple y clara por O’Keefe et al. (2009). En su estudio observan cómo dietas ricas en proteína animal producen una flora intestinal que genera menos cantidad de dichos compuestos protectores, aumentando así el riesgo de contraer cáncer.  Sigue leyendo

Foto de Ambernectar 13

Que comer es uno de los placeres de la vida es indudable, al menos para mí, aunque he de reconocer que no todo el mundo piensa lo mismo. Es más, puedo añadir que paso por temporadas en las que el apetito desaparece y, por consiguiente, requiero de voluntad más que de deseo para sentarme a la mesa.

El apetito por la comida —del otro podemos hablar en otro momento— es un fenómeno fisiológico regulado por una serie de moléculas que circulan por nuestro organismo. Sin embargo, aunque estas sustancias regulan los hábitos alimenticios, siempre hay indicios que  ponen de manifiesto nuestras ganas de comer. Sirva como ejemplo el conocido ruido de tripas o el agujero en el estómago. El primero siempre nos ha jugado alguna mala pasada en momentos importantes, y no solo porque tengamos hambre, ya que los nervios y la ansiedad también los producen.

Estos ruidos se llaman técnicamente borborigmos y se deben al desplazamiento de los gases de nuestro intestino y estómago, pero cuando lo hacen de manera coordinada. Cuando tenemos hambre, una señal nerviosa va preparando al estómago para recibir comida aumentando sus contracciones (peristaltismo) y la producción de jugos gástricos. No hay que olvidar que el estómago está únicamente lleno de aire y, al contraerse con los jugos y evacuar el gas, se produce el ruido característico.  Sigue leyendo

El azufre es un elemento muy versátil. Forma parte de uno de los ácidos más corrosivos, el sulfúrico, forma compuestos tremendamente apestosos, como el ácido sulfhídrico que se desprende cuando se pudre un huevo, pero también es capaz de dar funcionalidad y mantener algunas de las estructuras que nos mantienen vivos, como las proteínas.

Todas las proteínas son conjuntos de átomos unidos por un enlace covalente, concretamente peptídico, que tienen funciones de lo más variadas. Pero fabricar una proteína no es una tarea fácil y se realiza en varias etapas. Sigue leyendo

Pingüinos de Magallanes. Foto de http://www.fmorales.cl

La conducta del ser humano es peculiar y caprichosa, pero no deja indiferente a nada ni a nadie. Cualquier decisión que adopte puede determinar el desarrollo de los ecosistemas, tanto para generarlos, modificarlos o destruirlos.

Afortunadamente, no es la única especie capaz de provocar cambios y de crear vida a su alrededor. Los pingüinos de Magallanes o pingüinos de la Patagonia (austral) son un buen ejemplo de ello y quizás un modelo a seguir. Los pingüinos y su principal fuente de alimento, un calamar que prolifera por aquellas inhóspitas latitudes.

Animales marinos -sus nutrientes los obtienen bajo la superficie de los oceános-, los pingüinos acuden a la Patagonia a comienzos del verano (de allá) para completar su ciclo reproductivo. El invierno (también de allá) les sorprenderá en las aguas cálidas de Brasil.

Viven en multitudinarias colonias que pueden alcanzar el medio millón de ejemplares -casi a la japonesa- donde anidan, desovan y cuidan a su prole. Es decir, precisan de un trozo de costa donde perpetuarse.  Sigue leyendo

Dulces sueños

Descansar, o mejor dicho dormir, es esencial para el buen funcionamiento del cuerpo. No es solamente porque nuestro cerebro se reinicie para estar listo al día siguiente, sino que durante las horas de sueño también nuestro organismo aprovecha para repararse. Durante el sueño, por ejemplo, se produce la síntesis de proteínas ya que el cuerpo está casi inactivo y todo el esfuerzo se centra en el mantenimiento. Esta es la razón por la que las mujeres embarazadas pasan por rachas de somnolencia casi de manera permanente. Mientras la madre duerme, el bebé sintetiza proteínas y crece a toda velocidad.

La ausencia o carencia de sueño deja secuelas importantes: nuestras funciones cognitivas no van a estar a la altura de las circunstancias, hecho que puede resultar peligroso en función de nuestra actividad cotidiana (imagínense un conductor de autobús o un piloto, sin ir más lejos).

¿Cuánto se puede estar sin dormir? Más o menos once días. Ese fue el resultado de un experimento realizado en 1965, cuando un adolescente de 17 años llegó a las 264 horas de vigilia. Sus competidores también realizaron un papel digno, llegando a estar despiertos entre ocho y diez días.  Sigue leyendo

La vida eterna

Circulan numerosas leyendas urbanas sobre personas célebres que se encuentran hibernadas o congeladas. Estas personas, generalmente adineradas, se apuntarían a la nevera con la esperanza de poder superar enfermedades incurables cuando la ciencia haya avanzado lo suficiente. Uno de ellos —repito, es leyenda urbana— es Walt Disney.

La conservación de la vida a bajas temperaturas ha sido un aspecto de la biología que ha interesado mucho por las perspectivas que puede tener a diversos niveles, y no solo me refiero a aspectos biológicos. ¿Quién no ha visto las películas en las que los astronautas se tienen que meter en cámaras para hacer sus viajes interplanetarios más breves al pasarlos durmiendo, en un estado de letargia, durante incluso años?

En el mundo científico real no es posible congelar a un animal sin que este sufra daños irreparables durante el proceso. Sin embargo, las células que usamos en el laboratorio sí se pueden congelar a -80ºC y luego descongelar. Quedan perfectas y funcionales para experimentar. Probablemente, la congelación de las células sin que se deterioren responda a que estas son relativamente sencillas, mientras que los animales tienen estructuras más complejas, como los órganos. Los animales y sus estructuras internas pueden sufrir daños físicos debidos fundamentalmente a que el agua se congela en su interior formando agujas y cristales de hielo que rompen los tejidos y los órganos.  Sigue leyendo

En mi niñez, la casa de mi abuela estaba rodeada de misterio: desde la oscura bodega con prensas y barriles para el vino hasta el trastero en penumbra con casi un siglo de cachivaches, todo era un arcano en estado puro. Pero el mayor misterio era sin duda alguna El Finado.

En las conversaciones de los adultos —rigurosamente prohibidas para los niños— y que yo espiaba siempre que podía, a menudo se le mentaba. Le tenían un respeto reverencial, y muchas de las discusiones terminaban con la frase “¡menos mal que no se enteró El Finado!”.

Asumiendo los riesgos de la empresa, me dediqué durante meses —con más miedo que fortuna— a buscarlo por aquella inmensa casa. Con el tiempo, acabé convencido de que vivía tras una puerta permanentemente cerrada en el piso de arriba… Años después supe que tras la cancela solo había una cocina de leña en desuso, y que El Finado era mi abuelo, muerto años atrás.  Sigue leyendo

%d personas les gusta esto: