De entre los cinco sentidos, es probable que el olfato esté considerado por la mayoría de la gente como secundario. Le prestamos atención en momentos concretos: cuando algo huele muy bien o, por el contrario, de forma desagradable. Pero la mayoría del tiempo no estamos pendientes de él. No ocurre como con la vista, el oído e incluso el tacto, de los que somos plenamente conscientes todo el tiempo. Y si uno falla, enseguida nos alarmamos. Con el olfato no sucede lo mismo.
Es posible que por este motivo, se haya tardado tanto tiempo en conocer el funcionamiento del olfato. Cómo está estructurado el proceso que lleva al cerebro a interpretar un determinado olor. La descubridora de este mapa del proceso olfativo fue Linda Buck, cuyo trabajo de investigación que llevó a la identificación de los receptores olfativos sirvió para que ganase el Premio Nobel de Medicina en 2004. Buck había desentrañado los secretos de este sentido tan solo 13 años antes, en 1991. Ver artículo completo »












