Francia. Siglo XVIII. Luis XIV, el Rey Sol, gobierna sobre el mundo. Versalles, la corte del Borbón, es el centro del mundo occidental. Bajo este escenario, sería fácil suponer que la hija del introductor de embajadores del monarca disfrutara de una existencia adornada de placeres mundanos.

Pero Gabrielle Emilie de Breteuil, marquesa de Châtelet (1706-1749), prefirió cobijarse bajo la pequeña sombra de la Ilustración y el conocimiento intelectual. Sus salones no solo irradiaban discusiones sobre ópera o literatura, también fueron foco de apasionados debates sobre los avances científicos o filosóficos del momento: se abría el tiempo de La Razón.

El matrimonio y la maternidad no aplacaron las ansias por saber de esta mujer, que a los 10 años leía a Cicerón, estudiaba Matemáticas y Filosofía (Descartes marcó su modo de pensar), hablaba tres idiomas y traducía a los clásicos. Tuvo como preceptores a Pierre Louis Moreau de Maupertuis (quien demostró que la Tierra se achataba en los Polos), Clairaut (a quien llamó “su maestro en geometría y su iniciador en astronomía”) o Koenig.  Ver artículo completo »