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Ada Yonath impartiendo la conferencia "El increíble ribosoma". Foto de gedankenstuecke

La trayectoria vital y profesional de Ada Yonath es una historia de superación ante problemas que harían rendirse a muchos. Su constancia a la hora de estudiar cuando el entorno no era favorable y de mantener durante décadas una investigación en la que pocos dentro de la comunidad científica creían la ha llevado a estar más cerca que nadie de la esencia de la vida y a recibir el Premio Nobel.

Cuando nació en 1939 en Jerusalén, hija de una familia de escasos recursos económicos y sin estudios, pocos podrían haber sospechado que Ada Yonath acabaría siendo una eminencia del campo de la Química. Los precedentes familiares, según ella misma ha revelado, no daban el perfil de quien se dedica a la ciencia: padre rabino, que solo había estudiado sobre religión judía, y madre ama de casa entrenada para ello desde pequeña. Ambos, con lo justo para vivir. Pero Ada, desde pequeña, tenía curiosidad por el conocimiento.

A pesar de las carencias económicas, los padres de Ada siempre apoyaron su decisión de estudiar. El padre, de salud precaria y asiduo de los hospitales, falleció cuando ella solo tenía 11 años, lo que debilitó aun más las finanzas domésticas. La niña tuvo que ponerse a trabajar para ayudar a la madre, limpiando casas o cuidando niños, pero no por ello desistió en su empeño de estudiar.  Ver artículo completo »

Foto de Dennis Wong

De entre los cinco sentidos, es probable que el olfato esté considerado por la mayoría de la gente como secundario. Le prestamos atención en momentos concretos: cuando algo huele muy bien o, por el contrario, de forma desagradable. Pero la mayoría del tiempo no estamos pendientes de él. No ocurre como con la vista, el oído e incluso el tacto, de los que somos plenamente conscientes todo el tiempo. Y si uno falla, enseguida nos alarmamos. Con el olfato no sucede lo mismo.

Es posible que por este motivo, se haya tardado tanto tiempo en conocer el funcionamiento del olfato. Cómo está estructurado el proceso que lleva al cerebro a interpretar un determinado olor. La descubridora de este mapa del proceso olfativo fue Linda Buck, cuyo trabajo de investigación que llevó a la identificación de los receptores olfativos sirvió para que ganase el Premio Nobel de Medicina en 2004. Buck había desentrañado los secretos de este sentido tan solo 13 años antes, en 1991.  Ver artículo completo »

Gertrude B. Elion ha pasado a la historia como una de las científicas más importantes de la historia en el campo de la Medicina. Sus investigaciones en diversas disciplinas obtuvieron resultados impresionantes: sintetizó el primer tratamiento contra la leucemia y el primer inmunodepresor para realizar trasplantes, y su trabajo sirvió de base para desarrollar el AZT, un fármaco para combatir el virus del sida. Como muchas otras mujeres de ciencia, lo logró en un mundo masculino, en el que el papel de ellas era habitualmente menospreciado. El tiempo pondría las cosas en su sitio, cuando Elion fue galardonada con el Premio Nobel.

Nacida en Nueva York en 1918, de padres emigrantes (él era un dentista lituano; ella procedía de lo que hoy es Polonia), Gertrude B. Elion pudo realizar estudios superiores gracias a sus buenas calificaciones en secundaria, por las que fue admitida en el Hunter College, una escuela pública. El crack financiero de 1929 había afectado de modo considerable a la situación económica de la familia, que no podía permitirse pagar para que su hija estudiase en la universidad.

Ella pronto destacó en una facultad femenina en la que la gran mayoría de las alumnas solo pretendía finalizar los estudios para trabajar de profesoras. Ella, sin embargo, quería investigar. Se había matriculado en Química con la intención de encontrar algún día un remedio contra el cáncer. La muerte de su abuelo por esta enfermedad fue el catalizador de su decisión.  Ver artículo completo »

Gerty y Carl Cori, trabajando en su laboratorio

Gerty Cori tiene muchas cosas en común con el resto de científicas que estamos dando a conocer en esta publicación: una pasión irrefrenable por la ciencia, un dedicación exhaustiva a la investigación para mejorar la calidad de vida del ser humano, una capacidad de lucha sin límite contra las adversidades y un Premio Nobel. Por supuesto, también tuvo que enfrentarse al ninguneo del sector masculino académico, con la excepción de su marido, Carl, con quien siempre formó equipo y quien siempre la apoyó en el trabajo.

Nacida en Praga en 1896, de padre químico de formación y de madre amiga del genial escritor Franz Kafka, desde pequeña tuvo claro que de mayor quería ser médico. Con 24 años, ya era doctora en Medicina. Dos años más tarde, emigraba a Estados Unidos con su marido, huyendo de la miseria provocada por la Primera Guerra Mundial. No llegaron a la vez a su destino: a ella le costó conseguir el permiso de trabajo necesario para entrar en el país del que luego adoptaría la nacionalidad.  Ver artículo completo »

Desde los 10 años se inclinó por la Química. Dorothy Crowfoot lo tenía claro, y eso que optaba con el atractivo de ayudar a su padre en las excavaciones arqueológicas en Egipto… Todo un mundo por descubrir.

Estamos en la primera década del siglo XX y el Imperio Británico gozaba de todo su esplendor. Mary Anne  Hood y John Crowfoot tienen a la pequeña Dorothy en El Cairo, donde John desempeñaba un puesto en el Departamento de Educación de Egipto. Los siguientes 15 años, los Crowfoot los pasarían entre Egipto y Sudán, aunque las hijas del matrimonio recibieron instrucción en Norfolk, limitando sus estancias en Oriente Medio a los periodos de estío.

Precisamente, fue en Sudán, donde desarrolló su vocación científica. Un amigo de la familia facilitó a Dorothy una serie de productos químicos para analizar la ilmenita. Desde ese momento, su camino estaba trazado hacia la consecución del Nobel.  Ver artículo completo »

La tradición familiar puede resultar una pesada losa de la que hay personas que no logran desembarazarse en toda su vida. Para otros es una señal que marca un camino a seguir para desarrollarse y alcanzar la plenitud profesional. Y solo son unos pocos los que pueden enorgullecerse de pertenecer a una familia de largo recorrido en un campo concreto y, encima, lograr la gloria. Es el caso de Maria Goeppert-Mayer, premio Nobel de Física en 1963.

Formar parte de una dinastía de científicos es algo realmente raro en este mundo y Mayer constituye la séptima generación de profesores universitarios (un apellido ligado a la ciencia, en diferentes disciplinas, ininterrumpidamente durante más de 200 años). Polaca de nacimiento (Katowice,1906), de notable inteligencia, Maria mostró desde pequeña inclinaciones por el estudio y la investigación, que la encaminaron primero a las Matemáticas y luego a la Física, carrera que cursó en la Universidadde Göttiengen. Lo que no se podrá determinar nunca es cuánta culpa tuvo una sentencia que machaconamente le repetía su padre: “Nunca seas solo un mujer”.

Aun así, para una mujer, tener una formación académica de alto grado en el primer cuarto del siglo XX no era una cuestión sencilla. A los 24 años se licenció. Eran tiempos en los que la Física estaba sometida a grandes cambios y descubrimientos: de partículas, de reacciones atómicas, de los primeros aceleradores (eran los albores de la física cuántica). Su tesis ya constituyó una aportación a este campo: elaboró una teoría sobre la energía emitida por los electrones.  Ver artículo completo »

Es, posiblemente, la científica más importante y conocida de la historia. Sus investigaciones en el campo de la radiactividad le reportaron, además de prestigio entre la comunidad, dos Premios Nobel en disciplinas distintas. Es la única persona que lo ha logrado. Y no es de extrañar. Los descubrimientos de Marie Curie han modelado en gran parte el mundo que hoy conocemos.

Marie nació en Polonia en 1867. Hasta que emigra a París a los 24 años, se llama Maria Sklodowska. En su nuevo país (acabaría nacionalizada) se cambia el nombre de pila por la versión francesa y, sobre todo, estudia Física y Matemáticas en la Universidad de la Sorbona. Acabaría los estudios tres años más tarde como primera de su promoción en Física y segunda en Matemáticas.

Tras licenciarse, comenzó a trabajar para uno de sus profesores de Física, Pierre Curie, investigando el fenómeno recién descubierto de la radiactividad. Se casan en 1895, formando una pareja en lo personal y en lo profesional hasta la muerte de él en 1906. En esos once años, revolucionaron el campo de la Física y el de la Química.  Ver artículo completo »

Como tantas mujeres que dedicaron su vida a la ciencia, a la estadounidense Barbara McClintock le costó que se le reconocieran los méritos logrados en sus investigaciones. Hoy se la considera una figura indispensable en el desarrollo de la genética, y sus descubrimientos le valieron el Premio Nobel de Medicina en 1983, el primero que conseguía una mujer de forma individual en esta categoría. Sin embargo, el camino para lograr los laureles del éxito no fue precisamente sencillo.

Nacida en Connecticut en 1902, tuvo que oponerse a la voluntad de su madre, que no veía con buenos ojos que la joven Barbara estudiase en la universidad. Podía dificultarle el encontrar un buen marido, pensaba. Aun así, McClintock se matriculó enla Universidadde Cornell, en la escuela de Botánica, de donde saldría con el título de licenciada en Ciencias y una pasión por la genética, a la que dedicaría el resto de su vida.

Tras finalizar sus estudios, Barbara McClintock comienza sus trabajos sobre la citogenética del maíz. Uno de sus logros fue desarrollar una nueva técnica para visualizar cromosomas usando tinción de carmín. Con esta metodología, consigue describir la morfología de los diez cromosomas del maíz. Aun no había cumplido 30 años.  Ver artículo completo »

Mileva Maric y Albert Einstein. Foto de Galaxy FM

Esposa y madre… Las pocas mujeres que podían escapar a esta especie de determinismo histórico en los albores del siglo XX y lograban acceder a una formación académica o científica estaban condenadas a desarrollar su carrera   a la sombra de sus maridos.

Tan asumido tenía su rol Mileva Maric, la única mujer de su promoción en el instituto Politécnico Federal de Zúrich, que en una carta que dirige a su amiga Helene Kaufer comenta satisfecha: “Hace poco hemos terminado un trabajo muy importante que hará mundialmente famoso a mi marido”.

El trabajo no era otro que La Teoría de la Relatividad y su compañero por entonces era Albert Einstein. Pero solo pasará a la historia el genio de aspecto despistado de melena blanca y encrespada. Muy pocos rendirán tributo a esta matemática que puso soporte a una de las teorías que revolucionó el mundo de la Física.  Ver artículo completo »

La trayectoria profesional y vital de la científica italiana Rita Levi-Montalcini da material suficiente para una producción de Hollywood. Tiene todos los ingredientes necesarios para optar a los Oscar, si se realiza con estilo y precisión: espíritu de superación, lucha contra la adversidad, nazis al acecho, identidades falsas, laboratorios clandestinos, descubrimientos científicos que llevan al Premio Nobel, política, dedicación a la mejora de las condiciones de vida de los olvidados

A la hora de desarrollar su carrera, Rita Levi-Montalcini, nacida en Turín 1909, tuvo que superar, primero, la oposición de su padre, un acaudalado empresario judío que no creía en la educación universitaria para las mujeres. Aun así, ella se empeñó en estudiar Medicina tras la muerte por cáncer de su niñera, a la que se sentía muy unida.

Tras licenciarse, comenzó a trabajar en la clínica de neuropsiquiatría y en el Instituto Anatómico dela Universidad, a las órdenes de su mentor, Giuseppe Levi. Hasta que en 1938 el régimen de Benito Mussolini promulgó una ley racial que impedía el trabajo en universidades y, en general, en cualquier profesión por libre a los no arios. Rita encontró la solución al problema: instaló un laboratorio en su propia habitación, en el que continúo sus investigaciones, junto a Giuseppe Levi, sobre el sistema nervioso.  Ver artículo completo »