
El olfato no es nuestro fuerte. Afortunadamente, si estamos a la distancia inadecuada de determinados individuos peleados con el agua y el jabón. Si nos comparamos con los perros, salimos perdiendo por K.O. En este blog, ya hemos comentado en alguna ocasión cómo debidamente entrenados pueden ayudarnos a detectar enfermedades como cáncer o diabetes utilizando tan solo su desarrollada nariz para captar los aromas.
Aun así, nos empeñamos en denominar como sabuesos a los policías eficaces que rastrean la huella del delito. Lo han adivinado, esta historia va de policías y ladrones. Los seres humanos, del mismo modo que tenemos una huella digital, también desprendemos una huella aromática. Somos química y la secretamos por nuestro sistema periférico con un olor característico.
Este olor personal ha convertido a determinados especímenes de perros en una inestimable ayuda para localizar personas, ya sean víctimas de catástrofes naturales —como terremotos o avalanchas—, se hayan perdido y, cómo no, para localizar el rastro de peligrosos delincuentes. Ver artículo completo »




