Estudiando los organismos más primitivos que pueblan la Tierra, se pueden reconstruir los pasos evolutivos que ha dado el ojo en los seres vivos. El desarrollo de las células que captan la luz (fotorreceptores) a través de las opsinas (las moléculas) ha determinado que haya organismos que, por la necesidad de adaptarse al medio en el que han vivido, ven las cosas de manera diferente a la nuestra.
Los insectos tienen fotorreceptores cuyas opsinas pueden detectar las radiaciones del ultravioleta próximo, de ahí que su percepción del color sea diferente y más rica en matices que la de los seres humanos. Sin embargo, pierden la capacidad de ver ciertos colores, como los anaranjados y los rojos.
Al otro lado del espectro visible está el infrarrojo. Muchas serpientes son capaces de verlo, y les resulta extraordinariamente útil, sobre todo a las que viven en el desierto. La capacidad de ver en esta longitud de onda les permite discriminar, entre el calor del medio, el perfil de los pequeños roedores que tienen la temperatura más alta o más baja que el entorno. Ver artículo completo »




