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Agotados los recursos en superficie, estos humanos insaciables parece que se han propuesto explotar las riquezas que se ocultan bajo el manto del océano. Nos hemos dado cuenta de que la mar es mucho más que pesca y petróleo, que existe todo un caudal de minerales, nutrientes, biotecnología, energías renovables… aun sin explotar.

El mar convertido, ni más ni menos, que en el motor que tire del carro de la depauperada economía europea. Así lo pone de manifiesto el Libro verde sobre el conocimiento del medio marino, donde se puede leer: “Nuestros océanos pueden dar el estímulo que necesitamos para que la economía avance (…) Pueden proveer la energía limpia que necesitamos para evitar una catástrofe climática. Pueden surtirnos de proteínas saludables. Pueden aportar fármacos y enzimas de organismos que habitan los mayores extremos de temperatura, luz y presión soportados por la vida. Y la creciente demanda mundial de materias primas hace cada vez más atractiva la minería submarina”. Ahora bien, el informe matiza que “para explotar ese potencial, necesitamos facilitar a las compañías la inversión. Tenemos que reducir los costes, los riesgos y estimular la inversión”. Ver artículo completo »

Con la crisis y el cambio climático parece que todo mengua. La falta de oxígeno (metafóricamente) nos ahoga a todos y también esa falta (literalmente) convertirá a los peces en un 20% más pequeños. Y no se piensen que en un futuro tan lejano que no lo verán sus ojos: apenas en 30 años, si no detenemos esta preocupante tendencia a provocar el calentamiento global.

Está claro que el oxígeno resulta imprescindible para la vida (a no ser que sea un organismo extremófilo) y como ya ocurriera hace millones de años con los insectos, las criaturas marinas se enfrentan a la encrucijada de una nueva extinción. Hace 30 años, Daniel Pauly, científico de la British University de Columbia, avanzó que existe una relación entre el tamaño de los peces y el suministro de oxígeno, de modo que cuando este se limita, se alteran los patrones normales de crecimiento de las especies marinas.

Según Pauly, para los peces supone un reto obtener el suficiente aporte de oxígeno a través del agua para crecer, sobre todo para las especies más grandes. Hoy nos alerta con una predicción catastrofista: su tamaño se reducirá en una cuarta parte si no se detiene el aumento de temperatura en el mar. Son los resultados del desarrollo de una aplicación informática sobre el modelo de crecimiento de 600 especies marinas en unas condiciones alteradas por el calentamiento del planeta que publica Nature Climate Change.

Pero si no les parece suficiente, quédense con otro vaticinio: el mundo entrará en bancarrota de agua. 2050 parece un año propio para augurar desgracias. Esta es la principal conclusión del estudio Sciencie-Policy Bridges over Troubled Waters, elaborado por el Instituto del Agua, Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) tras analizar más de 200 grandes proyectos mundiales relacionados con el mundo acuático.

La urbanización sin control, la actividad económica sin proteger el medio ambiente y, de nuevo, el aumento de la temperatura de las aguas que se registra en los océanos en los últimos años son los responsables de esta alarmante situación.

Según el informe, “nos encontramos ante una quiebra del agua en muchas regiones del mundo, con implicaciones para la seguridad alimentaria y energética, la adaptación a la variabilidad y el cambio climáticos, el crecimiento económico y problemas de seguridad humana”. Y concluye: “Ninguna región del mundo vive en actualidad en armonía con sus recursos acuíferos”.

De hecho, el documento subraya que en 2050 se producirá una grave escasez de agua en siete de las 10 principales cuencas fluviales de la Tierra. Estas zonas albergan a una cuarta parte de la población mundial y general en torno al 10% de la riqueza que se genera en el planeta.

Pues ustedes dirán que hacemos: ¿nos quedamos a esperar a ver cómo se nos encojen las probabilidades de seguir vivos?

Enrique Leite

La existencia de agua ha permitido la vida en el planeta, pero el proceso progresivo y continuo de acidficación de los océanos, fruto del aumento de las emisiones de CO2, puede acabar con ella. La acción del hombre puede ser más devastadora que la naturaleza, y en materia de destrucción vamos bastante por delante.

El aumento del calentamiento global puede provocar efectos más devastadores que la extinción del Cámbrico (hace más de 300 millones de años), cuando la mayoría de las especies que pisaba la Tierra desparecieron, según un estudio publicado por el Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia.

El calentamiento de la temperatura del océano en uno o dos grados se venía asumiendo como algo inocuo, pero en realidad afecta, y de qué modo, a la cadena de la vida, porque la capacidad de adaptación los organismos a estos cambios es más lenta que el incremento de las temperaturas.  Ver artículo completo »

El agua que cubre los océanos (en su origen) podría proceder de esa multitud de cometas que descargaron una lluvia de meteoritos que impactó sobre la Tierra hace … miles de millones de años. Inquietante afirmación. O dicho de otro modo, la vida en el planeta tiene su génesis en el espacio exterior y, por lo tanto, se pudiera decir que somos extraterrestres -al menos en parte-.

Esta nueva teoría sobre la formación de la vida, con todos los condicionales que ponen los científicos a la hora de hacer sus afirmaciones, se abre paso con fuerza desde principios de esta década tras los pormenorizados análisis de las muestras de rocas procedentes de la Luna traídas en las misiones Apolo a finales de los 60 y 70. Ver artículo completo »

Hespérides, en la expedición Malaspina. Foto de puratura.com

Por muy difícil que resulte entenderlo en los actuales tiempos de oscuridad -España bordea hoy la entrada el selecto club de países deudores conocido como PIGS (cerdos)-, en 1789 el Estado español dedicaba al desarrollo científico un presupuesto muy superior al de resto de naciones europeas. La monarquía absoluta de Carlos III gobernaba sobre un vasto e inhóspito territorio y el rey era un fanático de la ciencia, la técnica, los globos aerostáticos y las estrellas. Un monarca ilustrado, una rara avis en tiempos de decadencia.

Se financió una asombrosa cantidad de expediciones científicas a Nueva Granada, México, Perú y Chile, pero el más ambicioso y largo de aquellos viajes fue, sin duda, el que capitaneó Alejandro Malaspina. Una vuelta al mundo para cartografiar los océanos y poner nombres en español a las cosas y seres que habitan la Tierra. Durante cinco años, navegó por las costas de Suramérica hasta el río dela Plata, continuó hasta las islas Malvinas yla Patagonia. Dobló el Cabo de Hornos y pasó al Pacífico para subir hacia el norte, a lo largo de su costa, y alcanzar Acapulco, en México.  Ver artículo completo »

Una de las claves de nuestro éxito como especie está en que, decenas de miles de años atrás, salimos de nuestro hogar africano y colonizamos la mayor parte del planeta. Incluso muchas islas lejanas.

Cada vez se acumulan más evidencias sobre la importancia que la navegación tuvo en nuestra dispersión. Antes de la Edad del Bronce, mucho antes de la del Hierro, nuestros ancestros ya se hacían a la mar. Y no solo se trataba de alcanzar una costa cercana montado en un simple tronco. Eran verdaderas navegaciones de altura en mares peligrosos. Incluso parece que el Homo erectus fue capaz de conquistar los mares.

Pero… ¿cómo navegar tan lejos disponiendo apenas de simples canoas?

Un sorprendente mensaje de radio recibido por el servicio de salvamento marítimo neozelandés puede ayudarnos a desvelar el misterio:

“Aquí kayak 1, ¿me reciben? Cambio. Tengo una emergencia a bordo de un kayak a 30 millas de Milford Sound y necesito que me rescaten. Mi kayak se está hundiendo y yo estoy en el agua ahogándome…”  Ver artículo completo »

El coral puede desaparecer a causa del cambio climático

 

Hasta que los portugueses doblaron el cabo Bojador, pocos años antes de que se inaugurara la era de los grandes descubrimientos del siglo XVI, los humanos creían firmemente en teorías tan extravagantes como que más allá de este punto la temperatura de las aguas derretía los navíos y la vida submarina resultaba imposible.

Las viejas leyendas se hacen realidad y asistimos con pasividad a la subida de las temperaturas de los océanos, otra perversa consecuencia del cambio climático. Se asume erróneamente que la fortaleza del ecosistema marino cuenta con un grado de invulnerabilidad y un margen de maniobra que permiten a la vida desarrollarse sin problema alguno entre la frialdad de la corriente Antártica y la calidez de las aguas del Caribe.

Se asume que el océano es capaz de diluir cualquier alteración térmica y que suba uno o dos grados su temperatura no entraña peligro. Pero los efectos del calentamiento global sobre el océano desmienten esta imagen. Relativamente pronto se podrían alcanzar temperaturas no experimentadas desde hace un millón de años. Ver artículo completo »

Cuando hablamos de cambio climático, pocos dirigen su mirada hacia el mar, al daño irreparable que está produciendo en el océano el incremento de las emisiones de dióxido  de carbono y sus consecuencias para el equilibrio de la vida en el planeta.

La mitad de la fotosíntesis que se produce tiene lugar bajo la superficie marina y gracias a ella la vida es posible: por una parte, se libera oxígeno y por otra, captura CO2. Es decir, el mar modula el cambio climático a través de la captura y distribución de una buena parte del calor absorbido por la superficie del planeta y mediante el secuestro del exceso de CO2 atmosférico.

Esta trampa biológica, mediante la cual el CO2 queda atrapado en materia orgánica liberándose oxígeno, condiciona la productividad de los sistemas marinos, su biodiversidad y su riqueza natural. Y las condiciones en que se realiza este proceso se están alterando.

Hasta mediados de los cincuenta, se atribuía el efecto invernadero exclusivamente a la presencia de vapor de agua en la atmósfera. Se creía que cualquier exceso de emisiones de CO2 sería absorbido por procesos naturales. Ver artículo completo »

La naturaleza es sabia y, como venganza, hace que nos comamos nuestra propia basura. Solo en el Mediterráneo, cuatro de cada cinco objetos que contiene el mar son trozos de plástico (17 veces el total del pescado y marisco capturado por la flota española). A menudo, las redes de los arrastreros suben más plástico que pescado.

Pero eso no es lo más grave. Buena parte de este residuo se encuentra en el interior del cuerpo de los animales marinos, desde las ballenas hasta los diminutos organismos zooplanctónicos.

Se ha encontrado en las vísceras de la mitad de las especies marinas. 80 especies de cetáceos (ballenas y delfines) tienen plástico en su interior. También abunda en las aves (un examen a 3.000 fulmares mostró que el 95% de ellos tenía alrededor de 20 gramos de plástico en el estómago). Aparece en  el 35% de los peces. Incluso en las medusas y el pláncton. Ver artículo completo »