Comer, beber y… ya imaginan, practicar sexo. Son tres actividades básicas que se focalizan en una zona de nuestro cerebro que se denomina genéricamente sistema de recompensa. Nadie nos recompensa por eso, que quede claro, ya le gustaría a algunos que se dejan tentar por alguno de los pecados capitales. Tan solo es que se activan en esta parte de nuestra cabeza una serie de hormonas que nos provocan sensaciones placenteras.
Y como el equilibrio parte por producir una dosis adecuada de estas sensaciones y todos pretendemos vivir en armonía, las buscamos de manera más o menos continuadamente. Todo eso sucede en el núcleo accumbes. Esta estructura cerebral está siendo objeto de numerosos estudios neurológicos para conocer, además de las actividades descritas, qué otro tipo de acciones lo ponen a producir hormonas. Ver artículo completo »













