Con una sola mirada somos capaces de confiarnos a un extraño. Para unos, es una cuestión de química que hace que reconozcamos a ese alma gemela al instante, mientras que para otros, responde a patrones que tienen que ver con los rasgos fisionómicos de cada persona.
Porque, además de ver, percibimos, es decir, procesamos todo ese conjunto de información que captan los ojos y recibimos sensaciones. Unas sensaciones que pueden ser determinantes a la hora de categorizar todo ese volumen de información. Y de las sensaciones percibidas, la confianza o no que nos transmita un sujeto o un objeto puede resultar fundamental para interactuar con él.
Comentado lo comentado, no resulta extraño que haya grupos de científicos que se dediquen a estudiar este tipo de reacciones y se embarquen en investigaciones que tengan como objeto encontrar pautas comunes que puedan hacer entender la conducta de los humanos —que, como los romanos de las historietas de Asterix, “están locos”—. Ver artículo completo »






