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Gerty y Carl Cori, trabajando en su laboratorio

Gerty Cori tiene muchas cosas en común con el resto de científicas que estamos dando a conocer en esta publicación: una pasión irrefrenable por la ciencia, un dedicación exhaustiva a la investigación para mejorar la calidad de vida del ser humano, una capacidad de lucha sin límite contra las adversidades y un Premio Nobel. Por supuesto, también tuvo que enfrentarse al ninguneo del sector masculino académico, con la excepción de su marido, Carl, con quien siempre formó equipo y quien siempre la apoyó en el trabajo.

Nacida en Praga en 1896, de padre químico de formación y de madre amiga del genial escritor Franz Kafka, desde pequeña tuvo claro que de mayor quería ser médico. Con 24 años, ya era doctora en Medicina. Dos años más tarde, emigraba a Estados Unidos con su marido, huyendo de la miseria provocada por la Primera Guerra Mundial. No llegaron a la vez a su destino: a ella le costó conseguir el permiso de trabajo necesario para entrar en el país del que luego adoptaría la nacionalidad.  Ver artículo completo »

Francia. Siglo XVIII. Luis XIV, el Rey Sol, gobierna sobre el mundo. Versalles, la corte del Borbón, es el centro del mundo occidental. Bajo este escenario, sería fácil suponer que la hija del introductor de embajadores del monarca disfrutara de una existencia adornada de placeres mundanos.

Pero Gabrielle Emilie de Breteuil, marquesa de Châtelet (1706-1749), prefirió cobijarse bajo la pequeña sombra de la Ilustración y el conocimiento intelectual. Sus salones no solo irradiaban discusiones sobre ópera o literatura, también fueron foco de apasionados debates sobre los avances científicos o filosóficos del momento: se abría el tiempo de La Razón.

El matrimonio y la maternidad no aplacaron las ansias por saber de esta mujer, que a los 10 años leía a Cicerón, estudiaba Matemáticas y Filosofía (Descartes marcó su modo de pensar), hablaba tres idiomas y traducía a los clásicos. Tuvo como preceptores a Pierre Louis Moreau de Maupertuis (quien demostró que la Tierra se achataba en los Polos), Clairaut (a quien llamó “su maestro en geometría y su iniciador en astronomía”) o Koenig.  Ver artículo completo »

Desde los 10 años se inclinó por la Química. Dorothy Crowfoot lo tenía claro, y eso que optaba con el atractivo de ayudar a su padre en las excavaciones arqueológicas en Egipto… Todo un mundo por descubrir.

Estamos en la primera década del siglo XX y el Imperio Británico gozaba de todo su esplendor. Mary Anne  Hood y John Crowfoot tienen a la pequeña Dorothy en El Cairo, donde John desempeñaba un puesto en el Departamento de Educación de Egipto. Los siguientes 15 años, los Crowfoot los pasarían entre Egipto y Sudán, aunque las hijas del matrimonio recibieron instrucción en Norfolk, limitando sus estancias en Oriente Medio a los periodos de estío.

Precisamente, fue en Sudán, donde desarrolló su vocación científica. Un amigo de la familia facilitó a Dorothy una serie de productos químicos para analizar la ilmenita. Desde ese momento, su camino estaba trazado hacia la consecución del Nobel.  Ver artículo completo »

La tradición familiar puede resultar una pesada losa de la que hay personas que no logran desembarazarse en toda su vida. Para otros es una señal que marca un camino a seguir para desarrollarse y alcanzar la plenitud profesional. Y solo son unos pocos los que pueden enorgullecerse de pertenecer a una familia de largo recorrido en un campo concreto y, encima, lograr la gloria. Es el caso de Maria Goeppert-Mayer, premio Nobel de Física en 1963.

Formar parte de una dinastía de científicos es algo realmente raro en este mundo y Mayer constituye la séptima generación de profesores universitarios (un apellido ligado a la ciencia, en diferentes disciplinas, ininterrumpidamente durante más de 200 años). Polaca de nacimiento (Katowice,1906), de notable inteligencia, Maria mostró desde pequeña inclinaciones por el estudio y la investigación, que la encaminaron primero a las Matemáticas y luego a la Física, carrera que cursó en la Universidadde Göttiengen. Lo que no se podrá determinar nunca es cuánta culpa tuvo una sentencia que machaconamente le repetía su padre: “Nunca seas solo un mujer”.

Aun así, para una mujer, tener una formación académica de alto grado en el primer cuarto del siglo XX no era una cuestión sencilla. A los 24 años se licenció. Eran tiempos en los que la Física estaba sometida a grandes cambios y descubrimientos: de partículas, de reacciones atómicas, de los primeros aceleradores (eran los albores de la física cuántica). Su tesis ya constituyó una aportación a este campo: elaboró una teoría sobre la energía emitida por los electrones.  Ver artículo completo »

El 16 de junio de 1963, la soviética Valentina Tereshkova se convierte en leyenda. A bordo del Vostok 6, es la primera mujer en viajar al espacio. Durante casi 71 horas, gira 48 veces alrededor de la Tierra. Para cuando regresa, en medio de un lago de Kazajistán, tiene claro que su objetivo es repetir la experiencia cuanto antes.

Valentina Tereshkova nació en 1937 en un pequeño pueblo de Rusia, en una familia de humildes campesinos. Ella misma no pudo estudiar hasta los ocho años, porque tenía que trabajar para ayudar a sostener a la familia. El padre, conductor de tractor, había muerto en la Segunda Guerra Mundial, cuando ella tenía poco más de tres años. Valentina era la segunda de tres hermanos, uno de los cuales aun no había nacido cuando se quedó sin padre.

De fuertes convicciones comunistas, la joven Tereshkova comienza a ascender en las juventudes del partido en Yaroslav, adonde la familia se había mudado tras la muerte del padre. Al mismo tiempo, compagina los estudios de Ingeniería Técnica Industrial con el trabajo en una fábrica textil. Es entonces cuando descubre su gran pasión, la que le acompañará toda la vida: volar.  Ver artículo completo »

Como tantas mujeres que dedicaron su vida a la ciencia, a la estadounidense Barbara McClintock le costó que se le reconocieran los méritos logrados en sus investigaciones. Hoy se la considera una figura indispensable en el desarrollo de la genética, y sus descubrimientos le valieron el Premio Nobel de Medicina en 1983, el primero que conseguía una mujer de forma individual en esta categoría. Sin embargo, el camino para lograr los laureles del éxito no fue precisamente sencillo.

Nacida en Connecticut en 1902, tuvo que oponerse a la voluntad de su madre, que no veía con buenos ojos que la joven Barbara estudiase en la universidad. Podía dificultarle el encontrar un buen marido, pensaba. Aun así, McClintock se matriculó enla Universidadde Cornell, en la escuela de Botánica, de donde saldría con el título de licenciada en Ciencias y una pasión por la genética, a la que dedicaría el resto de su vida.

Tras finalizar sus estudios, Barbara McClintock comienza sus trabajos sobre la citogenética del maíz. Uno de sus logros fue desarrollar una nueva técnica para visualizar cromosomas usando tinción de carmín. Con esta metodología, consigue describir la morfología de los diez cromosomas del maíz. Aun no había cumplido 30 años.  Ver artículo completo »

Diseases mongering es la actual forma de medicalización. Se define como el trabajo de expansión de las compañías farmacéuticas, que utilizan como estrategia la ampliación del número de enfermedades y enfermos, más allá de lo que la evidencia científica puede justificar.

Es un problema extravagante para la salud pública. Actúa en detrimento de las personas ya que convierte a sanos en pacientes, causa daño iatrogénico -provocado por los medicamentos- y desaprovecha recursos valiosos.

Son campañas basadas en la defensa de una serie de fármacos para los estilos de vida. Los ejemplos más palmarios son los productos de adelgazamiento. Asimismo, se promociona  la ansiedad sobre el futuro estado de salud-enfermedad en los individuos sanos, también llamada medicina del riesgo o risk-factorology.

Una de las estrategias consiste en redefinir la enfermedad en función del resultado de una prueba, como la que mide la densidad mineral ósea. En función de ello se identifica la existencia o no de osteoporosis. La osteoporosis no es una enfermedad, sino uno de los factores de riesgo de fractura ósea, y su prevención no necesita tratamiento en la mayoría de los casos.  Ver artículo completo »

En ocasiones, un libro genera un movimiento en cadena que se propaga a lo largo de los años de forma imparable. Cuando esto sucede, las consecuencias se acaban conociendo en su totalidad años después de que se publique; incluso puede suceder que el efecto se produzca tras la muerte del autor o autora. Uno de los casos paradigmáticos de esta situación es el de La primavera silenciosa, de Rachel Carson, el libro que dio el pistoletazo de salida al movimiento medioambiental a escala masiva.

Bióloga marina de profesión y autora de varios volúmenes sobre la vida en el mar, la estadounidense Rachel Carson se ganó el puesto en el Olimpo de la ciencia al conseguir revertir la tendencia imperante en cuanto al uso de pesticidas para controlar plagas de insectos en zonas de cultivos. Su libro, publicado en 1962, cuando tenía 55 años, generó un intenso debate entre la clase política y empresarial pero, sobre todo, consiguió que el ciudadano corriente se interesase por cosas que, hasta entonces, le causaban indiferencia.  Ver artículo completo »

Fotografía 51, de Rosalind Franklin, clave para descubrir la estructura del ADN

En 1962 se concedía el Premio Nobel de Medicina a los británicos Francis Crick, James D. Watson y Maurice Wilkins “por sus descubrimientos concernientes a la estructura de los ácidos nucleicos y su importancia para la transferencia de la información genética”. Los dos primeros habían desvelado la estructura de doble hélice del ADN, mientras que el tercero había aportado su trabajo previo de investigación y recopilación de datos. Sin embargo, ninguno de ellos habría obtenido los resultados necesarios para elaborar su teoría sin la aportación de Rosalind Franklin, biofísica y cristalógrafa que había sido su compañera en el King’s College de Londres durante dos años.

Ninguno la citó en el discurso de aceptación del premio, y solo la confesión tardía de Francis Crick posibilitó que, años después, el nombre de la mujer figurase en la lista de eminencias que llevaron a la carrera genética varios pasos más allá de donde estaba. A Rosalind la condenó el machismo dominante en la época, que limitaba la participación activa de las mujeres en la Universidad (incluso tenían vetado comer en el comedor principal de la institución y estaba limitado el número de ellas que podían doctorarse), así como sus costumbres y manera de ser desinhibida, influida por una estancia previa en París, que chocaban con la esencia británica de sus compañeros de laboratorio. Ver artículo completo »

Foto Carmen Romero

En la agenda sanitaria y social del siglo XX, apenas había hueco para el problema del maltrato a la mujer. Es sólo en la última década que por fin la sociedad española despertó de una ominosa amnesia de milenios y vio con claridad cuánto sufrimiento han infligido los hombres a las mujeres.

Maltratar a una mujer no es sólo agredirla físicamente. Todavía es frecuente que en consejos de administración, entre equipos directivos, en universidades u hospitales, los superiores hagan comentarios sobre la vestimenta o belleza de sus empleadas o colaboradoras. Aun en apariencia elogiosas, las más de las veces no son espontáneos comentarios entre compañeros, sino que pretenden una sutil forma de humillación. Y cuando un jefe humilla a un subordinado, su verdadero propósito es conseguir la sumisión. Por eso, este tipo de actitudes claramente machistas deben ser repudiadas y puestas también sobre el tapete como exponentes de un rancio modo de ser a extinguir.  Ver artículo completo »