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Ada Yonath impartiendo la conferencia “El increíble ribosoma”. Foto de gedankenstuecke

La trayectoria vital y profesional de Ada Yonath es una historia de superación ante problemas que harían rendirse a muchos. Su constancia a la hora de estudiar cuando el entorno no era favorable y de mantener durante décadas una investigación en la que pocos dentro de la comunidad científica creían la ha llevado a estar más cerca que nadie de la esencia de la vida y a recibir el Premio Nobel.

Cuando nació en 1939 en Jerusalén, hija de una familia de escasos recursos económicos y sin estudios, pocos podrían haber sospechado que Ada Yonath acabaría siendo una eminencia del campo de la Química. Los precedentes familiares, según ella misma ha revelado, no daban el perfil de quien se dedica a la ciencia: padre rabino, que solo había estudiado sobre religión judía, y madre ama de casa entrenada para ello desde pequeña. Ambos, con lo justo para vivir. Pero Ada, desde pequeña, tenía curiosidad por el conocimiento.

A pesar de las carencias económicas, los padres de Ada siempre apoyaron su decisión de estudiar. El padre, de salud precaria y asiduo de los hospitales, falleció cuando ella solo tenía 11 años, lo que debilitó aun más las finanzas domésticas. La niña tuvo que ponerse a trabajar para ayudar a la madre, limpiando casas o cuidando niños, pero no por ello desistió en su empeño de estudiar.  Sigue leyendo

Foto de Ivan Rumata

Hace justo un año, abríamos al público esta revista online con la intención de ayudar a difundir el conocimiento científico entre el público general, sin rebajar el rigor ni la calidad de los textos e imágenes. Los primeros lectores que entraron en Más que Ciencia se encontraron con un artículo por sección, fechados desde el día 5 del mismo mes: era nuestra manera de arrancar con una pequeña muestra de todo lo que pretendíamos ofrecer en adelante. Creemos que no nos ha salido mal del todo, aunque el veredicto final es cosa vuestra, de los que nos seguís a diario o esporádicamente.

Más que Ciencia nacía con cinco secciones que abordaban la ciencia desde distintos ángulos. Purasangres y Cerdos, donde va incluido nuestro primer artículo, era y es el espacio para explicar la genética y la evolución con un punto de vista en ocasiones particular. Una muestra de esto son los dos posts más leídos a día de hoy dentro de la sección: Las leyes de la atracción y El error genético del Tea Party.

Como publicación comprometida con nuestro planeta y con el ser humano, era necesario mantener un espacio para escribir sobre medio ambiente y cambio global. Aunque Tiempos de Cambio ha tenido una frecuencia de actualización variable, artículos como la primera parte dedicada a contar la maldición de los humanos y el final de la serie sobre el poder destructor del agua también aparecen entre los textos que más han llamado la atención.  Sigue leyendo

Foto de Dennis Wong

De entre los cinco sentidos, es probable que el olfato esté considerado por la mayoría de la gente como secundario. Le prestamos atención en momentos concretos: cuando algo huele muy bien o, por el contrario, de forma desagradable. Pero la mayoría del tiempo no estamos pendientes de él. No ocurre como con la vista, el oído e incluso el tacto, de los que somos plenamente conscientes todo el tiempo. Y si uno falla, enseguida nos alarmamos. Con el olfato no sucede lo mismo.

Es posible que por este motivo, se haya tardado tanto tiempo en conocer el funcionamiento del olfato. Cómo está estructurado el proceso que lleva al cerebro a interpretar un determinado olor. La descubridora de este mapa del proceso olfativo fue Linda Buck, cuyo trabajo de investigación que llevó a la identificación de los receptores olfativos sirvió para que ganase el Premio Nobel de Medicina en 2004. Buck había desentrañado los secretos de este sentido tan solo 13 años antes, en 1991.  Sigue leyendo

Foto de kasamaproject.org // copyright

A Rafael Lluch

La Guerra Fría y la carrera armamentística en la que derivó ha reservado un papel preponderante a los varones. La historia y la ficción, cuando nos referimos a las intrigas de espionaje, agentes dobles, héroes o villanos, se escribe en masculino, relegando a las mujeres a meras comparsas, bien como pobres bailarainas engañadas —del tipo Mata Hari— bien como exhuberantes chicas Bond. Pero nada más lejos de la realidad.

Ni este periodo, que abarca ampliamente la segunda mitad del siglo XX, se ha dividido entre estadounidenses y soviéticos, ni los grandes espías pertenecieron al selecto club de los machos, ni los claustros de universidades o laboratorios estaban plagados de ingenieros, investigadores o científicos dispuestos a vender sus secretos al mejor postor o ponerlos al servicio de un ideal. Por empezar por lo del género, el despertar de China como potencia nuclear se debe a una mujer, Joan Hinton, de Wisconsin (EE UU) por más señas. Sigue leyendo

Algunos frisos arquitectónicos del primer gótico representan a Eva saliendo, literalmente, del costillar de Adán. Asomada por el lateral atiende a Dios, que la recibe, mientras Adán echa una cabezadita. En esos relieves se hacen más precisas, si cabe, las palabras del Génesis “Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre”. Algo así como un alumbramiento excepcional (como lo de la virgen).

Que la mujer sea resultado de una extracción del cuerpo del hombre no sólo es inaudito, sino que contraviene a la misma naturaleza, que demuestra con cada nacimiento que la vida se genera en la mujer. Pero todo quedaría en una reivindicación feminista más contra el patriarcado eclesiástico si no fuera porque la ciencia ha corroborado que, en el origen, todos fuimos féminas. Sigue leyendo

Gerty y Carl Cori, trabajando en su laboratorio

Gerty Cori tiene muchas cosas en común con el resto de científicas que estamos dando a conocer en esta publicación: una pasión irrefrenable por la ciencia, un dedicación exhaustiva a la investigación para mejorar la calidad de vida del ser humano, una capacidad de lucha sin límite contra las adversidades y un Premio Nobel. Por supuesto, también tuvo que enfrentarse al ninguneo del sector masculino académico, con la excepción de su marido, Carl, con quien siempre formó equipo y quien siempre la apoyó en el trabajo.

Nacida en Praga en 1896, de padre químico de formación y de madre amiga del genial escritor Franz Kafka, desde pequeña tuvo claro que de mayor quería ser médico. Con 24 años, ya era doctora en Medicina. Dos años más tarde, emigraba a Estados Unidos con su marido, huyendo de la miseria provocada por la Primera Guerra Mundial. No llegaron a la vez a su destino: a ella le costó conseguir el permiso de trabajo necesario para entrar en el país del que luego adoptaría la nacionalidad.  Sigue leyendo

Francia. Siglo XVIII. Luis XIV, el Rey Sol, gobierna sobre el mundo. Versalles, la corte del Borbón, es el centro del mundo occidental. Bajo este escenario, sería fácil suponer que la hija del introductor de embajadores del monarca disfrutara de una existencia adornada de placeres mundanos.

Pero Gabrielle Emilie de Breteuil, marquesa de Châtelet (1706-1749), prefirió cobijarse bajo la pequeña sombra de la Ilustración y el conocimiento intelectual. Sus salones no solo irradiaban discusiones sobre ópera o literatura, también fueron foco de apasionados debates sobre los avances científicos o filosóficos del momento: se abría el tiempo de La Razón.

El matrimonio y la maternidad no aplacaron las ansias por saber de esta mujer, que a los 10 años leía a Cicerón, estudiaba Matemáticas y Filosofía (Descartes marcó su modo de pensar), hablaba tres idiomas y traducía a los clásicos. Tuvo como preceptores a Pierre Louis Moreau de Maupertuis (quien demostró que la Tierra se achataba en los Polos), Clairaut (a quien llamó “su maestro en geometría y su iniciador en astronomía”) o Koenig.  Sigue leyendo

Desde los 10 años se inclinó por la Química. Dorothy Crowfoot lo tenía claro, y eso que optaba con el atractivo de ayudar a su padre en las excavaciones arqueológicas en Egipto… Todo un mundo por descubrir.

Estamos en la primera década del siglo XX y el Imperio Británico gozaba de todo su esplendor. Mary Anne  Hood y John Crowfoot tienen a la pequeña Dorothy en El Cairo, donde John desempeñaba un puesto en el Departamento de Educación de Egipto. Los siguientes 15 años, los Crowfoot los pasarían entre Egipto y Sudán, aunque las hijas del matrimonio recibieron instrucción en Norfolk, limitando sus estancias en Oriente Medio a los periodos de estío.

Precisamente, fue en Sudán, donde desarrolló su vocación científica. Un amigo de la familia facilitó a Dorothy una serie de productos químicos para analizar la ilmenita. Desde ese momento, su camino estaba trazado hacia la consecución del Nobel.  Sigue leyendo

La tradición familiar puede resultar una pesada losa de la que hay personas que no logran desembarazarse en toda su vida. Para otros es una señal que marca un camino a seguir para desarrollarse y alcanzar la plenitud profesional. Y solo son unos pocos los que pueden enorgullecerse de pertenecer a una familia de largo recorrido en un campo concreto y, encima, lograr la gloria. Es el caso de Maria Goeppert-Mayer, premio Nobel de Física en 1963.

Formar parte de una dinastía de científicos es algo realmente raro en este mundo y Mayer constituye la séptima generación de profesores universitarios (un apellido ligado a la ciencia, en diferentes disciplinas, ininterrumpidamente durante más de 200 años). Polaca de nacimiento (Katowice,1906), de notable inteligencia, Maria mostró desde pequeña inclinaciones por el estudio y la investigación, que la encaminaron primero a las Matemáticas y luego a la Física, carrera que cursó en la Universidadde Göttiengen. Lo que no se podrá determinar nunca es cuánta culpa tuvo una sentencia que machaconamente le repetía su padre: “Nunca seas solo un mujer”.

Aun así, para una mujer, tener una formación académica de alto grado en el primer cuarto del siglo XX no era una cuestión sencilla. A los 24 años se licenció. Eran tiempos en los que la Física estaba sometida a grandes cambios y descubrimientos: de partículas, de reacciones atómicas, de los primeros aceleradores (eran los albores de la física cuántica). Su tesis ya constituyó una aportación a este campo: elaboró una teoría sobre la energía emitida por los electrones.  Sigue leyendo

El 16 de junio de 1963, la soviética Valentina Tereshkova se convierte en leyenda. A bordo del Vostok 6, es la primera mujer en viajar al espacio. Durante casi 71 horas, gira 48 veces alrededor de la Tierra. Para cuando regresa, en medio de un lago de Kazajistán, tiene claro que su objetivo es repetir la experiencia cuanto antes.

Valentina Tereshkova nació en 1937 en un pequeño pueblo de Rusia, en una familia de humildes campesinos. Ella misma no pudo estudiar hasta los ocho años, porque tenía que trabajar para ayudar a sostener a la familia. El padre, conductor de tractor, había muerto en la Segunda Guerra Mundial, cuando ella tenía poco más de tres años. Valentina era la segunda de tres hermanos, uno de los cuales aun no había nacido cuando se quedó sin padre.

De fuertes convicciones comunistas, la joven Tereshkova comienza a ascender en las juventudes del partido en Yaroslav, adonde la familia se había mudado tras la muerte del padre. Al mismo tiempo, compagina los estudios de Ingeniería Técnica Industrial con el trabajo en una fábrica textil. Es entonces cuando descubre su gran pasión, la que le acompañará toda la vida: volar.  Sigue leyendo

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