Basta con juntar dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno para tener agua. Así de simple y así de complejo a la vez. También bastaría con cambiar la temperatura de la atmósfera para que esa humedad ambiental se solidificase y pasase a ser agua. Sobre el papel, también parece fácil.
Han tenido que pasar varios años de investigación para que esto sea una realidad. Al menos, un prototipo se ha probado con éxito en Abu Dabi y se han obtenido cerca de mil litros de agua al día. Si la técnica se comercializa con éxito, estaríamos en el umbral de una auténtica revolución que podría llevar la vida, es decir el agua, a zonas desérticas o semidesérticas.
El prototipo diseñado por la empresa Eole Water consiste en una turbina (un molino de viento) formada por una torre de 34 metros de altura donde está instalado un rotor de 13 metros de diámetro. Para que se mueva, precisa de una velocidad del viento que supere los 24,14 kilómetros por hora. Produce 30 kW de potencia, que son los que resultan imprescindibles para que el sistema sea autónomo.




