Si hablamos de animales, a la mayoría, seguro, le asaltaran imágenes de mamíferos adorables, ya sean salvajes, como osos y koalas, o domésticos, como gatos y perros. En general, tenemos una imagen de ellos adorables, por su aspecto o por sus cualidades como animales de compañía. Ahora bien, si mencionamos la palabra insectos… la cosa cambia.
Quitando a las mariposas o a las mariquitas de siete puntos, suelen, en el mejor de los casos, ofrecernos sensaciones amenazantes —su aspecto desde luego no les acompaña— cuando no de repugnancia, como es el caso de las cucarachas, desgraciadamente tan familiares como rechazadas. Aun así, del mundo de los insectos aprendemos y sus mecanismos de adaptación sacamos provecho continuamente.
Sobre las cuquis existe abundante literatura, alguna basada en hechos comprobados y otra no tanto. Por ejemplo, que pueden ser supervivientes a una guerra nuclear o que pueden vivir una semana sin cabeza (a quién se le habrá ocurrido hacer esto…). Salvajadas aparte, que un organismo pueda vivir tanto tiempo sin su primitivo cerebro implica que alguien le tendrá que ayudar a sobrevivir en esta circunstancia tan particular, ¿no creen? Adentrémonos en su particular mundo. Ver artículo completo »












