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¿A cuántos hombres les han acusado alguna vez de “comerse con los ojos” algún ejemplar del sexo opuesto? Sin embargo, investigadores de cuestiones sexuales afirman que las mujeres admiran el cuerpo masculino tanto o incluso más que los hombres, pero gracias a su visión periférica ¡no son pilladas in fraganti! Hombres y mujeres no solo vemos diferente, también fijamos nuestra atención de distinto modo.

Además de disponer de un mayor número de células cónicas en la retina —las responsables de detectar el color—, las mujeres gozamos de una visión periférica más amplia que los hombres. La estructura cerebral de la mujer permite un ángulo de visión de al menos 45° por cada lado y por encima y por debajo de la nariz, así que se puede decir que muchas mujeres tenemos ojos en la nuca. Ver artículo completo »

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Seguro que usted ha sido víctima o protagonista en algún momento de su vida en pareja de una frase como esta. Cuando esto ocurre, el sujeto mira de arriba abajo y, alarmado, tantea: “¿El vestido?… ¡No! ¿El pelo?… ¡No! ¡Los zapatos!”, exclama nervioso ante la mirada incrédula de su partenaire.

Bien, pues resulta que el culpable de este despropósito no es ni el desinterés ni mucho menos la tan trillada insensibilidad masculina. Los científicos han descubierto al fin que es cierto: hombres y mujeres vemos el mundo de forma diferente. Este desajuste visual tiene su origen en el mayor número de hormonas masculinas, que confiere a nuestros oponentes una receptibilidad distinta. Gracias a ellas los varones, detectan fácilmente los estímulos de movimiento rápido, mientras que nosotras discriminamos y diferenciamos con mayor exactitud las gamas de colores. Ver artículo completo »

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Con una sola mirada somos capaces de confiarnos a un extraño. Para unos, es una cuestión de química que hace que reconozcamos a ese alma gemela al instante, mientras que para otros, responde a patrones que tienen que ver con los rasgos fisionómicos de cada persona.

Porque, además de ver, percibimos, es decir, procesamos todo ese conjunto de información que captan los ojos y recibimos sensaciones. Unas sensaciones que pueden ser determinantes a la hora de categorizar todo ese volumen de información. Y de las sensaciones percibidas, la confianza o no que nos transmita un sujeto o un objeto puede resultar fundamental para interactuar con él.

Comentado lo comentado, no resulta extraño que haya grupos de científicos que se dediquen a estudiar este tipo de reacciones y se embarquen en investigaciones que tengan como objeto encontrar pautas comunes que puedan hacer entender la conducta de los humanos —que, como los romanos de las historietas de Asterix, “están locos”—.  Ver artículo completo »

Si hay un órgano del cuerpo humano que ha sido glosado con profusión en poemas y letras de canciones de amor sin duda es el ojo. Parece que ante la mirada de unos ojos grandes y almendrados –ya sean negros, azules o verdes— no podemos resistirnos. Pero también reflejan inocencia, picardía o malicia. Sea como fuere, actúan como un auténtico imán para nuestros sentimientos.

Los test psicológicos reflejan que los ojos grandes, de formas redondeados y coronados con unas grandes pupilas denotan ideas de emoción o excitación sexual, es decir, son portadores de un mayor atractivo (algo que por cierto ha sido explotado hasta la saciedad por los creativos publicitarios. Una mirada que exprese calidez o emoción se traslada al producto que hay que vender).

Y si esa mirada es acompañada por una sonrisa… a derretirse. Porque no hay nada que desarme más que una sonrisa. ¿Patrones culturales adquiridos por los humanos o respuestas biológicas comunes a todas las especies? Ver artículo completo »