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La posidonia del Mediterráneo es una especie en peligro. Foto de alessiodl

Un sencillo ejercicio de bricolaje doméstico en Mónaco a mediados de los ochenta, dotar a un acuario de un bonito aspecto, es uno de los detonantes de las mayores plagas que amenazan a las colonias de posidonia en el Mediterráneo, con la consecuente amenaza de catástrofe ecológica.

El aficionado y voluntarioso amante del mar probó a mezclar dos tipos de caulerpas, seguramente sin saberlo, que dieron paso a un híbrido que tras un vertido accidental prolifera de manera absolutamente exitosa, invadiendo y aniquilando a la posidonia.

Las posidoniáceas son una familia de plantas que forman parte de los denominados pastos marinos y solo existen en el Mediterráneo. Sus hojas, verdes y alargadas, forman grandes praderas en el fondo del mar.

Juega un papel fundamental en el ecosistema: numerosas especies se alimentan de ellas y, además, encuentran su morada entre sus hojas. Asimismo, esta planta es capaz de multiplicar la superficie del suelo entre 20 y 50 veces; es decir, que en un metro cuadrado de suelo donde haya posidonia los animales disponen de 20 a 50 metros cuadradospara establecerse.  Ver artículo completo »

Uno de los aspectos más interesantes de la dieta que tomamos los españoles está en la riqueza de productos que consumimos. Hortalizas, legumbres, frutas, carnes, pescados… Amplia variedad de alimentos cocinados con originalidad, ingenio y creatividad, que forman parte de nuestra cultura culinaria, la tradicional, la que pasaba de abuelas a madres.

Dieta que, genéricamente, se conoce como mediterránea y que, por sus condiciones cardiosaludables, ha pasado a considerarse como ejemplo de alimentación frente a otras, como la macrobiótica, que en su momento también gozó de una buena prensa.

Estos hábitos saludables, en las sociedades más avanzadas, van acompañados de otros, como someterse de cuando en cuando una serie de pruebas y analíticas para comprobar nuestro estado de salud.  Ver artículo completo »

Central nuclear de Fukushima, tras la explosión. Foto de DigitalGlobe-Imagery

Sumidos en plena incertidumbre por el futuro de las tres centrales nucleares de Fukushima y en medio de la oportunidad o no de abrir un debate sobre la energía nuclear y su seguridad, las matemáticas nos dan la certeza de que cualquier sistema complejo fallará en algún momento.

Los sucesos con baja probabilidad ocurren si la frecuencia es suficiente. Y las nucleares alguna vez fallarán, así que en la esencia del debate nuclear está en asumir o no si la humanidad está dispuesta a pagar cáncer por energía (que en la actualidad se asimila a progreso o estándar de vida occidental).

Aunque ahora parece que toca minimizar el problema, o por lo menos no hacer discursos alarmistas, no debemos olvidar que el riesgo nuclear es global. Si al final se confirma la catástrofe de Fukushima, sin duda los que pagarán el mayor precio son los japoneses, y cuanto más cerca de la central peor.  Ver artículo completo »

Polifemo, el temible cíclope que aterrorizó a Ulises con la mirada de su único ojo desde el centro de su gran cabezota, es el resultado de la imaginación calenturienta de un embustero Ulises que, al volver a casa después de vagar por el mundo durante más de 20 años, sin duda tuvo que dar muchas explicaciones por su inexplicable retraso. Pero Ulises no inventó tanto como pudiera parecer a primera vista.

En sus correrías, pasó un tiempo en Sicilia (los temibles escollos y remolinos Escila y Caribdis se hallan en el difícil Estrecho de Mesina). Y en las cuevas de la isla aparecen abundantes esqueletos de gigantes con grandes cráneos… y una única cavidad en el centro de la cara: son los fósiles de los cíclopes.

Durante el siglo XX, en la cueva de Spinagallo, prácticamente al lado de Siracusa, se encontraron cientos. En realidad, se trata de huesos fósiles de elefantes enanos. Y la cavidad hueca no es un ojo: corresponde a la base de la trompa.  Ver artículo completo »

La amenaza de un tsunami también procede del exterior, no solo lo puede provocar un maremoto. Un meteorito que impacta sobre el mar, un deslizamiento de tierra, una explosión (submarina o no, natural o causada por el hombre) pueden hacer que una isla o una montaña desaparezcan bajo las aguas. El más común y documentado es el de los bruscos deslizamientos de tierra debidos a una erupción volcánica: energía que genera más energía.

Al agitar un vaso con agua, la fuerza que provocamos se reparte de manera uniforme en la superficie del recipiente. En cambio, al arrojar un grano de arroz sobre ese mismo vaso, la fuerza se concentrará en un solo punto. No se mueve toda la superficie del vaso, pero la ola que provocaremos será más alta y más violenta. Son los megatsunamis.

Tras el terremoto del Índico en 2004 (el que asoló Indonesia y Tailandia), se determinó que la energía desarrollada fue de unos 32.000 MT. Se repartió a lo largo de una gran superficie y provocó un tsunami cuyas olas no superaron los diez metros. En cambio, en 1883, en la erupción del volcán Krakatoa, la energía generada no supero los 300 MT, pero las olas pasaron de los 40 metros. Murieron más de 30.000 personas.

¿Y si cae un meteorito? La comunidad científica está dividida en torno al posible impacto de un asteroide sobre la península del Yucatán hace 65 millones de años, y si fruto de ella desaparecieron los dinosaurios.

También sujeto a la controversia, a caballo entre la leyenda y los hechos, está el final de la mítica civilización de la Atlántida. Platón la describe a través de las supuestas narraciones que le hizo de ella un viajero, Solón, que a su vez repetía lo oído a sacederdotes egipcios, y deja constancia de su desaparición en el Timeo y el Critias: “En ese momento, ¡o Solón!, realmente vuestra poderosa ciudad fue ante todos los hombres diáfana y excelente (…) Posterior al tiempo de los seísmos excesivos y de los cataclismos originados [25d] en un día y una noche terriblemente penosa, la clase guerrera vuestra, toda a la vez, se ocultó bajo la tierra, y la tierra insular de la Atlántida, de forma similar, debajo de la mar desapareció…”

También el final de la civilización cretense se sustenta en la explosión volcánica que sumergió parcialmente a Santorini y que provocó un tsunami que alcanzó Creta, asoló los puertos del litoral, destrozó las cosechas y provocó años de tal hambruna que acabó debilitando y dejando a merced de las invasiones a los arrogantes cretenses.

De lo que sí existen suficientes datos es de la explosión de la isla griega y de los efectos que produjo en el Mediterráneo. Investigadores como Zahi Hawass, presidente del Consejo Supremo de Antigüedades Egipcias, sostiene que los geólogos “nos ayudarán a estudiar cómo los desastres naturales tales como el tsunami de Santorini afectaron el período faraónico”, al presentar el hallazgo de unas piedras pómez procedentes de la isla encontrados en el Sinaí, a casi mil kilómetros de distancia.

Incluso cronológicamente, alguna de las plagas de Egipto, esas que precedieron a la marcha de los judíos de las tierras del faraón, según narran los textos bíblicos (y no hay que olvidar que la Biblia contiene innumerables datos históricos y sociológicos de la vida en Oriente Próximo en ese periodo), pudieran corresponder con efectos colaterales provocados por la explosión de Santorini.

 

Foto by Benti Micronesia

La medusa siempre ha estado asociada al mal, a la tiranía, a otro mundo. Monstruos pérfidos y atormentados. Seres mitológicos de aspecto abisal. Y no faltan razones. Traslúcida y viscosa como la gelatina, está armada con millones de micro-arpones envenenados (cnidocitos) adheridos a sus flácidos tentáculos o al borde de su campana, que se disparan al más leve roce de un organismo vivo. La especie más peligrosa, la Chironex fleckeri o Avispa de mar, que habita en los mares de Australia, tiene una picadura casi siempre mortal. Por eso, los surfistas australianos la temen más que al tiburón blanco.

Las medusas son la nueva marea blanca, que afecta sobre todo al mar Mediterráneo. Su inusual proliferación, que causa molestias a bañistas y pescadores artesanales, ha llenado nuestro litoral de extrañas embarcaciones dedicadas a recogerlas. Hasta ahora, su extraordinaria abundancia durante ciertas temporadas solía achacarse principalmente al declive de las poblaciones de sus depredadores potenciales, como los peces luna y las tortugas marinas, entre otros. Ver artículo completo »