La mitología atribuye a uno de los mamíferos terrestres más grandes que pisan la tierra un temor reverencial a determinados animales muy, muy pequeños, como ratones u hormigas. Forma parte de esa leyenda de que lo diminuto puede con lo enorme y la inteligencia derriba el muro de la fuerza. En definitiva, el mito de David contra Goliath.
Parece demostrado, al menos en Kenia, que los elefantes no se acecan a las acacias por miedo a sufrir ataques de las hormigas. De un tamaño casi un millar de veces menor, estos insectos mantienen a raya a los glotones paquidermos.
No crean que se trata de una lucha de un individuo contra otro, pero se acerca bastante al modelo. Las columnas de hormigas que se instalan o utilizan los troncos y ramas de las acacias para alimentarse de sus frutos o para encontrar refugio se han convertido en sus principales guardianes. Es decir, compiten por tan codiciado y suculento manjar con los elefantes. Para defender su territorio las hormigas atacan el verdadero talón de Aquiles de sus rivales: su trompa, que además de gran nariz les vale como brazo articulado para proveerse de los alimentos y llevarlos a su boca. Ver artículo completo »













