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Dicen los modernos que estudian la sociología —antropología más bien, diría yo— humana del Homo televisivo que se puede comprobar la influencia maléfica de este aparato a través de  las huellas que quedan en el sofá. Y no solo se refieren a las manchas o quemazones que denotan que el individuo deglute como un auténtico cerdo y se manifiesta indolente con lo que ocurre a su alrededor, ya que su mirada permanece fija en la pantalla, sin pestañear siquiera. Más bien hacen referencia a los cambios que se producen en la fisonomía de esa pieza imprescindible en el salón, que poco a poco sufre un proceso de mutación —casi de clonación— dibujando una fiel radiografía en relieve de las partes traseras del sujeto en cuestión.

Pero no solo sufre el pobre sofá; a medio plazo, también quien deposita su confianza sobre él. Este tipo de sedentarismo moderno se traduce en una pérdida de la mitad de los espermatozoides. Como lo está leyendo, permanecer frente a la televisión más de 20 horas semanales provoca como efecto secundario esta merma en las potencialidades reproductivas de los varones. Ver artículo completo »

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La mitología postindustrial ha relegado a los japoneses como los grandes imitadores del planeta. Un pueblo al que le negamos la capacidad inventiva, pero por el contrario les aplicamos una gran capacidad para perfeccionar y adaptar lo que otros inventan. Como cliché no está mal, aunque dista mucho de la realidad.

Pero no se trata ahora de hacer una disquisición sobre la capacidad de los japos para crear. Más bien al contrario, se trata de llamar la atención sobre que muchas de las soluciones tecnológicas que pretendemos descubrir llevan millones de años funcionando de manera natural y sencilla en la naturaleza. En un mundo que estamos llenando de basura (los humanos, porque el resto de los animales está lleno de grandes recicladores) la solución pasa por la biotecnología: respuestas sencillas y naturales que determinados organismos vivos —sean vegetales o animales— aplican como mecanismos de adaptación a sus respectivos hábitats. Sin ir más lejos, la cinta velcro forma parte de esas respuestas que ofrecen determinado tipo de plantas. Ver artículo completo »

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Ahora que sabemos que los mayas no se ganarían el sustento como augures, aunque tampoco ningún otro seguidor de las teorías apocalípticas en boga como los Testigos de Jehová, por ejemplo, y que nos toca penar por estos lares un tiempo más —corto si seguimos empeñados en destruirlo— tampoco se trata de despreciar por este fallo todos los aportes que hizo esta gran y avanzada civilización precolombina.

Por continuar con los elementos astronómicos, esta civilización se caracterizó por realizar una minuciosa y precisa observación del cielo. Tanto, que con sus rudimentarios instrumentos —comparados con los actuales— fueron capaces de determinar con bastante exactitud la traslación de la Tierra alrededor del Sol. La definieron en periodos de 365,2420 días (la Nasa la ha medido en 365,2422 días), fueron capaces de predecir los eclipses solares y descubrieron los equinoccios y los solsticios, describían las posiciones del Sol, la Luna, Marte y conocían las fases de la Luna, entre otros asuntos. Ver artículo completo »

La naturaleza no entiende de política y creo que esto es un alivio, porque evita muchos problemas. Sin embargo, sí tiene predilección por la izquierda y la derecha; unas veces por una y otras por la otra. Pero ojo, no cambia. Si la naturaleza ha decidido que algo sea de o, mejor dicho, a derechas, ya será siempre así y lo mismo si es de o a izquierdas.

Pero también hace sus particulares saltos mortales sin red. Por ejemplo, resulta interesante destacar que las moléculas importantes para la vida, como por ejemplo los aminoácidos que forman las proteínas o los monosacáridos que forman los azúcares, son quirales. Que una molécula sea quiral significa que puede existir en dos formas. Esas formas son como la imagen de una molécula y su imagen en el espejo. A esta pareja de moléculas se les llama enantiómeros. Las dos moléculas son en todo idénticas, o casi. Prácticamente funcionan igual, pero si las iluminamos con una luz especial, llamada luz polarizada, una de las dos la desvía hacia la derecha y la otra a la izquierda. Ver artículo completo »

Ratas

Cuando se trata de hablar de las ratas siempre es de precepto poner mala cara. Seguramente sea porque existen numerosos motivos por los que este animal de compañía no nos guste. Digo de compañía por que unos metros bajo nuestros pies se encuentran cientos de ellas aunque no las sintamos y alguna vez las veamos.

La capacidad que tienen de transmitir enfermedades, como la peste bubónica y muchas otras, han hecho que se las tache siempre de animal indeseable. Pero ojo, la peste bubónica la transmite una pulga que llevan las ratas, no las ratas en si…Así que seamos relativamente justos dándole a la rata parte de la culpa, pero no toda. Ver artículo completo »

Sus cualidades tonificantes para el organismo, su bajo precio, que no es asunto baladí en estos tiempos de crisis, y su fácil preparación parece que han dado una segunda oportunidad a la limonada, un brebaje hecho a base de zumo de limón, agua, hielo y un poco de azúcar que sucumbió ante el avance de las bebidas con burbujas.

Una bebida servida en toscos vasos de cristal e interminables jarras que evoca largas tardes de verano, tanto en las playas como en la montaña, y que acompañaba las meriendas de los más pequeños y las partidas de cartas, dominó o animadas conversaciones en porches y veladores de los más mayores.

Originario de India y China, el limón llegó a la vieja Europa de la mano de los árabes en el siglo VII y de los conquistadores españoles del XV al otro lado del charco. Sus propiedades curativas eran largamente conocidas y su poder tonificante bastante reconocido, tanto que dio origen a semejante refrán castellano: “Limonada que trasiego, judío que pulverizo”.

Pero como no se trata de hacer un repaso histórico de esta fruta ni de esta bebida y como cada cual tiene, seguro, sus propios recuerdos asociados a un refrescante vaso de limonada les proponemos cinco razones para que no la destierre de sus recetas estivales.  Ver artículo completo »

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Somos lo que somos, genéricamente como especie y individualmente como especímenes, gracias a la información genética que se va transfiriendo de generación en generación. Este código es el que nos agrupa con otros individuos de parecidas características y, al mismo tiempo, lo que nos diferencia de ellos.

Toda esta información se almacena y se transfiere a partir de dos moléculas, el ADN y el ARN. El ADN está presente en todas las células y contiene la información genética de todos los seres vivos y es responsable de tansmisión hereditaria.

Está formado por un grupo de azúcar (la desoxirribosa), una base nitrogenada y un grupo de fosfato. Su estructura es la de un polímero formado por muchas unidades simples unidas (como las cuentas de un collar). El hilo que los une es el fosfato y lo que diferencia a cada cuenta es la base nitrogenada. Para que esta información pueda ser utilizada, debe de copiarse en otros nucleótidos, llamados ARN.  Ver artículo completo »

En la Edad Media, una de las pocas actividades relacionadas con la Ciencia permitidas a la mujer era adoptar un papel secundario en la Medicina, concretamente en los cuidados de los bebés y asistencia en los partos. Pocas se aventuraban en otras ramas de esta disciplina y, por supuesto, muy pocas pasaron por las facultades de Medicina.

En ese periodo tan oscuro, resalta la actividad de las Damas de Salerno, un grupo de mujeres que se atrevieron a ingresar en la Escuela Médica Salermitana. De ellas, destaca Trótula di Ruggiero (1090-1160), que además de estudiante llegó a ser profesora en este centro. La Escuela es considerada como el primer centro médico sin conexión con la Iglesia (no estaba dirigida por religiosos, estaba abierta a árabes y judíos y  fue pionera en la admisión de mujeres en sus aulas) y para algunos, como la primera universidad de Europa.

De origen adinerado, pocos datos han trascendido de la vida de Trótula. Se sabe que manifestó desde joven su vocación por la práctica médica e ingresó en la Escuela, donde se llegó a convertir en una autoridad en Obstetricia y Ginecología y a la que se mantuvo ligada hasta su muerte.  Ver artículo completo »

Ejemplo de la transmisión de la enfermedad de Huntington. En este caso particular un padre (cuadrado superior) tiene el gen dominante de la enfermedad (H) y un gen normal. La madre (círculo superior) tiene bien las dos copias de sus genes (hh). El primer hijo varón (cuadrado inferior) heredó de su padre el gen defectuoso (H). La segunda hija (círculo) y el tercer hijo (cuadrado) heredaron el gen normal de su padre. Los tres hijos heredan un gen normal (h) de su madre, que solo tiene genes normales.


Desde hacía un mes Lola tenía manos de trapo. Había perdido su habilidad. Estaba colérica y deprimida. Quizás fuera la tensión de la maldita oposición. Después de tanto esfuerzo, si todo salía bien sería de las primeras mujeres catedráticos en una universidad que ya tenía más de 500 años de existencia. Por si acaso, había ido al Hospital Universitario. Esperaba nerviosa en la consulta…

Nunca pudo ni imaginarse la magnitud del desastre: una inapelable condena a muerte tras padecer la terrible enfermedad de Huntington (también llamada Corea). Lola apenas tenía 42 años. No llegó a cumplir los 50. Mientras tanto vivió un infierno. Progresivamente perdió la memoria y su capacidad intelectual. Y se dio perfecta cuenta de cómo se deterioraba. Se volvió torpe.

Empezó a moverse incontroladamente. Después se quedó rígida. Gradualmente perdió el habla. Tuvo dificultad para tragar la comida y perdió mucho peso. Lo peor es que un sufrimiento profundo se apoderó de ella. Y una cólera incontrolable. Su deterioro físico fue tan grande que ni siquiera consiguió suicidarse por más que lo intentó.  Ver artículo completo »

En cuanto a la comprensión de las enfermedades infecciosas, la medicina de mediados del siglo XIX se hallaba en plena oscuridad: apenas nada había avanzado desde el Paleolítico. Y eso que las enfermedades infecciosas eran la principal causa de muerte de la Humanidad. En aquella época (no tan lejana, por cierto, es la de nuestros tatarabuelos y de muchos de nuestros bisabuelos), incluso las familias más preeminentes veían morir a sus hijos a causa de este tipo de enfermedades. Por su contagios murieron dos de los hijos de Charles Darwin -pese a ser un hombre tan rico por familia y matrimonio que jamás tuvo necesidad de trabajar por un sueldo-.

Por esa época Louis Pasteur descubrió que la fermentación de la cerveza (y del vino) se debía a microorganismos. Los había buenos (los necesarios para transformar la malta en cerveza o el mosto en vino) y malos (los que producían ácido láctico y agriaban la cerveza y el vino). También hizo el mayor descubrimiento de la microbiología: demostró que todo microbio desciende de otro microbio anterior y no aparecía por generación espontánea (omne vivum ex vivo). Ver artículo completo »