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el color de los medicamentos<br /><br />

Los comportamientos de los humanos responden a diferente tipo de variables. Nos dejamos llevar por las percepciones que procesamos a través de los cinco sentidos a la hora de tomar determinado tipo de decisiones. Como especie, ni el oído ni el olfato resultan las más determinantes —tenemos una cierta desventaja sobre otras—. En cambio, la vista parece que nos influye sobre las demás.

En otras ocasiones hemos comentado cómo realmente comemos por la vista o cómo los colores predisponen favorable o desfavorablemente nuestro estado de ánimo. De hecho, esta circustancia es bien conocida por las compañías aseguradoras, que a través de sus propias estadísticas de siniestros establecen sus rankings de conductores más asiduos a entregar partes de accidentes. De hecho, aquellos automovilistas —entre otras variables como la edad, años de carnet, etc— que optan por comprar vehículos de color rojo muestran una predisposición a mantener una conducción más agresiva y, por lo tanto, resultan potencialmente más caros. Ver artículo completo »

taza

¿Seguro que usted no es de los que come por los ojos? No hace mucho, seguro que ha tenido la ocasión de comprobar cómo las mesas se han engalando y, si lo piensa, es posible que caiga en la cuenta que las viandas adornadas… como que saben mejor.

Más allá de que el maridaje —palabra muy común entre los gourmets— entre los aromas y sabores del vino y los alimentos, unas combinaciones que potencian el sabor de los mismos y que estimulan nuestro paladar, también es conocido que la forma, volumen o color donde se sirven también contribuye a potenciar esos efectos.

Y aunque no existe una regla fija tras la que se pueda afirmar que un sabor o aroma se realza con un color en particular, ya que va a depender mucho del alimento del que se trate, la última prueba realizada en un laboratorio apunta a que el chocolate caliente, si lo tomamos en una taza de color naranja o de color crema, nos sabrá mejor.  Ver artículo completo »

Aglomeraciones aparte, con los desgradables efectos colaterales de toparnos con alguna mofeta humana que otra en el camino, en estas fechas navideñas parece que se respira otro ambiente, que huele diferente. Y no nos estamos refiriendo precisamente al olor de castañas recién asadas, al acebo, al abeto adornado o al musgo de los belenes al uso, ni por asomo a ese olor a limpio que pregonaban nuestras abuelas.

Las tiendas y los regalos tienen su propio aroma. ¿Casualidad? Pues va a ser que no. Hagan una simple prueba, seguro que no son capaces de recordar el último anuncio que han visto por la tele o en la calle o el último producto que han tocado, pero sin duda, la mayoría serían capaces de reconocer el último olor percibido. Ver artículo completo »