Una cosa que resulta molesta cuando se viaja en avión es la imperiosa obligación de tener que apagar el cacharrito de la música o el teléfono móvil en el momento del despegue o del aterrizaje. La verdad es que cuesta creer que un aparato que pesa toneladas y que, por supuesto, puede volar gracias a equipos muy sofisticados, sea vulnerable a algo tan insignificante como un MP3.
¿Cómo es posible que un teléfono, un reproductor de música o una pequeña consola de videojuegos pongan en riesgo la seguridad de un vuelo? Todo tiene una explicación. Prácticamente todas las acciones que realiza un avión (subir o bajar el tren de aterrizaje, regular el aire acondicionado, activar los alerones) comienzan con un impulso eléctrico, ergo se genera un campo electromagnético. En un determinado instante, todos los campos electromagnéticos que se generan en un avión como consecuencia de las múltiples acciones que ejecutan pilotos y auxiliares de vuelo están compensados, de modo que no interfieren los unos en los otros. Dicho con otras palabras, todo está en un equilibrio dinámico. Ver artículo completo »



