David Livingstone nació tres veces. La primera en Glasgow, el 19 de marzo de 1813, en el seno de una familia calvinista que marco su existencia hasta que la muerte se lo llevó 60 años más tarde en Chitambo, Zimbabue. Las otras dos ocasiones en las que este humilde misionero de creencias religiosas a prueba de bomba salvó milagrosamente su blanquísima piel fueron en Ujiji, Tanzania, y en Mabotsa, Suráfrica.
En ambos lugares fue el hombre -y no su dios, como pensó él- quien se interpuso en el inevitable camino hacia el otro barrio. En Ujiji surgió un sádico periodista de entre la maleza selvática quien, sin querer, pronunció una de esas frases que le lanzan a uno a la estratosfera de la fama: “Dr. Livingstone, supongo”. Efectivamente lo era, pero con un aspecto lamentable tras un lustro perdido en el continente negro. Ver artículo completo »





