Hacer tu carrera a la sombra de tu marido o de tus hijos y pasar a la historia como la anómima descubridora del Cometa de 1702 es un triste bagaje para una reputada astrónoma. Pero fue el peaje que tuvo que pagar Maria Winkelman por haber nacido mujer y demostrar unas dotes poco frecuentes para la investigación y la ciencia.

Nacida en Alemania en 1670, su padre y su tío decidieron que la pequeña Maria debería tener las mismas oportunidades que sus hermanos varones para estudiar. Fruto de su formación, se decantó por la astronomía, disciplina a la que se acercó de modo autodidacta, en contacto con el astrónomo Cristopher Arnold, con quien llegó a trabajar.

Maria empezó a contactar con la inteligencia de su época y se enamoró del matemático y astrónomo Gottfried Kirch, 30 años mayor que ella. Se casaron y tuvieron cuatro hijos. Pronto comenzaron a trabajar en equipo y juntos realizaron las observaciones y los cálculos precisos para los calendarios (fases de la Luna, puesta de Sol, eclipses y posición del Sol y otros planetas que elaboraba la Real Academia de las Ciencias de Berlín y que eran de gran utilidad para la navegación).  Sigue leyendo