El contacto es quizás la manera más intensa de comunicarse que hemos desarrollado los humanos. El roce de las yemas de los dedos sobre la piel de un semejante, sea en forma de caricia, de apretón de manos o incluso de cachete, transmite emociones y mensajes de seguridad, de confianza, de fuerza, de protección, de solidaridad, de cariño.

La piel es una fuente continua de sensaciones, pero también puede resultar un vehículo de contagio de enfermedades. La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta que 7 de cada 100 infecciones en el mundo desarrollado y cerca de 10 en las naciones en vías de desarrollo que se transmiten en los hospitales son provocadas por una deficiente forma de lavarse las manos por parte del personal de los centros hospitalarios o por los visitantes que tocan a los pacientes.

Imaginen el grado que puede alcanzar esta manera de contagio en los llamados países de llamado Tercer Mundo. Y los datos hacen referencia tan solo a lo que ocurre en los hospitales. Ver artículo completo »