Si hay un órgano del cuerpo humano que ha sido glosado con profusión en poemas y letras de canciones de amor sin duda es el ojo. Parece que ante la mirada de unos ojos grandes y almendrados –ya sean negros, azules o verdes— no podemos resistirnos. Pero también reflejan inocencia, picardía o malicia. Sea como fuere, actúan como un auténtico imán para nuestros sentimientos.

Los test psicológicos reflejan que los ojos grandes, de formas redondeados y coronados con unas grandes pupilas denotan ideas de emoción o excitación sexual, es decir, son portadores de un mayor atractivo (algo que por cierto ha sido explotado hasta la saciedad por los creativos publicitarios. Una mirada que exprese calidez o emoción se traslada al producto que hay que vender).

Y si esa mirada es acompañada por una sonrisa… a derretirse. Porque no hay nada que desarme más que una sonrisa. ¿Patrones culturales adquiridos por los humanos o respuestas biológicas comunes a todas las especies? Ver artículo completo »