Los nativos de la isla de Tana rinden mayoritariamente culto al dios YonFrum. Los viejos del lugar fueron testigos de cómo este poderoso dios bajó del cielo, edificando al instante un extraño templo de una extraña forma y materiales desconocidos. El santuario contenía exóticos alimentos, sin duda mágicos, pues pese al ambiente cálido y húmedo de la isla jamás se pudrieron.

Tras repartir la sagrada comida, YonFrum sacó de su templo un extraño altar con el que habló, en el incomprensible lenguaje de los dioses, con el más allá. Poco después llegaron otros poderosos dioses en medio de un tremendo estruendo mucho más ruidoso que el de los truenos. YonFrum se fue con ellos, seguramente a construir nuevos templos y llevar el sagrado alimento divino a otras de las muchas islas que forman Vanuatu, en la Melanesia.

Como la isla de Tana es la más poblada de la zona, a nadie extrañó que YonFrum empezase su sagrada labor en ella. Seguramente pronto volverá, pese a que Tana sigue siendo una de las islas más aisladas…  Ver artículo completo »