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cementerio

El suicidio es, sin duda, una de las facetas del comportamiento humano que más nos inquieta y nos sorprende. Esa capacidad voluntaria de quitarnos de en medio, de poner fin a nuestra existencia que se adopta en situaciones límites y de la que rara vez hallamos parangón en el reino animal.

La hoja de ruta de los suicidas es compleja y complicada y obedece a factores de todo tipo y a situaciones endógenas y exógenas, pero parece tener también su origen en un componente químico: el glutamato. De confirmarse esta teoría, se abre un interesante y, por qué no, esperanzador campo de investigación para el tratamiento de enfermedades psiquiátricas que, desgraciadamente, acaban en esa decisión final. Nos estamos refiriendo a las denominadas depresiones severas. Ver artículo completo »

 

maze

A veces uno no es consciente de lo que pueden complicarse las cosas. Me refiero a que es habitual que queriendo arreglar una cosa fastidiemos otra. Me ha venido a la memoria uno de estos desaguisados monumentales, ocurrido hace no demasiado tiempo.

Existe un herbicida, es decir una sustancia para evitar que crezcan las malas hierbas, llamada atrazina que, además de llevar a cabo su papel, hace cosas que no debería hacer. Me explico. Este herbicida produce una castración química de ranas macho. Mal asunto, pero es que además una de cada diez ranas machos se convierten en hembras. Tela marinera. Ver artículo completo »

vozdemando

Seguro que si les proponemos que se imaginen a un líder, entre otras categorías estaría adornado por un tono de voz grave, o bajo. O dándole la vuelta a la propuesta, ¿cuántas veces se han preguntado cómo personajillos como Hitlet o Franco, con esas voces atipladas y aflautadas, pudieron convertirse en líderes de masas, cuando al escucharles lo que sugieren es una imagen un tanto ridícula?

Nada menos envolvente o atractivo que una voz de pito. ¿Cierto?

De hecho, en los test que habitualmente se realizan sobre este asunto, las personas con una voz grave son califican como atractivas, físicamente más fuertes o resultan socialmente dominantes. Es decir, que consideramos, ya sean hombres o mujeres, el tono grave como un símbolo de liderazgo social. Ver artículo completo »

taza

¿Seguro que usted no es de los que come por los ojos? No hace mucho, seguro que ha tenido la ocasión de comprobar cómo las mesas se han engalando y, si lo piensa, es posible que caiga en la cuenta que las viandas adornadas… como que saben mejor.

Más allá de que el maridaje —palabra muy común entre los gourmets— entre los aromas y sabores del vino y los alimentos, unas combinaciones que potencian el sabor de los mismos y que estimulan nuestro paladar, también es conocido que la forma, volumen o color donde se sirven también contribuye a potenciar esos efectos.

Y aunque no existe una regla fija tras la que se pueda afirmar que un sabor o aroma se realza con un color en particular, ya que va a depender mucho del alimento del que se trate, la última prueba realizada en un laboratorio apunta a que el chocolate caliente, si lo tomamos en una taza de color naranja o de color crema, nos sabrá mejor.  Ver artículo completo »

justicia de monos 

Nueva oleada de publicaciones científicas y nuevos datos que nos quitan de las posiciones de privilegio en el reino animal. O mejor dicho, que nos ponen poco a poco en nuestro sitio. Ni a la derecha ni a la izquierda del Padre ni en el centro de la creación, ni tan siquiera en solitario en la cúspide de la montaña. Ahora resulta que los chimpancés poseen un sentido de la justicia distributiva similar a la de los humanos —siempre y cuando no sean ultraneocon, que estos, de ese sentido, lo justito—.

Y como no podía ser de otro modo, el experimento ha tenido como base un juego experimental de economía, Ultimátum, y un grupo de chimpancés (de los de verdad). El objetivo: determinar si eran sensibles a la distribución de recompensas entre dos individuos. Y la respuesta es que sí, que los primates poseen un sentido del reparto equitativo. Ver artículo completo »

mirada 

Con una sola mirada somos capaces de confiarnos a un extraño. Para unos, es una cuestión de química que hace que reconozcamos a ese alma gemela al instante, mientras que para otros, responde a patrones que tienen que ver con los rasgos fisionómicos de cada persona.

Porque, además de ver, percibimos, es decir, procesamos todo ese conjunto de información que captan los ojos y recibimos sensaciones. Unas sensaciones que pueden ser determinantes a la hora de categorizar todo ese volumen de información. Y de las sensaciones percibidas, la confianza o no que nos transmita un sujeto o un objeto puede resultar fundamental para interactuar con él.

Comentado lo comentado, no resulta extraño que haya grupos de científicos que se dediquen a estudiar este tipo de reacciones y se embarquen en investigaciones que tengan como objeto encontrar pautas comunes que puedan hacer entender la conducta de los humanos —que, como los romanos de las historietas de Asterix, “están locos”—.  Ver artículo completo »

bonobo

Seguimos quitando una hoja al vestido del ser humano como centro de la vida en el planeta y a esos atributos que hasta ahora solo destinábamos para los de nuestra especie. Hablando de comida y alimentación y, salvando la especial relación entre madres y descendencia, es común afirmar que los animales no tienen amigos en este asunto, que incluso los perros son capaces de morder la mano de su amo y que, al margen de las relaciones de los machos alfa con el resto de la manada, cada individuo va a lo suyo.

Es decir, que eso de compartir no forma parte de sus pautas de comportamiento salvo en nosotros, que somos capaces de desarrollar ese sentimiento denominado altruismo. Un elemento que nos vuelve a hacer especiales y únicos, y que lógicamente nos sitúa de nuevo en la cúspide de la cadena evolutiva.

Un nuevo estudio con primates, los bonobos —esa especie que comparte numerosos rasgos comunes con nosotros— quita la razón a este planteamiento y demuestra que individuos de esta especie comparten voluntariamente sus alimentos —son capaces de renunciar incluso a ellos— con extraños. Tan solo piden a cambio interactuar con ellos. Algo parecido a lo que llamamos búsqueda de una amistad.  Ver artículo completo »

marte

A pesar de las grandes capacidades de adaptación con las que cuenta el ser humano, existen límites físicos que difícilmente —sin ayuda de la tecnología— se pueder sortear. Problemas físicos que se ponen de manifiesto, por ejemplo, cuando emprendemos una escalada a una montaña. La falta de concentración de oxígeno necesaria para completar el ciclo de mantenimiento de las células es quizá el más evidente de ellos.

Pero en esta ocasión no nos detendremos en los picos más altos. Elevamos el punto de mira hasta el mismo cielo. Explorar, conquistar y quién sabe si colonizar el espacio es uno de los anhelos de los seres humanos, en cuya consecución han puesto todo su empeño y tecnología desde hace algunos siglos. Pero las misiones espaciales, más allá de construir el ingenio que nos transporte, ponen de relieve que provocan problemas en nuestro organismo. Ver artículo completo »

pentagrama

Nadie duda que las Matemáticas están presentes en la vida, en la cotidiana y, de modo general, en la naturaleza. Quizá los signos más evidentes los encontramos en la aritmética, en la proporción que guardan las formas de tienen determinadas estructuras y cómo esos números se acercan a lo que denominamos bello. Pero hoy no toca referirnos al número áureo, ni tampoco a la teoría de juegos o a la genética de poblaciones, otro tipo de ecuaciones que permiten explicar determinados fenómenos o situaciones en biología.

Hace tiempo que un grupo de investigadores encontró similitudes entre el algoritmo de los tejidos de seda y el de la música, entre los niveles de la estructura de ese tejido y los elementos jerárquicos que conforman una composición musical (tono, rango, dinámica, tempo…). Tanto, que fueron capaces de describir las estructuras de las proteínas utilizando la teoría de categorías y tradujeron estos detalles en forma de composición musical. Ver artículo completo »

Si llamo a alguien Pinocho, no es que me esté acordando del personaje que creó el carpintero Gepettto. Más bien al contrario, lejos de reflejar la simpática imagen del niño de madera italiano, lo que le estoy llamando es mentiroso. Tan bien puedo estar llamándole narizotas, ya que ese apéndice le crecía a medida que iba desgranando mentiras.

Por el contrario, si fuera un experto en comunicación no verbal, estaría atento al movimiento de sus manos y si ante cualquier pregunta su respuesta fuera acompañada con un movimiento de una mano hacia la cabeza atusándose el pelo, relacionaría ambos elementos para concluir que no dice la verdad. También dicen que no mirar a los ojos directamente puede estar reflejando intenciones mentirosillas.

Otros estudian la mentira atendiendo al discurso del sujeto. Aseguran que, cuando mentimos, la estructura de nuestro discurso presenta evidentes señales de falta de lógica y que incurrimos en inumerables contradicciones. Quizá por eso lo de que se coge antes a un mentiroso que a un cojo.  Ver artículo completo »