El suicidio es, sin duda, una de las facetas del comportamiento humano que más nos inquieta y nos sorprende. Esa capacidad voluntaria de quitarnos de en medio, de poner fin a nuestra existencia que se adopta en situaciones límites y de la que rara vez hallamos parangón en el reino animal.
La hoja de ruta de los suicidas es compleja y complicada y obedece a factores de todo tipo y a situaciones endógenas y exógenas, pero parece tener también su origen en un componente químico: el glutamato. De confirmarse esta teoría, se abre un interesante y, por qué no, esperanzador campo de investigación para el tratamiento de enfermedades psiquiátricas que, desgraciadamente, acaban en esa decisión final. Nos estamos refiriendo a las denominadas depresiones severas. Ver artículo completo »












