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No cabe duda de que la actual política de recortes generalizados está desmochando muchas de las actividades más prometedoras de este país. Estas actividades contribuían a dar a España un prestigio internacional. Desafortunadamente, la ciencia está entre las más perjudicadas por los recortes (en torno al 40% y tendiendo a aumentar).

Como es lógico, la ciencia española se resiente ya a corto plazo. Y se resentirá mucho más cuando las consecuencias del recorte se noten de verdad en la falta de recursos, la obsolescencia de las infraestructuras científicas y la falta de relevo generacional.

Son muy conocidos los indicadores que permiten estimar la calidad y la repercusión de la ciencia y la tecnología de un país (basados en el número y la calidad de los artículos publicados, las patentes y los modelos de utilidad, la cooperación internacional, etc). Pero, asimismo, hay indicadores de mayor interés económico: los estimadores que calculan cuánto aporta la ciencia al prestigio de un país. Sin duda, no son más que una aproximación. Pero permiten ver tendencias.  Ver artículo completo »

Entre corte y recorte, una vez más, Ciencia e Innovación se van a llevar una buena parte de la tajada… perdón, del tajo que el Gobierno tiene en mente. Y la verdad es que con la herida aun caliente, uno empieza a hartarse de ese mantra que repiten los políticos -ya sean vestidos por Vogue o por Milano- de que el progreso pasa por conseguir la excelencia, por el I+D.

Que tengamos que ajustarnos el cinturón no es nada nuevo, con la anterior ministra de Ciencia e Innovación la inversión estatal en este capítulo ha ido recortándose cada vez más y más. Y ahora don Mariano nos quiere obsequiar con una quita de unos 600 millones de euros adicionales que van a repercutir sobre todo en el esquema nacional de investigación.

Menos dinero para un capítulo que jamás ha llegado a alcanzar a nuestros colegas comunitarios. En la Unión Europea el porcentaje de inversión es del 2% del PIB como media, mientras que en nuestro país es del 1,37%. Los investigadores somos solidarios con el resto del país y arrimamos el hombro como el que más.  Ver artículo completo »

Muchos mercados financieros, para satisfacer la demanda de nuevos sistemas de contratación, han habilitado espacios cercanos —centros de procesos de datos llamados proximity  para que los brokers ubiquen sus servidores dedicados al algorithmic trading y disminuya la latencia. Lo que persigue un broker no es solo una buena latencia, sino que esta sea mejor que la de sus competidores y, por tanto, llegue antes al libro de órdenes del mercado en el que opera. Una ventaja de 1 milisegundo podría suponer un aumento de 100 millones de dólares al año en la cifra de negocio.

Para rizar más el rizo, algunos mercados que ya tienen muchos miembros ubicados en proximity han habilitado otra modalidad conocida como colocation. Esto consiste no en tener cerca los servidores de sus miembros, sino en ubicarlos dentro de su propio centro de proceso de datos. Por tanto, la latencia queda reducida al mínimoVer artículo completo »

Hace años la contratación de acciones se realizaba a viva voz —todavía en algunos mercados financieros es así—. En España se llamaba el mercado de corros o, más coloquialmente, el parqué. Grupos de personas, los intermediarios financieros, se reunían y realizaban las operaciones de compra y venta de manera verbal.

Con la llegada de los mercados electrónicos, aquí hace más de 22 años, los intermediarios financieros —sociedades y agencias de valores también conocidos como brokers— están conectados mediante líneas de datos al ordenador central del mercado  que se trate (Bolsas, derivados, etc). Mediante terminales ubicados en sus dependencias, introducen las órdenes de manera manual.

Últimamente se han desarrollado nuevos sistemas llamados de contratación algorítmica (algorithmic trading) que consisten en un software que corre en un servidor y que es capaz de tomar sus propias decisiones. Estos servidores están conectados mediante líneas de alta velocidad a los mercados y reciben información de ellos. En base a esta información sobre precios, posiciones y demás, deciden enviar órdenes de compra o de venta. Cuanto mejor sea el algoritmo, mejores decisiones tomará y más beneficios generará para el poseedor del servidor, siempre una sociedad o agencia de valores.  Ver artículo completo »

Desde mediados del siglo pasado se justifica el esfuerzo inversor de los Estados en ciencia y tecnología con una hipotética relación de causa-efecto entre la inversión estatal en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) y la pujanza económica de una nación. Este nacionalismo científico-técnico parte de la premisa de que las naciones más importantes y punteras son aquellas que hacen los mayores esfuerzos para financiar la investigación en ciencia y tecnología.

El modelo se basa en dos conceptos: el primero (el problema del parásito) afirma que, en una sociedad de mercado, los particulares jamás harán un gran esfuerzo del que puedan beneficiarse todos y, por lo tanto, la financiación de la investigación (especialmente la investigación básica) corresponde al Estado. El segundo (la oportunidad nacional) señala que los resultados de la investigación van a favorecer en primer lugar a la nación que los ha desarrollado.

Así se explica que gracias a un ágil proceso de innovación empujado por la intervención estatal que ha financiado la investigación básica (una considerable fracción del PIB va a parar al sector del I+D+i) surgiese Estados Unidos como potencia.  Ver artículo completo »

Foto de Carmen Romero

Crisis económica, cambio de modelo y miradas hacia el I+D+i como salida emergente a la crisis. Como siempre, porque no hay que olvidar que todos los pasos hacia el progreso se han realizado pisando sobre el terreno de la ciencia.

La revolución industrial —el gran salto hacia el futuro— se originó dos siglos antes con el cambio de mentalidad que trajo el impulso de las sociedades científicas, facultades de Matemáticas o Física, o institutos tecnológicos que se desarrollaron uno o dos siglos antes.

Tradicionalmente se argumenta que la pujanza económica de un país está íntimamente ligada a su capacidad para la innovación y la invención, que a su vez dependen de la inversión estatal (inicialmente) en investigación básica y aplicada; pero no siempre las inversiones estatales en I+D+i han sido garantía de desarrollo económico.  Ver artículo completo »