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No cabe duda de que la actual política de recortes generalizados está desmochando muchas de las actividades más prometedoras de este país. Estas actividades contribuían a dar a España un prestigio internacional. Desafortunadamente, la ciencia está entre las más perjudicadas por los recortes (en torno al 40% y tendiendo a aumentar).

Como es lógico, la ciencia española se resiente ya a corto plazo. Y se resentirá mucho más cuando las consecuencias del recorte se noten de verdad en la falta de recursos, la obsolescencia de las infraestructuras científicas y la falta de relevo generacional.

Son muy conocidos los indicadores que permiten estimar la calidad y la repercusión de la ciencia y la tecnología de un país (basados en el número y la calidad de los artículos publicados, las patentes y los modelos de utilidad, la cooperación internacional, etc). Pero, asimismo, hay indicadores de mayor interés económico: los estimadores que calculan cuánto aporta la ciencia al prestigio de un país. Sin duda, no son más que una aproximación. Pero permiten ver tendencias.  Ver artículo completo »

El ritornello conservador de la eficacia de lo privado frente a la mala gestión de lo público, que ha calado ya en sectores como la Salud, la Educación o la televisión, y que ha sido una constante en el discurso del Gobierno desde que presentó los Presupuestos Generales para este año, se da de bruces con la realidad de lo que ocurre en España en relación con la inversión en I+D+i (uno de los pilares para salir de la recesión con garantías de futuro).

El discurso neocon se asienta en la paulatina desaparición de la gestión del Estado (en todas sus formas: central, autonómica o local) en todos los sectores de la actividad productiva y en una continua transferencia de fondos confiando en las bondades de la iniciativa privada. Pero, curiosamente, cuando llega el momento de los recortes, el tijeretazo del 26% realizado en este capítulo resta 475 millones a subvencionar proyectos y 916 a la partida de créditos para empresas. Es decir, que no deben de confíar tanto en la gestión privada como predican en su discurso.

Los números son tozudos y no resulta cierto, como reza el dogma liberal, que la iniciativa privada esté sustituyendo al Estado. La balanza de inversiones ha demostrado que el gasto privado en Investigación y Desarrollo apenas llega al 0,7% del PIB, según los datos relativos a 2010 publicados por el Strategic Research Center de la EAE Business School, frente a la media de 1,2% del resto de nuestros socios comunitarios. Alemania, Francia y Reino Unido invierten el 2,8, el 2,3 y el 1,9%, respectivamente, e igualmente inalcanzable resultará el objetivo de la Agenda de Lisboa de llegar al 3%.  Ver artículo completo »

Nuestros dirigentes, tanto en la oposición como en el poder, se cansaron de repetir que era necesario otro modelo productivo basado en la economía del conocimiento. El quid de la cuestión estaba en tres letras I+D+i (investigación + desarrollo + innovación). Y la clave era lograr la “excelencia”.

Y muchos lo creímos. Gente joven que con talento, esfuerzo y dedicación consiguieron los mejores expedientes de sus promociones y sacrificaron un porvenir brillante a cambio de un destino incierto como becarios de investigación, que les condenaba, en el mejor de los casos, a ser mileruristas durante cuatro años, para luego ir a vivir una cultura diferente en un país extranjero donde la ciencia y la tecnología importasen, sabiendo que la vuelta sería improbable.

Y gente mayor, con muchos años de esfuerzo a cuestas, que no disfrutó del asueto en su juventud y siguió renunciando al tiempo libre en su madurez a cambio de empujar la ciencia y la tecnología en un país ingrato.  Ver artículo completo »

Este miércoles, los miembros de una institución con más de 500 años llamada Universidad Complutense de Madrid están convocados a las urnas para elegir rector, y con él un nuevo equipo gestor.

Pese a que la Complutense es la mayor Universidad de España, a tenor del nulo debate suscitado en la sociedad parece que se trata solamente de un proceso de consumo interno. Sin embargo, lo que pase aquí afectará muchísimo más a nuestro futuro que lo que ocurra, pongamos por caso, en la Liga de fútbol (que sin embargo mueve tanto aparato mediático).  Ver artículo completo »

Se debatió la Ley de Ciencia en el Congreso de los Diputados y apenas ha tenido impacto en los medios de comunicación. Resulta significativo que una norma, en principio tan importante para el futuro de nuestro país, haya suscitado tan poco interés.

Venimos de una tradición antigua, magistralmente retratada por Unamuno, donde la Universidad se asocia a un Templo del Saber donde los profesores son sus sacerdotes. Este pensamiento solo puede dar lugar a una Universidad aislada de la sociedad, encerrada en sí misma. Una Universidad tan inútil que ante los desafíos del conocimiento y la tecnología solo sabe responder con las nefastas palabras de quien se consideraba el supremo sacerdote (Unamuno): “Que inventen ellos” (refiriéndose a los extranjeros). ¡Y vaya si inventaron!

No es un secreto que España apenas ha tenido peso en el mundo moderno, caracterizado por el vertiginoso desarrollo tecnológico de los siglos XX y XXI. Está claro: si inventan ellos, ellos serán los líderes.  Ver artículo completo »

Desde mediados del siglo pasado se justifica el esfuerzo inversor de los Estados en ciencia y tecnología con una hipotética relación de causa-efecto entre la inversión estatal en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) y la pujanza económica de una nación. Este nacionalismo científico-técnico parte de la premisa de que las naciones más importantes y punteras son aquellas que hacen los mayores esfuerzos para financiar la investigación en ciencia y tecnología.

El modelo se basa en dos conceptos: el primero (el problema del parásito) afirma que, en una sociedad de mercado, los particulares jamás harán un gran esfuerzo del que puedan beneficiarse todos y, por lo tanto, la financiación de la investigación (especialmente la investigación básica) corresponde al Estado. El segundo (la oportunidad nacional) señala que los resultados de la investigación van a favorecer en primer lugar a la nación que los ha desarrollado.

Así se explica que gracias a un ágil proceso de innovación empujado por la intervención estatal que ha financiado la investigación básica (una considerable fracción del PIB va a parar al sector del I+D+i) surgiese Estados Unidos como potencia.  Ver artículo completo »