Vivir en un país donde se acumulan las segundas reservas hídricas del mundo, ver como las aguas que fluyen de tus ríos satisfacen las necesidades de más de mil millones de personas y en cambio morirte de sed: una paradoja que se torna en dura realidad si se es habitante o natural de Nepal, un pequeño país situado en el corazón del Himalaya.
En su territorio existen cerca de 3.000 glaciares y lagos, que atraen a un buen número de turistas aficionados a la montaña y la naturaleza y a los escaladores más avezados que intentan acceder a los temibles ochomil: el Everest. Es la parte idílica de la región, pero la realidad que se oculta tras estas gestas es la de un país con un gran déficit de infraestructuras básicas que hacen que cerca del 20% de los nepalíes, unos 4,5 millones de personas, no tenga acceso directo a una fuente de agua potable. Son las terribles consecuencias de haber nacido en un país con un índice de pobreza que ronda el 42%. Ver artículo completo »



