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Hay otros mundos pero están en este, sin duda. Sobre todo uno desconocido, el que forman el universo de microorganismos, esos seres vivos que no somos capaces de ver pero que sin embargo dejan una constante huella de su presencia. De sobra es conocido que los ácaros nos acompañan durante el sueño. Pero, ¿y en la oficina, quién nos acompaña de manera silenciosa a lo largo de esas ocho horas de promedio que permanecemos en nuestro lugar de trabajo?

Un equipo de investigadores de la Unversidad de San Diego, California, y de la de Arizona se han hecho la misma pregunta y se han puesto a rastrear quién mora en los despachos. Y la medalla a las bacterias más trabajadoras hay que dársela a un tipo bastante común, los Streptococcus, Corynebacterium y Lactobactillus. Y en una proporción nada desedeñable, unos diez millones de bacterias por metro cuadrado. En total, se identificaron unas 500 bacterias de diferente género. Ver artículo completo »

Buscando una historia sobre la que escribir bajo la luz de la bombilla y protegiéndome como puedo del sofocante calor nocturno del verano en La Mancha (poca ropa, ventilador, ventanas abiertas buscando una corriente de aire inexistente y todo tipo de brebajes) es imposible no evocar imágenes de playa que me remontan a la infancia.

Entonces, surge como pesadilla estival la figura de la mamma insitiendo autoritaria en que me quitara el bañador mojado. Pudoroso uno, lo más que consentía era ejecutar un cambio de pantalón en una acrobática maniobra donde una toalla tozuda luchaba por mostrar al mundo mis impúberes vergüenzas.

Hoy, muchos años después, no me queda más remedio que reconocer la sabiduría de mi progenitora. Sin su perseverancia y esos “¡Mira! Qué te doy con la alpargata” hubiera sido pasto de más de una infección por hongos. Seguro que algún afortunado está leyendo esta historia tras un refrescante zambullido en el mar o piscina, y con el bañador húmedo. Así que haga una pausa, cámbiese de traje de baño y siga leyendo.  Ver artículo completo »

Por estas fechas, cuando aprieta la calor, comprobamos de muchas maneras cómo las fuerzas del mal se alían contra nosotros. No solo el espejo es portador de malas noticias —su dedo acusador nos dice que hay que ponerse a plan o, por lo menos hacer, ejercicio para combatir la flacidez—, basta con mirar hacia los pies y descubrir el destrozo ocasionado en forma de durezas o callos por vivir meses embutidos en duros zapatos.

Lo normal es acudir al especialista, pero lo cool es someternos a un tratamiento de ictioterapia: sumergir pies y otras partes de la anatomía en agua con peces provenientes de Asia que nos comen las impurezas y otras enfermedades cutáneas. Del mismo modo que hacen algunos grandes mamíferos y cetáceos, dejamos que unos animalillos nos parasiten y nos limpien de impurezas.

Normalmente, en estos centros se utilizan para este fin especímentes de Garra rufa o pez doctor. Son los encargados de succionar las pieles muertas. Succionar sí, porque no muerden los restos de piel muerta, sino que la aspiran. Pero también se utilizan otras especies que sí tienen dientes y en su labor de limpieza pueden arañar la piel y provocarnos heridas.  Ver artículo completo »

Este lazo simboliza la necesidad de concienciar a la sociedad para que las niñas se vacunen contra el papiloma y eviten contraer cáncer de útero.

Uno de los principales cánceres que afectan a las mujeres es el de cuello de útero. Aunque el origen puede ser diverso, la causa fundamental es el virus del papiloma, que una vez instaurado en el cuello del útero puede evolucionar hasta transformar las células de sus paredes en células tumorales. Esto se puede y se debe controlar con revisiones ginecológicas periódicas que garanticen atajar el problema en cuanto sea detectado.

El virus del papiloma es muy hábil. Digo que es muy hábil porque en los varones no se suele apreciar ningún signo ni ningún síntoma de que podamos tenerlo. Algunas veces puede aparecer alguna verruga, pero no siempre ocurre. La carencia de signos puede dar una falsa seguridad y, sin embargo, el virus puede estar ahí y, como no se tomen medidas, desarrollarse. Una buena opción, y así quitarse la preocupación, es ir a un laboratorio de análisis clínicos y someterse a unas pruebas, generalmente una PCR, para descartar la posible infección. Ver artículo completo »

El contacto es quizás la manera más intensa de comunicarse que hemos desarrollado los humanos. El roce de las yemas de los dedos sobre la piel de un semejante, sea en forma de caricia, de apretón de manos o incluso de cachete, transmite emociones y mensajes de seguridad, de confianza, de fuerza, de protección, de solidaridad, de cariño.

La piel es una fuente continua de sensaciones, pero también puede resultar un vehículo de contagio de enfermedades. La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta que 7 de cada 100 infecciones en el mundo desarrollado y cerca de 10 en las naciones en vías de desarrollo que se transmiten en los hospitales son provocadas por una deficiente forma de lavarse las manos por parte del personal de los centros hospitalarios o por los visitantes que tocan a los pacientes.

Imaginen el grado que puede alcanzar esta manera de contagio en los llamados países de llamado Tercer Mundo. Y los datos hacen referencia tan solo a lo que ocurre en los hospitales. Ver artículo completo »

Ducharse todos los días, aplicarse una capa de desodorante y/o colonia, peinarse y adecentar el cabello de manera reiterada, afeitarse o depilarse, limpiarse la dentadura después de cada comida… la verdad es que nos ha tocado la lotería como animales. Dedicamos buena parte del día a la higiene personal y al acicalamiento. ¿Higiene o coquetería?

Digamos que una mezcla de ambos, en nuestro caso. Por una parte, existe un código social que nos impone lucir de determinada manera y, por otra, un código no escrito inconsciente que nos induce a la protección como especie. En el reino animal, no somos los únicos que destinamos parte de nuestra jornada al cuidado corporal. Sin necesidad de mirar más allá del cojín de nuestras mascotas, podremos comprobar que los gatos se lavan a diario utilizando su propia saliva o que los pájaros utilizan su pico para limpiar su plumaje. Otros, algo más comodones, como los hipopótamos o determinados tipo de peces, se dejan desparasitar por otras especies para que les mantengan limpitos (es una relacion comercial; el picabuey obtiene el alimento de los insectos que anidan en la gruesa piel del hipopótamo y este se libera de esos molestos inquilinos).

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¡Infección!

Cultivo de bacteria E.colli

Como ocurre en la vida en pareja, todo depende de la compatibilidad. Cuántas veces habremos dicho eso de que no se me va esta u otra enfermedad porque me ha cogido cariño. O más académicamente, se pregunta por qué unas bacterias pueden afectar a unos animales y a otros no o por qué hay personas más susceptibles que otras de contraer enfermedades infecciosas. Amor de célula, seguro.

La compatibilidad de dos células y, por lo tanto, la capacidad de formar una unión estable depende de su parte externa, de su membrana celular. La membrana tiene lípidos, proteínas y azúcares y la interacción se produce a través de estos últimos gracias a unas proteínas que se llaman lectinas. Si una bacteria posee una lectina en la que encajan unos azúcares que tiene una célula humana, esa bacteria podrá infectar a la célula humana. Es más, muchas veces no se necesita que la bacteria entre, simplemente con que la toxina causante de la enfermedad, que es una proteína, reconozca los azúcares, podrá entrar en la célula y causar la enfermedad. Ver artículo completo »

A Xin Cerdá y Jordi Figuerola

A menudo se discute si beber cerveza es bueno o no para la salud. No es una cuestión baladí: después del agua es, con mucho, la bebida más popular en el mundo. Consumimos el equivalente a quinientos mil millones de botellines (los populares tercios). Repartidos equitativamente entre toda la humanidad —incluyendo a los bebés recién nacidos— nos tocarían 72 botellines por año a cada uno de nosotros.

Cada vez surgen nuevas evidencias de que la Humanidad podría llevar bebiendo cerveza más de 15.000 años. Incluso pudo ser el cultivo de la cebada para su conversión en cerveza la actividad que nos llevó a asentarnos por primera vez en poblados.

Y eso que la transición de cazadores-recolectores nómadas a agricultores sedentarios fue difícil; la esperanza de vida cayó en picado. La paleoantropología demostró que los primeros labriegos estaban peor nutridos y sufrían más enfermedades que sus coetáneos cazadores. Seguramente, la cerveza les ayudó a superar sus desdichas. Ver artículo completo »

Foto de ONGAWA, Ingeniería para el Desarrollo Humano

En un lugar de África, de cuyo nombre no puedo olvidarme, coexisten burocracia, mafias, corrupción y desigualdades sociales. Algunos médicos y la mayor parte de la población siguen creyendo que el preservativo no previene el SIDA. Los escasos recursos sanitarios son parasitados por la codicia de los profesionales, que utilizan el sistema de beneficencia para su uso en la privada.

En este lugar de África, la mayor parte de las personas no ven como necesaria ni conveniente la canalización del agua potable a sus casas, no conciben como prioritario este acceso; las aguas cloacales son vertidas directamente a los arroyos donde se bañan los niños, se pesca, se llenan bidones para las casas, se lava la ropa y se bebe.

Aunque haya una tímida recogida de los residuos sólidos, estos en realidad son llevados a una montaña de basura donde personas y animales revuelven en busca de nada.  Ver artículo completo »

La hepatitis C es un gran problema de salud pública porque no existe vacuna y su prevalencia es alta, afecta a muchos millones de personas en el mundo. Es una infección casi siempre crónica que, en promedio, evoluciona a la cirrosis en un 20% de casos al cabo de 20 años. Además, causa un número importante de cánceres de hígado, y todo este proceso se ve agravado y acelerado por el alcohol o la infección por VIH.

Hace muchos años, una enfermera que había adquirido hepatitis C por culpa de la falta de medidas de prevención en una unidad de diálisis me preguntó qué precauciones debía tomar en las relaciones sexuales con su marido.

Por aquel entonces había relativamente poca experiencia en el tema, pero yo busqué la respuesta que parecía más adecuada. Esa respuesta estaba en los primeros estudios de concordancia entre parejas. Y el hecho es que los cónyuges de un caso de hepatitis C tienen en promedio un 1% de prevalencia de esta hepatitis; es decir, ¡la misma que la población general!  Ver artículo completo »