La II Guerra Mundial ha sido, sin duda, una de las más terribles que han asolado la Humanidad. Su rastro de horrores es patente y huelga hacer un relato en negativo de lo que son capaces los seres humanos. La inteligencia puesta al servicio de la muerte, de la construcción de máquinas perfectas para matar. Pero también, y quedémonos con eso, en su estela de destrucción vieron la luz algunos inventos que hoy consideramos imprescindibles (en el mal llamado mundo desarrollado) para nuestra comodidad, como el microondas.
Como suele ocurrir con muchos de los avances de la ciencia o la tecnología, ocurrió por casualidad. Por esa chispa de ingenio que surge (a las personas con talento) cuando se asocian hechos aisaldos: un dulce de chocolate en un bolsillo de un ingeniero goloso que se derritió de manera espontánea en un laboratorio bastó para el desarrollo de este horno, que ha revolucionado hábitos y modos culinarios desde la segunda mitad del siglo pasado. Ver artículo completo »










