El hielo, entre otras muchas propiedades, tiene una ventaja para los aficionados a las colecciones. Permite atrapar todo tipo de elementos y conservarlos tal cual quedaron en el momento de su congelación. Esta cualidad, entre otras cosas, ha permitido a los paleontólogos estudiar especies que quedaron congeladas miles de años atrás y a los escritores disparar la imaginación sobre seres congelados que vuelven a la vida tras su correspondiente paso por la estufa.
En términos medioambientales, además de conservar reservas de agua (oxígeno e hidrógeno), ha permitido atrapar gases, cuya expansión a la atmósfera nos hubiera llevado al apocalipsis.
En concreto, el metano, cuyo efecto invernadero es veinte veces superior al que provoca el dióxido de carbono. Pacientemente, la naturaleza ha ido guardando inmensas bolsas de este gas bajo superficies heladas. Teniendo en cuenta que dos (las que tuvieron lugar hace 55 y 211 millones de años) de las cinco grandes extinciones de especies que han sucedido en el planeta se deben a liberaciones masivas de metano, no resulta dificil atribuirle una función vital para que la vida, tal y como la conocemos, se preserve. Ver artículo completo »





