Petróleo fluyendo en el arroyo Minero, en la Patagonia. Foto de Más que Ciencia

En nuestro imaginario colectivo, las imágenes de desolación y muerte asociadas a las mareas negras producidas por derrames de petróleo crudo representan la imagen de la catástrofe ecológica por excelencia. Resulta difícil olvidar los vertidos del Exxon Valdez arrasando las costas de Alaska o los titánicos esfuerzos para remediar el vertido del Prestige. Pese al bienintencionado Nunca Mais, mientras se use el petróleo, seguirá habiendo mareas negras, como recuerda cotidianamente el vertido incontrolado de BP en el Golfo de México.

El petróleo crudo es una sustancia muy compleja, constituida por una mezcla de mas de 10.000 hidrocarburos diferentes, lo que supone una multitud de efectos sobre los ecosistemas. Ya se conocen bien los que producen sobre las comunidades de organismos más grandes (aves, peces, marisco, etc). Sin embargo, apenas se empiezan a conocer las consecuencias fatales que tienen sobre las comunidades microbianas (la maquinaria fundamental para el funcionamiento de toda la vida sobre la Tierra).

Se sabe que una gran parte de los microorganismos sucumbe a los efectos de algunos de los componentes del crudo, como los hidrocarburos poli-cíclicos aromáticos (PHAs). Y entre ellos, las microalgas (responsables de la mitad de la fotosíntesis del planeta: sosteniendo la vida marina y produciendo la mitad del oxígeno que respiramos) resultan particularmente sensibles.  Ver artículo completo »