La verdad es que no entiendo que los curtidos ciudadanos y gobiernos de Occidente se escandalicen de este modo ante la publicación de esas fotografías del New York Times donde se ve a un ciudadano español rebuscando comida en un contenedor de basura, porque si algo sabe hacer el hombre blanco es generar basura y desechos. Así que convivir con la basura —en su cruda realidad— debiera verse como algo connatural a nuestro modelo productivo.
La foto se interpreta como un símbolo de la crisis económica que atraviesan determinados países de la Vieja Europa, los del Sur, que reproducen modelos que son el pan nuestro cotidiano en otras zonas del planeta a las que apenas nos asomamos.
La economía del planeta se rige por el parámetro de lo intensivo —agricultura o ganadería intensiva, productividad en las fábricas para producir más— y este vocablo es sinómino de basura. Se crean cadenas que solo se preocupan del producto final y no del proceso en su globalidad, hecho que se traduce en contaminación, destrucción de hábitats, pérdida de biodiversidad, adificación de los océanos, calentamiento global, etc. Ver artículo completo »






