“Unos pican y otros no”, seguro que el final de esa coletilla aplicada a determinado tipo de pimientos les sonará a muchos. A bote pronto, la primera explicación que se podría dar es que se trata de variedades distintas de una misma especie, unas con picante y otras sin él, que se mezclan en los cultivos, se recolectan a la vez y se cocinan en un mismo proceso.

A partir de ahí, el azar hace el resto: que nos abrasemos el paladar al comer uno o que degustemos un sabor que no nos haga beber rápidamente o comen pan para evitar la picazón.

Pero no es así, todos son hermanos y, por lo tanto, son genéticamente iguales. No queda otro remedio que aplicar nuestros conocimientos de química y estudiarlos por dentro para destripar la verdadera razón por la cual, tratándose de una misma especie, presentan esas reacciones particulares. Ver artículo completo »