Si de verdad a algo se teme en materia capilar no es a meter la mano en el enchufe, sino a la lluvia (o humedad), que de un plumazo acaba con la primera simulación del ser humano: convertir una lisa cabellera en un mar de ondas o un redondo peinado a lo afro en un lacio corte a lo garçon. Eso, los que todavía tienen.
Esas gotas que amenazan con arruinar nuestro peinado tienen que ver con un aminoácido que hay en grandes cantidades en el pelo, llamado cisteína, que contiene azufre en forma de grupos –SH (se llaman tiol). Los grupos tiol reaccionan entre sí cuando se dan ciertas condiciones.
Así, cuando una persona se hace una permanente o un moldeado, el pelo se recoge en torno a un cilindro (rulo o bigudí) y se fija con una pinza. Se le aplica un líquido y luego calor: el resultado es la unión de las cisteínas (de los grupos tioles) creando unos enlaces llamados puentes de disulfuro. Et voilà, el cabello adopta forma ondulada. Ver artículo completo »




