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La evolución de los organismos vivos depara grandes paradojas. Sobre todo si la miramos desde nuestro punto de vista. Por una parte, nos coloca en la cúspide (o muy cerca de ella, si nos dejamos llevar por los instintos más bajos) de los animales más inteligentes que moran la Tierra, pero por otra nos ha llenado de imperfecciones (taras de fábrica) que podrían hacernos desaparecer. Pero a pesar de esas deficiencias, aquí seguimos dando la lata.

Desenredemos el trabalenguas. Somos de los pocos mamíferos (apenas otras dos especies más y algún ave) que no somos capaces de producir vitamina C o ácido ascórbico por nosotros mismos y, por lo tanto, tenemos que incorporarla a través de la ingesta de alimentos que sí la poseen. Una vitamina que resulta vital para evitar el envejecimiento prematuro, facilita la absorción de otras vitaminas y minerales, es antioxidante y previene ante enfermedades degenerativas (como el alzehimer, el cáncer o la arterioesclerosis) o cardíacas.

Es decir, que sin ella seríamos incapaces de producir colágeno, las venas y demás vasos sanguíneos se romperían, dejaría de funcionar los tejidos conectivos (los que nos mantienen con la estructura que tenemos; son los que unen músculos con huesos, por ejemplo) o se nos caerían los dientes.  Ver artículo completo »

Se acerca el veranito y a todos nos entra cierto reparo a la hora de pensar que en poco tiempo nos vamos a tener que lucir en las playas y piscinas con poquita ropa. La operacion bikini se pone en marcha y las dietas imposibles, los sacrificios y el ejercicio físico están a la orden del día. Es el momento de arrepentirnos de habernos zampado esos alimentos basura, que nos hicieron las delicias en la boca pero que ahora nos amargan el presente.

Así que allá va una reflexión para esos momentos de pasar hambre o de agotador ejercicio. Comer bien no solo nos mantiene en forma física, sino que tiene otra serie de valores añadidos relevantes. No tomar mucho azúcar, por ejemplo, es fenomenal para no engordar, además si somos golosos existen bastantes edulcorantes como sustitutivos.

El azúcar, o mejor dicho, los azúcares son imprescindibles para el funcionamiento de todas las células de nuestro cuerpo y, por extensión, para que todo el cuerpo funcione correctamente. Es más, el cerebro funciona solo con glucosa, que es un azúcar.  Ver artículo completo »

La glucosa es la gasolina de nuestro cuerpo, de todo nuestro cuerpo. Y, curiosamente, el órgano que más consume es el cerebro: a mayor inteligencia, mayor gasto energético. Los humanos destinamos el 20% de la energía que necesitamos a esta parte de nuestra anatomía.

Cuando descienden los niveles necesarios para un correcto funcionamiento, el organismo comienza a sufrir transtornos que van desde sentir debilidad o temblores hasta razonar más lentamente o padecer desmayos (hipoglucemia).

Estamos ante el hidrato de carbono más simple y uno de los objetivos de la supervivencia (o lo que es lo mismo de la existencia de vida) es garantizar su abastecimiento. Los humanos obtenemos glucosa básicamente de los cereales, las legumbres, algún producto hortícola y la fruta. Ver artículo completo »

Gerty y Carl Cori, trabajando en su laboratorio

Gerty Cori tiene muchas cosas en común con el resto de científicas que estamos dando a conocer en esta publicación: una pasión irrefrenable por la ciencia, un dedicación exhaustiva a la investigación para mejorar la calidad de vida del ser humano, una capacidad de lucha sin límite contra las adversidades y un Premio Nobel. Por supuesto, también tuvo que enfrentarse al ninguneo del sector masculino académico, con la excepción de su marido, Carl, con quien siempre formó equipo y quien siempre la apoyó en el trabajo.

Nacida en Praga en 1896, de padre químico de formación y de madre amiga del genial escritor Franz Kafka, desde pequeña tuvo claro que de mayor quería ser médico. Con 24 años, ya era doctora en Medicina. Dos años más tarde, emigraba a Estados Unidos con su marido, huyendo de la miseria provocada por la Primera Guerra Mundial. No llegaron a la vez a su destino: a ella le costó conseguir el permiso de trabajo necesario para entrar en el país del que luego adoptaría la nacionalidad.  Ver artículo completo »

La vida eterna

Circulan numerosas leyendas urbanas sobre personas célebres que se encuentran hibernadas o congeladas. Estas personas, generalmente adineradas, se apuntarían a la nevera con la esperanza de poder superar enfermedades incurables cuando la ciencia haya avanzado lo suficiente. Uno de ellos —repito, es leyenda urbana— es Walt Disney.

La conservación de la vida a bajas temperaturas ha sido un aspecto de la biología que ha interesado mucho por las perspectivas que puede tener a diversos niveles, y no solo me refiero a aspectos biológicos. ¿Quién no ha visto las películas en las que los astronautas se tienen que meter en cámaras para hacer sus viajes interplanetarios más breves al pasarlos durmiendo, en un estado de letargia, durante incluso años?

En el mundo científico real no es posible congelar a un animal sin que este sufra daños irreparables durante el proceso. Sin embargo, las células que usamos en el laboratorio sí se pueden congelar a -80ºC y luego descongelar. Quedan perfectas y funcionales para experimentar. Probablemente, la congelación de las células sin que se deterioren responda a que estas son relativamente sencillas, mientras que los animales tienen estructuras más complejas, como los órganos. Los animales y sus estructuras internas pueden sufrir daños físicos debidos fundamentalmente a que el agua se congela en su interior formando agujas y cristales de hielo que rompen los tejidos y los órganos.  Ver artículo completo »

El paso del homo cazador al homo recolector y de este al homo sedentario ha provocado cambios en la dieta y modos de vida de los seres humanos. Transformaciones que han traído progreso en algunas ocasiones, pero que también son los responsables de trastornos en la salud.

En los años de existencia en el planeta, hemos sufrido pocas modificaciones en nuestro diseño; en cambio, nuestra dieta sí se ha visto sometida a innumerables variaciones (provocados por nuestra actividad o falta de ella). Uno de los problemas derivados del actual estilo de vida es la acumulación de triglicéridos en el hígado.

Es decir, más y más grasa llegando a nuestro hígado por exceso en la dieta, por beber refrescos y bebidas azucaradas, por la resistencia a la insulina que se instaura en el organismo o por un alto estrés oxidativo (radicales libres), entre otros motivos.  Ver artículo completo »

La canela es buena para prevenir la diabetes

“Todo lo que está rico es malo”. Esta afirmación, en boca casi siempre de las personas que se ponen a dieta, afortunadamente no es una profecía.

En las sociedades industrializadas tendemos a observar hábitos nutricionales que, entre otras consecuencias, suponen un nivel de azúcar en sangre elevado (hiperglicemia). Esta condición, si se repite de forma crónica, termina por alterar los procesos de control de dichos niveles, e incluso por desarrollar el síndrome de resistencia a la insulina o diabetes tipo 2.

Entre las medidas de prevención, e incluso tratamiento, se acostumbra enseñar a la gente a controlar sus niveles de azúcar a través de los hábitos alimenticios. Normalmente, en relación con la salud, imaginamos y/o entendemos dichos consejos nutricionales como castigos o imposiciones desagradables que entristecerán nuestra alimentación. Pero hay excepciones que rompen la regla y en este sentido la ciencia demuestra que no es siempre necesario privarnos de algunos alimentos o condimentos que nos gustan. Así, por ejemplo, resulta muy beneficioso incluir y utilizar frecuentemente la canela entre nuestros condimentos culinarios.  Ver artículo completo »

Foca y pingüino

La más insólita y sobrecogedora historia de aventureros polares fue protagonizada sin lugar a dudas por el mítico Shackelton y sus hombres en plena Gran Guerra. Lo que en principio iba a ser un intento de cruzar la Antártida a pie pronto se vio frustrado por un súbito empeoramiento de las condiciones climáticas que dejó a todos ellos atrapados en el hielo, barco incluido. Con interminables crujidos, el Endurance sucumbió a la fuerza del mar helado que oprimía sus costillares y los duros navegantes emprendieron una de las odiseas más increíbles de todos los tiempos.

Quizá porque en el proceso de selección de los hombres para la expedición, Shackelton les realizó una importante pregunta, cuya respuesta negativa significaba la no inclusión, o quizá por el excelente equipamiento para la época, incluyendo unas buenas reservas de alimento, el hecho es que al final, en la Isla Elefante, con una paciencia infinita, resistieron meses y meses hasta que el propio Shackelton acudió en su rescate.

El alimento embarcado se fue consumiendo paulatinamente y, al final, su única y monótona dieta consistía en filete de foca para el almuerzo y estofado de pingüino para la cena. Las provisiones de galleta y harina de tapioca pronto se extinguieron.  Ver artículo completo »