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elegir pareja

Que cuando se sale a ligar eligen ellas es algo que a estas alturas de la película no ofrece discusión. Lo que sí forma parte del debate —en la comunidad científica por lo menos— es si la elección de pareja depende de aspectos genéticos; vamos, si lo llevamos escrito antes de nacer o si se trata de un factor epigenético: todos los factores no genéticos que intervienen en el desarrollo de un organismo; es decir, que es fruto de las interacciones de nuestros genes y el ambiente por lo que surge el asunto en cuestión.

Y la cuestión no es baladí, porque lo estrictamente genético es heredable, mientras que lo demás no necesariamente. De hecho, este tipo de debates resultan útiles porque echa por tierra ideas o corrientes de pensamiento cerrados. Los defensores a ultranza de la genética se muestran reacios a admitir que a lo largo de nuestra vida —como organismos— se producen pequeñas modificaciones en su química que son capaces de alterar o regular de determinado modo los genes.

Pues parece que en cuestiones de pareja, la elección de compañer@ depende lo segundo; de factores epigenéticos. Así se ha probado en un estudio que ha utilizado como colaboradores necesarios a unos ratoncillos de campo. Para no perdernos en demasiados vericuetos químicos, lo resumiremos en que la conclusión es que estos roedores, monógamos por cierto, desarrollan un vínculo con su compañera después de varios episodios de apareamiento y que sus preferencias se decantan tras producirse cambios en la estructura de sus genes.  Ver artículo completo »

danza

Dar saltos o ponerse a bailar es una reacción común en nosotros para expresar nuestra alegría o bienestar. Obviando a los primeros y centrándonos en los segundos, luego nos encontramos con los profesionales que utilizan sus habilidades en la pista de la disco para poderse granjear con los favores de un contrario.

Bailar, una actividad al alcance de cualquiera y que va mucho más allá de acompasar rítmicamente nuestros movimientos a la ejecución de una melodía. Aunque es mejor que aquellos que nos manejamos con dos pies izquierdos nos quedemos cómodamente sentados en la butaca leyendo, por ejemplo, historias como esta. Ver artículo completo »

apocalispis masculino 

En términos genéticos o cromosómicos, la Y representa un problema… y grave. Y no nos referimos a las incógnitas de una ecuación al uso. Tan solo a las ventajas que poseen las X sobre las Y. Y ya saben, XX es igual a representante del género femenino y XY al club de los varones… menguantes y en peligro de extinción, según una reputada científica australiana.

Pero antes de andar con las presentaciones, vayamos con un poco de teoría. De entrada, poseer dos variantes del mismo cromosoma, en este caso dos veces XX, significa tener una doble oportunidad, ya que si en una fila de las X surgen genes defectuosos, se puede tirar de las segunda hilera, donde no tienen por qué estar averiados… Es decir, que cada gen de un XX cuenta con una pieza de recambio, mientras que los de los XY no tiene repuesto a mano y tienen que tirar con los defectos.

Esto significa a la postre que los defectos de fábrica de los machos se van perpetuando con el paso de las generaciones y que esto se traducen en variaciones que pueden acabar en algún tipo de mutación que convierta a los hombres en vaya a saber usted qué. Es lo que los científicos denominan diseño mudo o accidente evolutivo.  Ver artículo completo »

adan 

La ortodoxia cristiana dice que somos “imagen y semejanza de Dios”… pero como este señor (o ¿señora?) “está en todas partes” no debiéramos ser tan distintos de otras especies como nos creemos porque, de ser así, habría que buscar la intervención del Maligno en los elementos que nos diferencian del resto —a nosotros o a ellos—. Digo yo.

Así que, si obviamos la arrogancia que nos caracteriza —quizá esa parte de nuestro carácter es obra del mismísimo demonio— y evitando las comparaciones —existen cientos de cosas que nos hacen bastante más torpes y menos inteligentes que muchos animales—, así como en aras de buscar esos puntos comunes que nos asemejan al resto, por aquello de sumar y no restar —ya saben: siempre positivo nunca negativo—, habrá que tirar de la genética para encontrar ese tronco común y esas líneas que nos definen. Porque seguro que existe algo que objetivamente nos haga ser distintos.

Desde que en el año 2006 se hizo publico el genoma humano, llamó poderosamente la atención un grupo de genes denominados HAR, que responde a las siglas Human Accelerated Regions (regiones humanas aceleradas). Estas regiones, que son un total de 49, la presentan muchos vertebrados, pero las que tenemos los humanos son muy diferentes a la del resto, incluso a las de los chimpancés, que tan cerca están de nosotros en la escala evolutiva. Ver artículo completo »

diente

Hoy la cosa va de ratones. En estos tiempos de crisis económica, la solidaridad también se impone en el universo roedor y unos compañeros de laboratorio se han empeñado en echarle una mano a su colega Pérez, ese mismo, el ratoncillo nocturno que trabaja intercambiando dientes de leche por regalos a los más peques, y evitar que pierda su trabajo.

El experimento se puede resumir en una frase: “Un implante de células madre de ratón consigue hacer crecer los dientes”. Se ha logrado en el Reino Unido. El grupo investigador logró desarrollar in vitro lo que se podría denominar el germen de un diente. Un tejido hibrído que utilizó células humanas y de ratón. Ver artículo completo »

metabiologia 

Uno de los enigmas que los humanos nos empeñamos en descifrar es el origen de la vida. Representa una de las cuestiones a las que intentamos dar una respuesta desde las más variadas disciplinas. En las últimas décadas, parece que nos hemos instalado en el consenso de que vida es todo aquello que evoluciona —o tiene capacidad de evolucionar—.

Si pasamos por alto las interpretaciones teológicas —que merecerían un capítulo al margen—, parece claro que los mecanismos evolutivos que hacen evolucionar a las especies es un fenómeno que se llama mutación.  Las mutaciones son cambios en la información genética que pueden permitir a los individuos adaptarse mejor a las condiciones ambientales (mutaciones beneficiosas) o bien tener consecuencias desastrosas siendo causa de enfermedad (mutaciones deletereas). Ver artículo completo »

 sleep and estatura

Seguimos intentando derribar clichés al uso. Seguro que han escuchado eso de que cuando los niños tienen que soportar un periodo de permanencia en cama para curarse de una enfermedad, pegan el estirón y crecen. Incluso algunos lo hacen. Otros, más osados, se atreven a afirmar que el crecimiento se produce mientras dormimos y hay quien se aventura —esta argumentación la he escuchado en persona— a asegurar que ese aumento de estatura se produce porque mientras estamos en la cama no soportamos la fuerza de la gravedad que nos tira hacia abajo.

Nada más lejos de la realidad. El crecimiento de los seres humanos se controla por la acción de dos hormonas: la somatotropina y factor de cremiento 1 (IGF-1). La GH (growth hormone) estimula el crecimiento, la reproducción celular y su regeneración. Sus efectos pueden ser descritos como anabólicos y, además de esa función de aumentar la altura, incrementa la retención de calcio y la mineralización de los huesos, la masa muscular y, en general, estimula el crecimiento de todos los órganos internos, salvo el cerebro. Ver artículo completo »

envejecer 

Uno de los sueños que se acariciaron tras descifrar el genoma humano era dar con las claves de la vida eterna. A priori, algo tan sencillo como localizar los genes que hacen que las células se mueran y revertir el proceso. O por lo menos, detener este proceso y evitar el proceso degenerativo que conlleva en la mayoría de los casos el envejecimiento celular.

Eso ya se ha conseguido en ratones. La responsable es una proteína, denominada SIRT3, perteneciente al grupo de las sirtuinas. Se inoculó en células madre de sangre de ratones viejos y se consiguió que crecieran otras nuevas; es decir, se frenó el proceso degenerativo de estas células.

Las células tienen una vida útil. Cuando no presentan las condiciones óptimas para la supervivencia, se dice que sufren de estrés. El estrés oxidativo ocurre cuando se generan los tan denostados radicales libres, que resultan fatales para la estructura celular. Pues bien, sin adentrarnos en más profundaciones, las sirtuinas juegan un papel determinante para que puedan resistir a este tipo de estrés.  Ver artículo completo »

face 

Prácticamente, desde que el hombre tuvo conciencia de que no era igual a sus semejantes, que tenían rasgos comunes y otros que los diferenciaban, se lanzó a hacer un catálogo agrupando a los seres humanos por sus características físicas.

A partir de esos rasgos distintivos, históricamente se determinaron atributos en los comportamientos (la nariz con forma de gancho denota a los avaros, el cráneo grande a los idiotas, unacara ancha a los agresivos…) o para definir su raza. Esa sistematización llegó a su cumbre con Césare Lombroso, un médico italiano de mediados del siglo XIX, quien influido por las teorías de Charles Darwin se atrevió a formular que el delincuente es el eslabón perdido en la evolución de la especie.

Y en la búsqueda de ese elemento diferencial de ese ser intermedio entre el hombre y el simio elaboró su antropología criminal, El Tratado Antropológico Experimental del Hombre Delincuente, donde clasifica a los delincuentes en función de caracteres antropológicos y psicológicos. El italiano observó una serie de anomalías en los cráneos de los delicuentes que los definían como tales. Y se lanzo a glosar la tipología de ellos.  Ver artículo completo »

perfume de humano

La naturaleza nos ofrece una gama innumerable de olores que nos resultan muy atractivos o sugerentes. De hecho, en todas las culturas y civilizaciones hombres y mujeres ocultamos nuestro propio olor —y estamos hablando del bueno, no del mal olor— con una serie de afeites y perfumes. De los más fuertes a los más suaves, casi todos utilizamos algún tipo de colonia, ya sea al salir del baño o a la calle.

Un nuevo y lamentable error —y ya hace tiempo que dejamos de llevar la cuenta—. Parece que a los humanos el olor que realmente nos atrae es precisamente ese, el de humano. Eso demuestra una investigación llevada a cabo en Alemania. Y lo curioso no solo resulta que prefiramos el perfume que desprende nuestro cuerpo, sino que este puede resultar un elemento determinante a la hora de elegir pareja. Ver artículo completo »