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apocalispis masculino 

En términos genéticos o cromosómicos, la Y representa un problema… y grave. Y no nos referimos a las incógnitas de una ecuación al uso. Tan solo a las ventajas que poseen las X sobre las Y. Y ya saben, XX es igual a representante del género femenino y XY al club de los varones… menguantes y en peligro de extinción, según una reputada científica australiana.

Pero antes de andar con las presentaciones, vayamos con un poco de teoría. De entrada, poseer dos variantes del mismo cromosoma, en este caso dos veces XX, significa tener una doble oportunidad, ya que si en una fila de las X surgen genes defectuosos, se puede tirar de las segunda hilera, donde no tienen por qué estar averiados… Es decir, que cada gen de un XX cuenta con una pieza de recambio, mientras que los de los XY no tiene repuesto a mano y tienen que tirar con los defectos.

Esto significa a la postre que los defectos de fábrica de los machos se van perpetuando con el paso de las generaciones y que esto se traducen en variaciones que pueden acabar en algún tipo de mutación que convierta a los hombres en vaya a saber usted qué. Es lo que los científicos denominan diseño mudo o accidente evolutivo.  Ver artículo completo »

metabiologia 

Uno de los enigmas que los humanos nos empeñamos en descifrar es el origen de la vida. Representa una de las cuestiones a las que intentamos dar una respuesta desde las más variadas disciplinas. En las últimas décadas, parece que nos hemos instalado en el consenso de que vida es todo aquello que evoluciona —o tiene capacidad de evolucionar—.

Si pasamos por alto las interpretaciones teológicas —que merecerían un capítulo al margen—, parece claro que los mecanismos evolutivos que hacen evolucionar a las especies es un fenómeno que se llama mutación.  Las mutaciones son cambios en la información genética que pueden permitir a los individuos adaptarse mejor a las condiciones ambientales (mutaciones beneficiosas) o bien tener consecuencias desastrosas siendo causa de enfermedad (mutaciones deletereas). Ver artículo completo »

 sleep and estatura

Seguimos intentando derribar clichés al uso. Seguro que han escuchado eso de que cuando los niños tienen que soportar un periodo de permanencia en cama para curarse de una enfermedad, pegan el estirón y crecen. Incluso algunos lo hacen. Otros, más osados, se atreven a afirmar que el crecimiento se produce mientras dormimos y hay quien se aventura —esta argumentación la he escuchado en persona— a asegurar que ese aumento de estatura se produce porque mientras estamos en la cama no soportamos la fuerza de la gravedad que nos tira hacia abajo.

Nada más lejos de la realidad. El crecimiento de los seres humanos se controla por la acción de dos hormonas: la somatotropina y factor de cremiento 1 (IGF-1). La GH (growth hormone) estimula el crecimiento, la reproducción celular y su regeneración. Sus efectos pueden ser descritos como anabólicos y, además de esa función de aumentar la altura, incrementa la retención de calcio y la mineralización de los huesos, la masa muscular y, en general, estimula el crecimiento de todos los órganos internos, salvo el cerebro. Ver artículo completo »

grafico

Si nos detenemos a pensarlo, posiblemente nos entre algo de vértigo. Los animales pluricelulares formamos una complicada estructura celular y molecular formada por miles de organismos que vamos transmitiendo de generación en generación y que deben funcionar con la precisión de un reloj suizo.

Una desincronización o desajuste de la maquinaria tiene consecuencias fatales, o mejor dicho puede tenerlas. A estos defectos de fábrica nosotros los llamamos genéricamente enfermedades. Aunque no tienen necesariamente que ser malos, ya que forman parte de la propia cadena evolutiva. Pero sea como fuere, siempre acabamos anotando las consecuencias negativas.  Así que reparemos un momento en ellas.

Hace días ya subrayábamos que esa transmisión genética de una generación a la siguiente no resultaba tan perfecta, que se producían mutaciones y que el resultado de esas mutaciones en términos del funcionamiento de nuestro cerebro era la posibilidad de poner una fecha de caducidad a la inteligencia de los humanos. Es decir, una regresión evolutiva. Ver artículo completo »

tongue

De chicos, y no tan chicos, nos sorprende la cantidad de cosas que podemos hacer con el cuerpo —y no me lean por donde no deben, que esto hoy no va de acrobacias ni de sexo—. Sobre todo en lo concerniente a sonidos. No me digan que no han probado nunca a imitar a ese compi que hacía sonar sus articulaciones con un simple movimiento de manos. Más o menos, todos lo acabábamos consiguiendo, aunque el ruido de nuestros nudillos no alcanzara la proporción de los que sacaba’el líder.

El truco —sí, aciertan— tiene su explicación científica. Las articulaciones están bañadas por un líquido llamado sinovial que tiene como misión lubricarlas para evitar el rozamiento y desgaste entre los huesos cuando éstos se mueven. De hecho, su ausencia o su presencia en mayor cantidad de la precisa acaba provocando lesiones. Pues bien, en este líquido —como en la mayoría— hay disuelta cierta cantidad de gas.

Al estirar las articulaciones, estamos separando los huesos de la articulación y al aumentar este espacio lo que ocurre es que la presión del líquido disminuye y esos gases disueltos, de golpe, forman burbujas. La formación de estas burbujas producen el ruido que oímos.

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Lo prometido es deuda. Lo dije en mi último post y hoy sí que voy a cumplir. Me refiero a que, después de hablar del cambio de color de la piel que hacen algunos animales con diversos fines, me gustaría comentar algunas cosas del color de la piel, de los ojos y del pelo.

Metámonos en harina. De sobra es conocido que el tono más claro o más oscuro en la piel se debe a los melanocitos, las células de la piel que portan el pigmento llamado melanina  (ese mismo es responsable de ponernos morenos). Y a más melanina, mayor tez morena o bronceada. Pero la cosa se complica. Al menos un gen es el causante de que haya blancos y negros (y toda la gama intermedia de colores).

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Gatos domésticos, gatos salvajes, tigres o guepardos comparten esas tonalidades y dibujos en sus pieles tan característicos que se denominan genéricamente atrigradas. Son unos curiosos dibujos geométricos que van cambiando de tamaño según va creciendo el animal, pero que nunca aumentan en número. Sí, efectivamente, las manchas del pelaje de su mascota serán las mismas a lo largo de toda su vida.

Esta curiosidad es algo que intrigaba desde hacía muchos años a numerosos equipos de investigación, que habían llegado a la conclusión que estos patrones se debían a la activación de los mismos genes en estas diferentes especies. Pero han tenido que esperar a que la genética avanzara para corroborar que su intuición era cierta. Ver artículo completo »

“Estos tomates no saben como los de antes”. Seguro que esta frase, aplicada a cualquier otro producto alimenticio, le resulta común. Un inicio de conversación, además, al que suele suceder otro tipo de comentario achacando al uso de pesticidas, los piensos compuestos en el caso de los productos animales y, más recientemente, a la modificación genética o uso de transgénicos esa falta de sabor.

Y siempre hay alguien que sentencia para rematar que en aras de aumentar la productividad o el márketing —que luzcan más bonitos en el supermercado— se han sacrificado los sabores de los productos.

En algunos casos razón no les falta, pero también se olvidan otro tipo de observaciones como, por ejemplo, que gracias a la producción de pollos en cadena los humanos accedieron al consumo de proteínas baratas, tan necesarias para nuestro organismo, aunque para ello se haya sacrificado el sabor del pollo. A lo largo de siglos la única fuente de proteínas, por no decir grasas, de los humanos procedían del consumo de carne de cerdo. Lo de la ternera, el cordero o el pollo estaba reservado solo para los bolsillos más pudientes.  Ver artículo completo »

Un ligero repaso de la historia revela que los prejuicios —sin base real alguna— han condicionado funestamente el destino de la humanidad. Una absurda ofuscación religiosa mandó a la muerte, la tortura y el ostracismo a las mejores mentes de su tiempo, a manos de una Inquisición que defendía una Tierra plana en el centro del Universo. Los prejuicios sobre las razas llevaron al Holocausto de los nazis o la cruel limpieza étnica en la Europa contemporánea…

La ciencia es la herramienta más poderosa de que disponemos para conseguir el conocimiento. Pero la clave de la ciencia consiste en hacer experimentos rigurosos que permitan rechazar las hipótesis erróneas. Y no siempre puede hacerse esto. Ver artículo completo »

Al sueño se le atribuyen todo tipo de propiedades beneficiosas para quien lo disfruta y de enfermedades o males para quien no lo concilia, de su papel como regenerador de las células a su labor de reseteo del disco duro de nuestro cerebro y otras funciones menos comprobadas, como que contribuye a hacer belleza (porque evita que salgan arrugas). Eso sin contar con que durante su proceso experimentamos todo tipo de sensaciones, y ahí la imaginación es libre a la hora de añadir beneficios.

Se estima como promedio que los humanos, en su etapa adulta, deben cerrar los ojos y dejarse abrazar por Morfeo durante una ocho horas al día, aunque ya sabemos que existen portentos de la naturaleza (como Napoleón) a quienes les bastaba con un descanso de la mitad para sentirse en plena forma.

La genética, o mejor dicho, el estudio de los genes, una vez completado el mapa, sugieren nuevos caminos. La última investigación, publicada en la revista Sleep, de la Real Academia Estadounidense de la Medicina del Sueño, señala que el sueño largo tiene un efecto supresor de la actividad de los genes involucrados en la obesidad. Es decir, que adelgaza.  Ver artículo completo »