
Definitivamente, por mucho que se empeñe Gila en mostrarnos las habilidades de las gentes de su pueblo al utilizar la parte superior de su anatomía, parece que la evolución ha querido que los humanos utilicemos la cabeza para cualquier cosa menos para golpear con ella.
Conocemos de sobra el término “sonado”. Una triste referencia a las dificultades de habla y de comprensión que presentan algunos boxeadores, a los que su carrera les ha obligado a recibir un sinfín de golpes en el cerebro que, finalmente, les ha provocado lesiones irreparables.
Ahora bien, este tipo de lesiones es patrimonio en exclusiva de este tipo de deporte —así lo consideran las autoridades del ramo y no vamos a entrar en las dudas que nos puede provocar tal catalogación— o se puede hacer extensiva a la práctica de otros en los que también la cabeza tiene reservado un papel especial. Por ejemplo, en el deporte espectáculo por excelencia, el fútbol, los jugadores utilizan cualquier parte de su cuerpo —salvo las manos, de uso en exclusiva de los guardametas— para empujar a la pelota. De hecho, los cronistas destacan a aquel que se especializa en hacerlo con la testa. Ver artículo completo »





