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Entre las inquietantes noticias procedentes de Japón, tras el terremoto y el tsunami, prevalecen las que se refieren al accidente nuclear de Fukushima. La Humanidad asiste asombrada a lo que recuerda, aunque sea sólo en parte, a la catástrofe de Chernóbil.
En el actual accidente en cadena, al menos cinco reactores nucleares se encuentran gravemente dañados y alguno de ellos ha emitido importantes cantidades de isótopos radiactivos. Pero de todos ellos, el número 3, que utiliza plutonio, es el que más preocupa.
Para entender el problema particular del plutonio hay que remontarse a su mismo origen. No se trata de un elemento, a diferencia del uranio, obtenido tras pacientes extracciones mineras, sino que se fabrica a partir del uranio. Su primer uso fue militar, y la gran bomba de Nagasaki, mucho más mortífera que la de Hiroshima, contenía plutonio.
Para que una bomba atómica estalle se precisa de un potente detonador, la fisión del átomo solo se produce en esas circunstancias. En algunas centrales nucleares se usa plutonio por la gran facilidad que se puede someter a fisión. Con el reactor parado, como es el caso de los de Fukushima, lo que parece que va a suceder y hay quien piensa que es inevitable, es que al final violentos incendios elevarán a la atmósfera diversos isótopos radiactivos ya generados y contenidos en la vasija del combustible, y el propio plutonio, pero no se producirá la propia fisión del plutonio. La fisión es la ruptura en cadena del átomo en progenies de diversos isótopos radiactivos. Ver artículo completo »