Describir la belleza puede parecer una tarea imposible, pero la pasión por ella está en la esencia de lo que nos hace humanos. Cada vez hay más evidencias de que nuestros antepasados plantaron flore, simplemente porque eran bellas, mucho antes de que desarrollaran una agricultura práctica que les sirviese de alimento. Y basta pensar en la Grecia Clásica para entender que el culto a la belleza se sitúa en la base de la civilización. Incluso quienes dedican su vida al pensamiento más abstracto, los matemáticos, están convencidos de que solo las demostraciones más bellas son ciertas.

Podemos definir la belleza de una manera escueta, con un solo número: el número áureo, llamado Φ en honor de Fidias (que en griego antiguo se escribe Φειδίας), sin duda el mejor arquitecto y escultor de la Atenas clásica.

Si alguna vez hubo un número mágico por excelencia, ese fue Φ. Sorprendentemente se trata de un número irracional tan extraño como: Φ= (1 + 51/2 / 2), un número con infinitas cifras decimales y con un valor en principio tan inverosímil como F = 1,6180339887498… (y así hasta el infinito).  Ver artículo completo »