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Salvo que sea un vampiro, los espejos provocan una especial curiosidad en los humanos. Ya sean tratados con azogue o simplemente se trate de una superficie lisa y reluciente de metal o de cristal, las imágenes rebotadas en las condiciones adecuadas de luz resultan fascinantes. No es otra cosa que un viaje de ida y vuelta de rayos luminosos… Los que refleja nuestro cuerpo (o la imagen que queramos ver) llegan a la superficie del espejo y se reflejan. Esas señales son transmitidas al cerebro a través de los ojos. Debidamente ordenadas, este se encarga de hacer una reconstrucción de las mismas.

Ahora bien, los reflejos provocan resultados interesantes… como por ejemplo la sensación de ver los objetos al revés. Esto resulta quizás más evidente cuando intentamos leer algo escrito a través de un espejo: las letras nos aparecen ordenadas de derecha a izquierda en lugar de de izquierda a derecha, como estamos enseñados a hacerlo.
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En ciencia, aprendemos rápido que las unanimidades pueden resultar peligrosas, tanto como los dogmas. Una cosa es la necesaria convención de que algo sea de determinada manera —hasta que se demuestre lo contrario—, lo que posibilita avanzar en el conocimiento, y otro asunto muy diferente es la creencia de que estamos ante una verdad inmutable.

También la ciencia nos demuestra —tozuda ella— que los cierres de filas, marchar todos al mismo paso, pueden resultar altamente peligrosos. Más vale un rompan filas a tiempo que no una rebatiña a la desesperada. Al menos eso enseña la física. El estado sólido no es más que una ilusión. Los átomos que lo forman están muy juntos y fuertemente enganchados unos a otros formando esa superficie tan dura que soporta grandes cantidad de peso sin romperse (ya, la explicación no es muy científica, pero sí gráfica, ¿no?) Ver artículo completo »

Foto quimicaconciencia.edublogs.org

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A diferencia de otras mujeres, Lise no tuvo problemas para acceder a una formación de ciclo superior, pero en cambio, tuvo que padecer el hecho de haber nacido judía en el centro de Europa. Vienesa de nacimiento, Lise Meitner (1878-1968) tuvo la fortuna de acceder a la secundaria y después a la universidad en un momento favorable, ya que un cambio en las leyes educativas austriacas levantaron la mordaza que impedia a las mujeres cursar estudios medios y superiores.

Esta circurstancia la permitió graduarse en Física y doctorarse en esta especialidad a los 26 años. Desde el comienzo se decantó por profundizar en el mundo de la radiactividad y una vez doctora, se trasladó a Alemania a implementar su conocimiento en este campo como ayundante del profesor Planck —consiguiendo medir la longitud de onda de los rayos gamma— y como colaboradora de Otto Hahn, un químico que trabajaba para el instituto de Emil Fisher. Ahora bien, en Alemania comenzaron sus problemas, primero por ser mujer y luego por sus orígenes semitas. Ver artículo completo »

Placa en la Universidad de Erlangen. Foto de Norman Rönz

La vida y los éxitos de Albert Einstein estuvieron marcadas por las mujeres. De sobra es conocido la participación de su primera esposa, Mileva Marik, en el desarrollo matemático de sus teorías. El trabajo de otra mujer, Emmy Noether, en la teoría de las invariantes fue clave para la formulación de sus conceptos relativistas.

La historia comienza también en Alemania, en Erlangen, localidad donde vió la luz Emmy en 1882. Su padre, un conocido matemático, daba clases en su universidad. Sus estudios no estuvieron jalonados por grandes calificaciones. En cambio, destacaba por su facilidad para aplicar la lógica y para los idiomas, lo que orientó su formación hacia el conocimiento del inglés y del francés.

Aprobó el examen para dar clases de estas materias en institutos feneminos cuando tenia 18 años, pero jamás ejercició como tal; Emmy prefirió seguir los pasos de su padre y estudiar Matemáticas en la Universidad de Erlange-Nuremberg, siendo una de las dos únicas alumnas matriculadas en un censo de casi mil estudiantes. Incluso la obligaron a asistir como oyente a alguna de las clases. En cualquier caso se graduó en 1903, tras pasar un semestre en la Universidad de Gotinga.  Ver artículo completo »

Mamífero vertebrado capaz de adaptarse a la vida en cualquier ambiente terrestre. Quizás por esa capacidad de sobrevivir en los medios más hostiles, a los seres humanos les fascina probar otro tipo de experiencias. Acostumbrados a vivir entre ruidos, añoramos el silencio e imposibilitados para volar, disfrutamos emulando a las aves y otros animales voladores.

Todos los pobladores de la Tierra vivimos bajo el influjo de la ley de la gravedad, esa fuerza o atracción casi magnética que tira de nosotros hacia el suelo y que nos fija a él. Una fuerza que nos permite movernos con libertad por este planeta esférico y que marca en buena parte nuestra manera de desenvolvernos en él. Una buena razón, sin duda, para intentar desafiarla.

Una de las sensaciones más extrañas que se puede vivir, sin duda, es la introducirnos en un espacio con gravedad cero. Representa uno de los cambios más radicales en la manera de relacionarnos con el entorno. Los movimientos se ralentizan y la manera de ejecutarlos requiere nuevas técnicas. Viajar al espacio o introducirnos en una cámara sin gravedad no está al alcance de todos, pero sí zambullirnos en el mar y bucear. Bajo el mar, cambia la visión de todo lo que nos rodea.  Ver artículo completo »

El género humano siente una fascinación especial por el fuego. El día más largo del año, que marca el solsticio de verano (el de invierno sucede el mismo día en el otro hemisferio) termina alrededor de una gran hoguera donde se queman los malos augurios y se conjuran buenos presagios. El fuego purifica y según algunas líneas de investigación marcó el paso definitivo que nos convirtió en Homo sapiens.

Los solsticios son los momentos del año en los que el Sol alcanza su mayor o menor altura aparente en el cielo, y la duración del día o de la noche son las máximas del año, respectivamente. Astronómicamente, los solsticios son los momentos en los que el Sol alcanza la máxima declinación norte (+23º 27’) o sur (−23º 27’) con respecto al ecuador terrestre.

Sea como fuere, todos los fenómenos que tienen como elemento común el fuego y la luz que tienen lugar en la naturaleza nos fascinan. Uno de los que más nos han intrigado desde siempre son esas luces pálidas que pueden verse al anochecer o bien caída la noche en los lugares pantanoso o en las inmediaciones de los cementerios.  Ver artículo completo »

Todo se conjura contra el portero a la hora de detener la temida pena máxima en el fútbol. La física determina que el delantero puede impactar a la pelota con razonable precisión (colocándola donde quiera) a 28 metros por segundo. El punto de penalti está situado a solo 11 metros de la portería. Si, como dice el reglamento, el portero no puede moverse hasta que el delantero chuta la falta, entonces dispone de menos de cuatro décimas de segundo para averiguar por dónde va el balón, moverse hacia el lugar al que este llegará y pararlo.

Es fácil comprender que se le acumula el trabajo. Por cuestiones de fisiología de la visión, el cancerbero necesita observar aproximadamente los tres primeros metros de la trayectoria del balón antes de adivinar su dirección (una tarea en la que utiliza aproximadamente un décima de segundo). Su cerebro debe calcular la trayectoria (aunque el portero no sea consciente, se trata de un cálculo complejísimo) para lanzarse y aunque nuestro cerebro realiza este cálculo muy rápido, necesita algún tiempo. Ver artículo completo »

Más allá del pánico que provoca la situación de la prima de riesgo y la falta de liquidez del país, los españoles —y los europeos y, por qué no, buena parte del mundo— viven en un ay pendientes de la Eurocopa y las andanzas de la Roja. Así que para aquellos que abandonan la defensa de los eurobonos para transmutarse en seleccionadores, allá va una retahíla de argumentos para acaloradas conversaciones de bar. Y todo desde una perspectiva científica, no crean, porque además de arte, en el deporte rey también hay mucha ciencia.

Ya a principios de los 60 del siglo pasado, los ingleses decidieron estudiar científicamente el fútbol. Uno de los aspectos que se abordaron fue el penalti perfecto. Ese momento donde dos hombres, cual Gary Cooper en Duelo en OK Corral, se enfrentan al reto de alcanzar la gloria o hundirse en los infiernos. ¿Existe una manera de lanzarlo para que sea imposible pararlo? Ver artículo completo »

La vida nos pone por delante pruebas muy duras de las que no siempre salimos bien parados. ¿Quién no ha tenido que enfrentarse alguna vez a tener que llevar de una barra de bar o de la cocina una bandeja repleta de recipientes con bebidas, frías o calientes, y por más que lo hayas intentado ha acabado derramando parte del contenido? Hemos quedado mal delante de nuestros jefes, nuestros futuros suegros o simplemente como patosos delante de los amigos. Nuestra reputación ha quedado por los suelos.

El asunto es de tal calado que ha merecido una investigación por parte de un reputado ingeniero mecánico y su ayudante. Los dos científicos se toparon con numerosas dificultades al comprobar que no era un asunto de resolución sencilla. En su estudio de campo determinaron que intervenían numerosos factores. Por una parte, la edad, el estado de salud y el género del portador de la bandeja. Por otra, el grado de atención del aficionado camarero y, lógicamente, la velocidad del desplazamiento, tamaño de la taza, cantidad del líquido que porta, etc. Ver artículo completo »

El que no se haya empapado al abrir una lata de un refresco carbónico o una botella de cava porque previamente alguien o algo lo agitara que levante el dedo. Las burbujas, dicen, dan alegría, pero maldita la gracia. Es la cara b de este tipo de bebidas, que cobran vida propia. Ahora bien, hay un pequeño truco que contiene esa fuerza expansiva y desatada del gas.

Vayamos por partes. Si miramos a través del cristal (o de la lata, si fuera transparente) veremos que hay un líquido que llega hasta un derminado nivel. Por encima de él, el recipiente está lleno de un gas. Es decir, que tenemos una sustancia formada por moléculas que están muy juntas (la bebida) y otra formada por otras que son independientes y que se mueven a gran velocidad (el gas) chocando con las paredes y con la superficie del líquido que las aprisionan. ¿Seguro? Pues no, también encontraremos que parte de ese gas se encuentra disuelto en el líquido. Ver artículo completo »