Salvo que sea un vampiro, los espejos provocan una especial curiosidad en los humanos. Ya sean tratados con azogue o simplemente se trate de una superficie lisa y reluciente de metal o de cristal, las imágenes rebotadas en las condiciones adecuadas de luz resultan fascinantes. No es otra cosa que un viaje de ida y vuelta de rayos luminosos… Los que refleja nuestro cuerpo (o la imagen que queramos ver) llegan a la superficie del espejo y se reflejan. Esas señales son transmitidas al cerebro a través de los ojos. Debidamente ordenadas, este se encarga de hacer una reconstrucción de las mismas.
Ahora bien, los reflejos provocan resultados interesantes… como por ejemplo la sensación de ver los objetos al revés. Esto resulta quizás más evidente cuando intentamos leer algo escrito a través de un espejo: las letras nos aparecen ordenadas de derecha a izquierda en lugar de de izquierda a derecha, como estamos enseñados a hacerlo.
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